Pablo Bernasconi

"La ilustración no es un adorno"

En “Retratos”, obra que acaba de editar Edhasa, el notable ilustrador ofrece una colección de imágenes inspiradas en diversos personajes del imaginario mundial. Aquí, una entrevista con el autor.

sábado, 19 de abril de 2008

-¿Cómo empezaste a pensar en “Retratos”?
-Surge a partir de una veintena de ilustraciones que me habían encargado para diferentes medios (Clarín, Rolling Stone, Nueva, The Times, etc.) en donde experimenté con la intervención de discursos conceptuales alrededor de personajes que me pedían retratar. No me considero un caricaturista ni un gran dibujante, porque mis herramientas son más retóricas que plásticas. Lo que apliqué en este libro es generalmente lo que hago en mi trabajo como ilustrador, cuidar conceptualmente el mensaje. Contando con este grupo de retratos listos, se me ocurrió que podía completar una pequeña colección de personajes que dieran forma a algo, en principio no estaba muy claro qué iba ser, si una muestra o un libro. Finalmente hicimos las dos cosas.

-¿Qué objetivo tenías al hacerlos?
-Más que un objetivo me presenté una especie de desafío, y fue el intentar demostrar que ciertos personajes exceden su condición física, sus rasgos, sus características faciales. Resulta necesario algo más para describirlos con una mirada más abarcativa, que dé cuenta de sus contextos, personalidades, entornos e historia. Digamos por ejemplo, que George Bush es mucho más que un señor de orejas grandes y ceño fruncido. Evidentemente la mirada que propongo es también muy subjetiva porque está cargada de sentido y opinión, son reflexiones gráficas.

Por otro lado quise intentar formular una hipótesis: que el contenido puede anteponerse a la forma, es decir, que en muchas ocasiones el estilo o la técnica pictórica tiene menor relevancia que la idea. La idea dicta el estilo.

-¿Por qué la elección de los personajes?
-La elección es bastante arbitraria, como se puede ver. Básicamente responde a personajes que yo considero iconos de algo, de la violencia, de la inocencia, de la genialidad, de la soberbia, del cine, de la música, etc. (cada uno interpretará cuál es cuál). Me interesó reiconizarlos desde mi mirada, y para eso intenté construirlos desde la semántica, la metáfora y el simbolismo.

-Y los textos, ¿los elegiste antes o después y por qué?
-Los textos los elegí después, teniendo en cuenta la dirección que había tomado el retrato. Me pareció importante agregar un elemento que funcione como "derecho a réplica" de cada personaje, y por otro lado cerraba conceptualmente la idea, dándole valor testimonial. Pienso que de esta manera cada uno habla de sí mismo, bajo mi capciosa edición...
 
-¿Cuáles son, dirías, tus influencias como artista y como ilustrador?
-Pienso que el artista se nutre continuamente de las más variadas fuentes, desde el cine, hasta la música. Son valores que uno aplica y que lo forman desde el placer. Pero hablando estrictamente de influencias gráficas, tengo que nombrar a Roberto Fontanarrosa (a quien incluyo en el libro), Roman Cieslewicz, John Heartfield, Brad Holland, Francis Bacon, y por supuesto, Hermenegildo Sábat. En general son toda gente que se ha preocupado por indagar la relación del arte con el mensaje, en la manera de contribuir discursivamente desde la imagen

-¿Cómo definirías el rol de la ilustración?
-Bueno, es una pregunta compleja. Puedo definir cómo me gustaría que fuese el rol de la ilustración. Creo que la ilustración tiene que intentar generar una visión de la idea, y no de un texto. Es decir, debe situarse en un plano paralelo para el que aporte contenido, y no se supedite a lo que plantee el texto. La ilustración no es un adorno, no debe tomarse como la decoración del texto sino como la interpretación gráfica de lo que se expresa en el contexto donde se va a ver. De esta manera se evitan redundancias, y se agrega contenido al lector. Todos ganamos.

-¿Y la caricatura? ¿Te considerás un caricaturista también?
-No, realmente no me considero un caricaturista. No puedo dibujar un rostro sin pensar quién es o qué hizo. No tengo demasiado interés en describir fisonómicamente a la gente. En mi libro aparecen varios personajes sin cabeza, o con un objeto reemplazándola por completo. Dentro del estilo, esto niega la caricatura y se ubica en otro espacio, que no sabría decir cómo se llama.

-¿Cómo encararías un autorretrato?
-La primera decisión sería hacerme sin rostro, no encuentro relevante que la gente sepa cómo me veo, no agrega nada. Supongo que buscaría elementos que tengan que ver con la búsqueda del detalle. En lugar de cabeza, por ejemplo, utilizaría un microscopio en donde el elemento que transporta la lente sería reemplazado por un lápiz. Y el fondo sería verde.

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