Cristina anda por estos días muy preocupada: los medios, dice, se han puesto todos de acuerdo para filtrar las buenas noticias y encima le hacen caricaturas con mensajes mafiosos.
El desabastecimiento y las críticas al educadísimo D’Elía fueron exagerados por la prensa; la inflación es un cuento de periodistas trasnochados.
Pero, ¿qué pasaría si Cristina fuera la presidenta de Estados Unidos? Porque en la conciencia popular argentina tenemos esa extraña idea de que nosotros somos súper críticos, mientras que pueblos como el estadounidense son una especie de zombies en masa que se dejan vender cualquier “verdura”. Pero la realidad es bien distinta.
Solo basta con poner el canal Sony a medianoche y mirar “Little Bush”, el dibujito animado que causa furor en EEUU y que retrata la vida de un estudiante de secundario infradotado y malcriado que se llama George Bush y que vive con sus papis en la Casa Blanca.
George tiene un padre satánico, que fabricó a su esposa Laura al estilo Frankenstein extirpando el cerebro de George Washington, cuya tumba profanó.
Tiene una pandilla de amigos diabólicos -la peor es la pequeña Condoleezza, dispuesta a pegarles a todos-, tira bombas nucleares contra sus compañeros cuando se enoja y se hace hacer los deberes por mexicanos ilegales a los que ata en su jardín y amenaza con deportar. Incluso, uno se le muere por falta de cuidados.
Imagínese. Un dibujo animado en el que Néstor extirpara el cerebro de San Martín o en el que Cristina fuera una estudiante que se dedicara a andar con una patota encabezada por uno que amenaza con asesinar “gente bien”. Se armaría el escándalo total.
Ni hablar de episodios de “Los Simpsons”, como aquél en el que Homero se trenza a piñas con George padre, o de South Park, en el que el mismo Jesucristo defeca sobre la cabeza del presidente.
Si una caricatura -inofensiva- de un artista como Hermenegildo Sábat es un mensaje cuasimafioso, da escalofríos pensar en qué sucedería si Argentina produjera las series que se ven en EEUU.