Escasas políticas de contención para las mujeres víctimas de violencia

El círculo de maltrato en el que están envueltas las mujeres dificulta la denuncia. Y cuando exponen los casos, las falencias del sistema complican aún más su situación.

lunes, 31 de marzo de 2008

Lorena Villafañe - lvillafañe@losandes.com.ar

En las mujeres que son víctimas de violencia predominan las características depresivas y una baja autoestima, como rasgos psicológicos sobresalientes. Los signos que pueden detectarse y la sintomatología característica de una mujer que sufre la violencia de su pareja son: la pasividad, escasa asertividad, baja autoestima, inseguridad, dependencia emocional, sentimientos de temor e indefensión vinculados con la pareja, entre otros. Rasgos que, sumados a las falencias del sistema, dificultan la salida del círculo de violencia.

El creciente número de causas de violencia de género que se abre a diario en el Poder Judicial de Mendoza impulsó a un grupo de profesionales de salud mental de los Tribunales de Familia a evaluar los rasgos de personalidad y los trastornos psíquicos de las mujeres con vínculos violentos.

María de los Angeles Quiroga (médica psiquiatra forense), María Inés Foschi (médica pediatra del hospital Notti) y Analía González (psicóloga) son las autoras del trabajo "Estudio correlacional de rasgos de personalidad y trastornos psíquicos en mujeres con vínculos violentos de pareja". El estudio se hizo sobre una muestra de 32 mujeres víctimas de violencia, de entre 20 y 65 años.

Las tres profesionales pertenecen a los Tribunales de Familia. Quiroga fue una de las peritos psiquiatras en el caso Claudia Sosa, la mujer que mató a su marido policía tras años de agresiones físicas, psicológicas, amenazas y violaciones.

El peritaje (en el que también participó Jorge López Risso, del Cuerpo Médico Forense) cuestionó que Claudia no hubiera reaccionado a tiempo ante las agresiones.

En el estudio mencionado las conclusiones del equipo respecto de la personalidad de la víctima son: "En los casos en los que la violencia dirigida a la mujer es crónica es dominada por el pánico y se paraliza, no atina a defenderse de las agresiones. Por el contrario, tiene a eludir toda ocasión de enfrentamiento, se anula como persona y se consagra a la servidumbre de su compañero violento para mantenerlo tranquilo".

A su vez, destaca lo "llamativo" que resulta el hecho de que algunas parejas llegan a mantener el vínculo de violencia hasta por 25 años. "Esto puede explicarse en razón del ciclo de la violencia familiar que transita por tres etapas: de acumulación de tensión, episodio agudo de violencia o descarga de la tensión y etapa de arrepentimiento, de calma o de 'luna de miel'".
El estudio también muestra las características psicológicas de la mujer que es víctima de violencia cruzada (que también ejerce agresión). En estos casos, predomina la "impulsividad". Aunque en ambos casos "los indicadores psíquicos mayormente encontrados" fueron: impulsividad (60%), escasa asertividad (56%), inmadurez psicoafectiva (53%), inseguridad (38%), baja autoestima (35%), dependencia (35%), ánimo depresivo (25%), indefensión (22%), temor (22%).

El sistema no colabora

El estado psicológico en el que se encuentra la víctima hace que le resulte muy difícil realizar la denuncia. Y, una vez que toma la decisión, se encuentra con las trabas que ofrece el sistema para poder sostener en el tiempo esto que le llevó tanto en resolver.
"No hay un sistema de seguimiento, de monitoreo de la mujer. No hay políticas de Estado para dar respuesta a la protección de la mujer en situación de violencia. No hay presupuesto ni personal suficiente", observó Rosana Rodríguez, socióloga especialista en violencia de género.
La mayoría de las denuncias que llega al Juzgado de Familia son derivadas hacia otras instituciones. De acuerdo a la experiencia de la coordinadora general del Fuero de Familia, Mercedes Ontivero, "la mayoría de los casos que se reciben en el Juzgado son por problemas sociales pero que no les competen a estos fueros. Por lo tanto se derivan. Así como las mujeres que no quieren denunciar a su pareja, que piden que sólo se les dé una ayuda o tratamiento para que dejen de golpearlas".

La persona denunciante puede solicitar la exclusión del hogar del agresor o la prohibición de acercamiento. "Hay mujeres que no quieren pedir la exclusión o la prohibición, que no quieren denunciar al agresor. Pero en esos casos, la denuncia es personal, es privada", comentó el juez del Primer Juzgado de Familia, Germán Ferrer, quien afirmó que lo más importante es lograr que la mujer sostenga la denuncia en el tiempo.

Es en esos casos cuando las conducen al Instituto de la Mujer (antes, Ippehm), donde 40% de las derivaciones que reciben son desde los juzgados de Familia. Mientras que sólo 2% proviene de las comisarías, según datos del informe 2007.

"En el camino, la mujer se encuentra con filtros hasta llegar a la Justicia. Una vez que llega al Juzgado hay otro problema. En materia de violencia no hay una ley provincial, no hay un procedimiento que diga qué pasos hay que dar, en qué plazos. Por lo tanto depende del criterio del juez, que muchas veces lo aplica desde una mirada tutelar y no de derecho", explicó la abogada y titular del Instituto de la Mujer, Mariana Hellin.

Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados
prev

Escasas políticas de contención para las mujeres víctimas de violencia

next