La imagen y su sonrisa, hoy eterna, son inconfundibles. Tanto o más que sus personajes. Aquel, casi olvidado “Capitán Piluso”, pasando por el “General González”, “Rucucu” o el “Mano Santa”, conforman un abanico que se abre en emocionados recuerdos.
“Cincuenta y dos años en escena”, es la propuesta itinerante que desde hoy estará abierta al público -en el Teatro Municipal Julio Quintanilla de la Plaza Independencia- y mostrará el alma del popular Alberto Olmedo. Además están en exhibición sus “trapos”, es decir aquel mis-mo vestuario con que diera color y vida a sus exitosos personajes.
También se pueden ver decenas de fotografías, muchas de ellas en blanco y negro, junto a su grupo íntimo de trasnochados amigos, varios colegas y decenas de admiradores, donde no podían faltar hermosas mujeres. Mientras, en diferentes vitrinas, se podrán observar algunas tapas de discos y de otras tantas revistas, afiches de sus películas y también algunas escenas fílmicas y de televisión.
Es como un volver a vivir del popular “Negro” que dejó su Rosario natal y el grupo de acróbatas para recalar en la Gran Ciudad en busca de ser protagonista y un día de marzo de hace 10 días años decidió llevar su risa al más allá.
Esta historia que hoy llega a la provincia, tuvo su comienzo hace dos años (2006), cuando Olmedo debería haber cumplido 50 años sobre los escenarios y frente a las cámaras.
Mariano, uno de sus hijos (docente de producción audiovisual en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora) decidió homenajearlo y nos regaló esta muestra, que se inició en el porteño Palais de Glace (donde se concretó el debut televisivo de Olmedo en el viejo Canal 7) y que ya recorrió gran parte del país.
Hoy aquí, previo a que la muestra se abra al público, su hijo habló del artista popular que era y simplemente lo calificó como “un genio”.
Las frías paredes hoy se tornarán más cálidas y se llenarán de recuerdo con los mensajes escritos de sus colegas como Roberto Fontanarrosa, que dejó su mensaje “lamentando” no haberlo conocido personalmente con su clásico “¡Que lo parió...!”.
Caloi, por su parte, rescata los momentos en que estuvieron juntos, mientras el maestro Hermenegildo Sábat también lo recuerda con su brillante pluma. El lugar se ilumina con el brillo de los premios como el Martín Fierro de 1962, por su “Capitán Piluso”, obra compartida con “Coquito” y el Aptra de 2001, en reconocimiento a su programa “No toca botón”, dentro del cual sobresalían los imperdibles diálogos entre Álvarez y Borges.
Las gigantografías, ubicadas en el microcine, muestran al popular “Negro” a bordo de un Ford 37 en las calles de Montevideo o junto a sus hijos (Javier, Marcelo, Fernando, Mariano y Sabrina) en una sobremesa de un popular restaurante porteño.
Un santuario
Sin embargo, a la serie de personajes no le podía faltar uno de sus éxitos más aplaudidos: “El Manosanta”. Las imágenes lo volverán a mostrar -en pantalla gigante- junto a la “inocencia” de la nena (Adriana Brodsky) y el enojo del padre (Javier Portales) y todos los rituales. En el mismo escenario se puede ver y admirar el traje utilizado en la película y durante la serie de TV.
Alberto Olmedo: “52 años en escena” es sinónimo del “Capitán Piluso” y del “General González”; del “mucamo Perkins” y “Rucucu” o “Chiquito Reyes”, el “Dictador de Costa Pobre” o “Rogelio Roldán”. Hoy su sonrisa y sus frases “Sa...voy”, “No toca botón”, “Éramos tan pobres” y la última “Y si no me tienen fe”, vuelven a retumbar en el Julio Quintanilla para deleite de sus admiradores.