Un grupo de amas de casa, con experiencia en administrar hogares, compartió con Los Andes las estrategias que implementan cuando faltan productos o suben de precio, como ha pasado en las últimas semanas.
La opción nutritiva ante la falta de carne es consumir más hortalizas y legumbres, pero hay que saber dónde comprar y cómo prepararlas. Mabel Nanfara (51) cuenta que una vez por semana se levanta bien temprano y va a la feria de Godoy Cruz donde consigue precios bajos en frutas y verduras. “Está cara la papa, a $ 3 (en los súper está $ 4,50, mínimo), pero hay camote a $ 1,50 el kilo; zanahoria, membrillo y berenjena por $ 1 el kilo; manzanas a $ 2”, cuenta. En todos los mercados concentradores venden productos al público sin necesidad de comprar cantidad.
Claudia (40) va a la verdulería todos los días y pregunta al comerciante: “¿Qué es lo más barato que tenés?” y con eso cocina. Una vez será calabazas al horno con arroz, otra una tortilla de acelga con ensalada.
“La vida nos enseña a no desesperarnos. Hay personas que se amargan tanto que no se les abre la mente para algo distinto”, apunta Lela (74), modista de Carrodilla. No serán recetas mágicas, pero hace una lista de posibilidades y hasta ofrece una receta para preparar garbanzos (ver aparte).
Guiso con verduras, fideos y un hueso de cerdo (“si no hay tampoco queda mal”), polenta al horno, arroz, tortilla de papa (“conozco a un verdulero de toda la vida y le compro a él”), fideos con salsa de tomate, con un caldito saborizante de carne, lentejas ($ 3,05 y $ 3,75 el kilo) en ensalada, más livianas que en guiso. También aconseja los postres de avena arrollada (desde $ 2,87) o de sémola con leche y caramelo, que comía de chica cuando en su casa se sentaban más de diez personas a la mesa.
Para remplazar al huevo (que subió de $ 4 a $ 7 la docena) en las tartas de verdura Elsa (49) incorpora salsa blanca preparada con una poco de margarina o manteca, fécula de maíz y leche.
En cuanto al aceite, Claudia aconseja sustituir el líquido por el que viene en aerosol. “Lo compré a $ 5 en Wal Mart y eso rinde muchísimo”. El litro del de girasol supera los $ 7 en la mayoría de los comercios.
Método de compra
Existen dos clases de consumidores: unos, que hacen compras mensuales o semanales y compran todo lo que pueden; otros, que han optado por adquirir cada día lo que necesitan. Ambos, ya sea para completar todo lo que necesitan o para buscar mejores precios, visitan dos o más comercios. Hacen caso al consejo de organismos de defensa del consumidor, como Prodelco: perseguir las ofertas y aprovechar las segundas marcas.
Ángel (38) cuenta que en las últimas semanas ha optado por comprar sólo los productos indispensables de uso permanente, como jabón en polvo. “Hay productos que no compro en el súper, sino que camino un poco más y compro en un mercadito”. Así descubrió diferencias asombrosas. Un kilo de pomelo (4 unidades) en Vea sale $ 6,50, cuando en la verdulería le cobran la misma fruta $ 0,80 por unidad. El kilo de bananas sale entre $ 3,50 en el supermercado y en una frutería costaba $ 2 y $ 2,50.
En cambio Elsa, que vive en una zona rural de Rodeo del Medio cuenta que “los chacareros, como los viñateros, desde que yo era chica han sido como las hormiguitas; no porque en esa época hubiera las corridas de ahora, sino por riesgo de perder el dinero. De allí que lo primero es cubrir la cuota alimentaria de harina, azúcar, aceite, queso, jabón, que compramos en un mayorista”.
En las últimas semanas muchos se han sumado a la idea de guardar mercadería. Se pueden ver los carros llenos de botellas de aceite, paquetes de azúcar y harina; luego, en las cajas, discusiones porque existe un límite permitido.
Para esa costumbre de guardar alimentos para más adelante, un buen aliado suele ser el freezer. “Ahora que es la temporada de choclos, los cocino y los desgrano. Lo mismo con arvejas, habas y acelga; las guardo precocinadas en pequeñas bolsitas. Eso nos permite no comer sólo papas, fideos o arroz y me da la practicidad de no tener que salir a comprar todos los días”, cuenta. “También se pueden guardar morrones asados y corazones de alcaucil”, agrega.
Al menos en marzo a los previsores les fue mejor. Cuando supo del paro agrario, Mariana se adelantó a comprar dos kilos de carne para milanesas y los frizó. Alimentó a su hija con carne mientras duró el desabastecimiento y para ella preparó comida aparte. No le fue igual con el yogur que se le venció antes de terminar todo lo que había comprado.