No aparecen. Los cuchillos que se habrían utilizado para el crimen no se han encontrado aún.
Casi en el mismo momento en que Antonio López (78) y su mujer, Beatriz Ochoa (72)- la pareja brutalmente asesinada el jueves por la noche en un barrio semiprivado de Vistalba- eran enterrados, Javier López (39), hijo adoptivo, presunto autor intelectual de la matanza, era alojado en la cárcel de Boulogne Sur Mer.
Ayer a las 11.30 de la mañana los restos de la pareja fueron enterrados en el cementerio municipal de Luján de Cuyo. Al entierro concurrieron los parientes y los amigos del matrimonio que todavía no pueden entender la violencia utilizada para los autores materiales del hecho, dos jóvenes a los que Javier les habría ofrecido dinero para luego heredar los bienes de los López.
El caso que fue investigado y resuelto en 12 horas por el fiscal de Delitos Complejos Luis Correa Llano, sólo tiene un cabo suelto: los cuchillos utilizados en el doble homicidio todavía no aparecen.
Ayer Los Andes habló con algunos familiares, quienes indicaron que Javier fue adoptado a los 6 años y que sólo realizó estudios primarios. No le gustaba trabajar y tenía una relación amorosa con un mujer de Luján que tiene tres niños, uno de ellos de meses, pero que no sería hijo de Javier.
Explicaron que el matrimonio recibían pobres jubilaciones pero tenían un predio de 2.000 metros que abarcaba la casa, un galpón, un local comercial y dos cabañas. Además, en Uspallata tenían una casa y un departamento.
Por otra parte tendrían algunos ahorros y unos 50.000 pesos de la venta de una camioneta Hilux que vendieron el día anterior al asesinato.
Justamente estos bienes serían los móviles del brutal crimen. El hijo adoptivo de la pareja les habría ofrecido dinero a los asesinos -una versión dice que 1.200 pesos a cada uno; otra que al heredar les iba a dar una suma importante- para hacer el trabajo.
"Es increíble, mientras los tipos mataban a la pareja, el hijo estaba hablando con una vecina en la calle", afirmó un familiar, quien indicó que en ese momento Javier estaba vestido de negro y después del asesinato vestía de blanco.
Luego explicó que Javier los habría llevado hasta su casa a los asesinos y luego se los habría sacado: en el auto había manchas de sangre en el apoyabrazos del acompañante y en dos palos de esos que usan los camioneros, que se encontraron en el baúl.