Teatro- Laboratorio de experiencias

Cuando la escritura sale al sol

Cuatro jóvenes dramaturgos locales están a punto de iniciar un proyecto alternativo para renovar las plumas al teatro actual.

domingo, 09 de marzo de 2008

Podría decirse que "Dramaturgos del reloj solar" es un colectivo de escritura, especialmente de escritura teatral. Es más: está pensado como un "laboratorio de experiencias" para manejar sustancias tan audaces como la literatura, las artes escénicas y el juego entre el cuerpo, la palabra y la hoja en blanco. Eso, a base de estímulos, técnicas no convencionales y química humana.

Los responsables son cuatro cabezas: Pablo Longo, Pablo Arabena, Gustavo Cano y Sacha Barrera Oro. Nombres que comparten intereses en la escena del teatro local y una licenciatura en Artes Dramáticas. Todos llevan un buen kilometraje en el terreno actoral y, desde que se acuerdan, vienen escribiendo.

De entrada, la intención de "Dramaturgos..." es la de generar algo nuevo, ampliar el panorama cultural y poner en acción una movida que facilite el encuentro entre escritores, actores, lectores y público, descartando todos los tics que, a veces, hacen del mundillo teatral un ambiente algo mezquino.

Porque... ¿qué posibilidades tiene aquí alguien que quiere lanzarse a la aventura de escribir teatro? De este tipo de reflexiones nace la idea: "Queremos ofrecer herramientas, poner en práctica nuestras experiencias -las de cada uno son muy distintas- y documentar lo que pase para que sirva de base a otras investigaciones", explica Arabena. Cano agrega la otra punta: "El fin, sobre todo, es motivar; la gente puede llegar a descubrir cosas de sí que antes no sabía. Si de esto sale un futuro dramaturgo, mejor, pero lo que pretende el proyecto en general es sembrar un territorio". Dejar la imaginación de cada asistente a punto creativo: quizás, en ese proceso esté lo sorprendente.

La previa

Hace dos años, el panorama era así: Pablo Arabena escribía todo tipo de ficción mientras se subía a la fantástica nave del teatro local: Argonautas; Gustavo Cano actuaba y al mismo tiempo escribía; Sacha Barrera Oro ya era conocido como autor y director de varias obras. Pablo Longo se convertía en Licenciado, renunciaba a su puesto de bibliotecario y decidía lanzarse a una gestión valiente: crear una editorial para dramaturgos (Ediciones del Carajo) y dictar un taller de escritura teatral, gratuito y al aire libre, cerca de su casa. Ésta es la base de "Dramaturgos del reloj solar": el trabajo comenzó en 2005 con un grupo heterogéneo pero firme que se autoconvocó en el Parque Central.

Como la movida fue creciendo, Pablo convocó a sus compañeros y juntos decidieron presentar el proyecto para el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2007. Ya habían decidido impulsar una publicación para dejar documento de la experiencia que daría colectivo. Sorpresivamente, su carpeta resistió y tras mucha incomunicación y menos presupuesto, el proyecto fue aprobado. "Lo único que nos queda por resolver es el tema de la publicación: es importante porque va a resultar un material de consulta para docentes, talleristas e investigadores en general".

Son conscientes de que es la primera vez que se realiza en la ciudad una experiencia así y la energía los impulsa a seguir dando ideas. Eso hacen.

El cómo

Hay un plan concreto: al estilo de los cursos de intemperie o las "universidades del pasto", el colectivo se divide profesionalmente en cuatro módulos. Un módulo dura aproximadamente un mes y se dicta una vez por semana, en el Parque Central (obviamente junto al reloj de sol) todos los sábados. Cada segmento está a cargo de una cabeza diferente; por eso, funciona con una modalidad particular de trabajo. Arabena, por ejemplo, estará a cargo del inicio: "Introducción a la dramaturgia".

Es el que va a romper el hielo con algunos recursos surrealistas y con otros secretos que trae de su capacidad como lector. Quizás, su desafío más importante sea el de "destrabar la escritura", venciendo el miedo al blanco o al prejuicio. Cuando él explica algo acerca de contenidos, claro, lo hace en plural: "Tenemos bastante experiencia en esto, a través de cursos con gente de acá y de afuera y en trabajos previos con elencos en gira". Están acostumbrados a permeabilizar todos los debates y a no establecer juicios valorativos en cuanto a los textos, del tipo ?esto es bueno, esto no'.

Se trabaja con técnicas diversas: escritura automática, puesta en abismo, humor, y con inspiraciones varias (desde autores paródicos hasta objetos cotidianos).

"La única pauta que concebimos fue la de conectar un módulo con otro; básicamente, conectarnos entre nosotros", acuerdan los cuatro. Eso es fundamental porque, si bien cada fase es autónoma y la gente puede sumarse a cualquiera, la idea es que el grupo pase por todas las instancias.

Para tener en cuenta: el colectivo está abierto a todo público: puede ir gente de teatro o no, con experiencia o no, joven o no.

Mariana Guzzante mguzzante@losandes.com.ar

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