Caminar con ojos, boca y nariz lo más tapadas posibles es una práctica necesaria para protegerse de la contaminación.
Ni verde, ni amarillo ni rojo. No se ve. Un manto blancusco tapa la luz del semáforo y a los vendedores ambulantes que cobran $2 por un barbijo. Hay más autos que un día normal. Los peatones caminan ligero, quieren escaparse de la gigantesca nube negra para refugiarse en cualquier lugar cerrado. El subte de la línea C no funciona, los usuarios protestan con pañuelos sobre su rostro. Los fumadores no fuman y los pasivos ahora sí. Hay dolor de cabeza, gargantas irritadas, tos continúa, estornudos y picazón de ojos. La ciudad está ahumada.
El humo está impregnado en todos rincones de la vida cotidiana. Las peluquerías están vacías, disminuyó el trabajo en los lavaderos de autos y en las farmacias se agotaron los barbijos. En la calle los venden al triple de su valor. En las plazas no hay gente, nadie sale a hacer deporte. En las florerías y verdulerías no hay nadie. “No me animo a comprar algo que estuvo expuesto en la calle al humo desde hace días, no sé si a mis chicos le hará mal, prefiero no comprar nada. Me conviene ir al supermercado”, dice Fernanda Corro (39), madre de dos hijos.
Julio López (54), dueño de “Lavautos”, un lavadero de autos, en Independencia 1262, cuenta que su trabajo bajó 15% desde el sábado pasado. “Coincide con la aparición del humo, es difícil que alguien quiera lavar el auto en estas condiciones”, dice.
Pero para Lorenzo Bernabé (42), un empleado de un lavadero en Solís e Independecia el trabajó cayó aún más: “Por culpa del humo, desde el martes hay 50% menos de autos y los que vienen a lavarlo por lo general están con sus hijos y les dicen que se queden adentro del auto. Acá hay mucho humo. A mí me arden los ojos”.
En las peluquerías pasa lo mismo. “Entre ayer y hoy hay 30% menos de clientas. A la mañana estuvo vacío. Es que nadie quiere peinarse si le queda olor a humo”, dice Carlos Romero (29), encargado de Ymajine Group, una peluquería en Callao 416.
En tanto hay otros que se benefician con el humo: hay colas largas en los cines, los lavaderos de ropa tienen más trabajo que nunca y en las farmacias ya se agotan los barbijos, las gotas para los ojos y los caramelos para la garganta. “Desde hace tres días que estamos vendiendo mucho. Lo que más se venden son los barbijos, las lagrimas y los caramelos. También vienen muchas personas que tienen problemas respiratorios, como bronquitis o asma, que deben duplicar las dosis. Así que se venden muchos medicamentos”, indica Fabián Caminos (41), director técnico farmaceutico de una farmacia sobre Callao. Los barbijos están a $0,50. Pero muchas se quedan sin stock. Como la farmacia Dr. Ahorro en Entre Ríos. Mientras que en la calle, los vendedores ambulantes los venden al triple de su valor: $2. La gente saca número para hacer la fila, quieren comprarse lágrimas para los ojos. Su precio: desde los $9.
Silvana Fernández, del lavadero de ropa “Speed Wash” en Chile 1627, cuenta: “Cerramos todas las ventanas herméticamente, porque la gente viene a lavar su ropa debido tiene olor a humo y para nosotros también es difícil mantener el local sin ese olor”. CC
Algunas escuelas admiten que trabajaron contrarreloj para cumplir con el compromiso adquirido ante los padres: empezar con el programa el jueves. Opiniones de padres, docentes y alumnos.
La causa en la que once comunidades solicitan la titularidad de 700.000 ha se encuentra en estado de alegatos.
Los productores!!! primero dejan sin remedios y alimentos a un pais entero y ahora esto.. todo sea por ahorrar unos cuantos pesos y enriquecer mas sus bolsillos.. Esto es un papelón!! Hasta cuando el gobierno va a permitir q los productores pisoteen a los argentinos?? basta de q estos tipos manejen el país.. alguien los tiene q frenar!! es una verguenza!!!!