¿inválido? El acusado llegó en silla de ruedas pero, luego se supo, puede caminar lo más bien.
A 4 años de prisión -que deberá cumplir en su casa- fue condenado un anciano de 95 años que le proveyó de un cargador a su hijo para que este ejecutara con una Colt 11,25 a dos gitanos e hiriera a una niña.
"He escuchado muy poco. Las acusaciones me parecieron una mentira. Es lo único que puedo decir", afirmó José Dionisio Vela Arriaga, cuando el juez le preguntó si quería decir algo antes de la sentencia.
Previo al juicio que se celebró ayer en la Cuarta Cámara del crimen, un médico del Cuerpo Médico Forense revisó al anciano y lo encontró bien aunque un poco sordo. Si bien el hombre camina con normalidad escuchó la condena desde una silla de ruedas.
Justamente caminando se fue de la escena del crimen en 2006 y luego se tomó un colectivo y llegó hasta el geriátrico, donde luego lo detuvo la policía.
"Matalos que son gitanos"
El 14 de octubre de ese año, José y su hijo Enrique Vela irrumpieron en la carpa de una comunidad gitana que estaba en Sarmiento y Godoy Cruz de Guaymallén.
Vivían en el mismo predio. Los gitanos habían comprado el terreno y los Vela alquilaban en el fondo. Los problemas de convivencia eran tales que, ese día, los Vela se dejaron llevar por una encendida furia y enfrentaron a los gitanos a los tiros.
Según los testimonios escuchados en la Cuarta Cámara del Crimen, el hijo disparó contra una niña de 10 años a quien hirió y luego acribilló a Darío Traico, Miguel Fabio y Marcelo Videla.
"Matalos, matalos que son gitanos", dicen que dijo el anciano, mientras le alcanzaba a su hijo un cargador lleno para que siguiera disparando.
Personas que declararon durante el proceso no dudaron en marcar el papel del viejo.
La niña herida afirmó que vio como don José le daba un cargador a su hijo quien, según las pericias, realizó ese día por lo menos 13 disparos.
El joven no sólo atacó sus vecinos sino que, cuando llegó la policía al lugar, comenzó a cruzar disparos con los uniformados hasta que éstos lo ultimaron.
"Sentí gritos y disparos y una gitana que auxiliaba a una menor. Vi a un hombre con un arma y un cuerpo tirado debajo de la carpa y otro debajo de un paraíso. Había un hombre mayor que le pasaba un cargador y siguieron los disparos", dijo un albañil que el día de la masacre trabajaba por ahí.
Este hombre afirmó también que luego vio como "el hombre se fue caminando con un bolso negro de donde sacó los cargadores"
"Es una situación atípica"
Ayer, durante los alegatos, el fiscal Fernando Guzzo pidió que no se lo juzgara por "participación primaria" en los asesinatos, como se caratuló el caso, sino por "coautoría" de crimen. Por ello pidió una pena de 3 años y dos meses de prisión.
"Es una situación atípica por la edad. Ha superado la expectativa de vida de la media que tiene el país. Pero es un delito grave. Hubo reparto de funciones", dijo el fiscal, para luego ampararse en una "proporcionalidad de la pena" para bajar la pena mínima que exige el delito.
Por su parte los defensores, Martín Ríos y Alejandro Aramayo, contraatacaron con dos argumentos: negaron la existencia del cargador (nunca apareció) y por otro lado, si este elemento hubiera existido, advirtieron que el anciano se lo pasó a su hijo cuando este ya había asesinado a las víctimas.
"¿Dónde están los cargadores? No está acreditado que (Vela) le pasara el cargador. No hay certezas. Un testigo dijo que estaban quietitos (muertos) cuando le pasó algo a su hijo", afirmó Ríos, quien pidió que se lo absolviera por el beneficio de la duda.
Luego de una hora de deliberación los camaristas Horacio Báez, Jorge Coussirat y Carlos Díaz condenaron a Vela a 4 años de prisión al encontrarlo participe necesario de los homicidios de los tres gitanos.
Los menores, hermanos, habían quedado sin sus padres y encerrados en la vivienda.