La mejora de la inteligencia

El autor nos da un informe de situación acerca de las más actuales investigaciones sobre las potencialidades de la inteligencia.

lunes, 17 de marzo de 2008

Por Miguel Ángel Gutiérrez - El autor es graduado en Ciencias Políticas y Sociales, Doctor en Historia e Investigador de Futuros del Millennium Project.

Las empresas de la era industrial deben mucho a los ejércitos; internacionalmente, por la colusión de intereses que degeneró en el imperialismo y consolidó el capitalismo; internamente, porque adoptaron principios de organización y gestión: estructura jerárquica, diferenciación entre línea y staff, espacio control, etc de la organización militar.

La Sociedad del Conocimiento, sobre una infraestructura científica y tecnológica, articuló nuevas relaciones de producción, sociales, políticas, siendo una verdadera revolución en el campo de las tecnologías sociales como la gestión y la comunicación. Ello provocó la obsolescencia de muchos de aquellos principios en la empresa. El cambio de la naturaleza del trabajo, nuevas modalidades de tele-trabajo y trabajo en red, surgimiento de comunidades epistémicas, lo prueban.

Pero también y principalmente cambió el conocimiento requerido para la toma de decisiones en situaciones complejas. No obstante, si visualizamos el entramado de la investigación científica con el desarrollo global y lo hacemos con proyección de futuro, la relación educación-economía seguirá alimentando el desarrollo del capitalismo global en detrimento del crecimiento nacional, si no prestamos atención al desarrollo de la inteligencia colectiva.

La complejidad no es consecuencia de la modernidad sino el resultado de un conjunto de muy extendidos procesos evolutivos: biológicos, físicos, cognitivos, científicos, sociales que parecieran definir una progresión -lo que no supone necesariamente progreso- desde componentes iniciales básicos o elementales, a sistemas, cada vez más, mayores, diversos, complejos. La evolución transforma tanto el individuo como a las especies, al conocimiento, a la ciencia y la propia sociedad; modifica también la naturaleza y cantidad de las relaciones humanas, entre sí y con su entorno.

La complejidad nos plantea la necesidad de dar respuestas simultáneas a múltiples incentivos; para el caso de la empresa, atender las exigencias propias de su organización, el uso de la tecnología adecuada, responder a los requerimientos del usuario, conciliar intereses corporativos, comunitarios, culturales, deviene en una de las causas más frecuentes de situaciones de estrés que todos experimentamos con mayor frecuencia e intensidad prácticamente en estos tiempos.

¿Estamos preparados para ello? ¿Es nuestra educación suficiente para comprender adecuadamente las características esenciales del mundo actual, percibir su evolución, establecer el ritmo de los cambios?

Destaca Mario Bunge varias propiedades y funciones peculiares del cerebro: una es el inusual nivel de actividad espontánea (independiente de los estímulos) de las neuronas, lo que hace posible que puede haber un “out put” sin “in put”, inconcebible en una computadora; otra es la diferenciación funcional y relativa independencia de algunos subsistemas del cerebro, lo que explica la capacidad de procesamiento en paralelo, de la forma, el color, la textura, y el movimiento de un estímulo visual; finalmente, la propiedad específica denominada plasticidad, que se refiere a la capacidad de formar nuevos sistemas de neuronas, cuyas conexiones inter-neuronales pueden cambiar de un modo más permanente.

En la cambiante relación del hombre con su entorno, no cabe duda de que será el cerebro el órgano que pueda dar respuestas adecuadas a la complejidad, ya que es imposible imaginar que pudiera hacerse a través de cualquier otro órgano del cuerpo humano con funciones fijas como pulmones, riñones, corazón, etc. carentes de la plasticidad cerebral.

Aun muchos continúan en la creencia de que la inteligencia es algo dado e invariable durante todo el curso de la vida humana y sólo se podrían dar respuestas convencionales a situaciones nuevas y a cambios profundos de nuestro entorno. Afortunadamente no es así; podemos mejorar nuestra capacidad cerebral, la inteligencia, tanto como ampliar el acceso a la información, desarrollar estrategias para mitigar la sobrecarga sensorial o cognitiva que disminuye nuestra eficacia operativa, con lo que se mejoraría nuestra capacidad de gestión.
Uno de los cambios más destacables en la adquisición y producción de conocimientos es el referido a la falta de información, que caracterizó nuestra educación hasta las últimas décadas. La era de la información generó problemas inversos como la sobrecarga de información, lo que sería insoluble si nuestra capacidad intelectual no pudiera modificarse.

Sin embargo, es posible pensar -y de hecho ya muchos centros de investigación en el mundo lo están haciendo- en desarrollar la matemática, conceptos y técnicas necesarias para determinar las estructuras geométricas fundamentales subyacentes de los conjuntos masivos de datos para, a partir de ellos, desarrollar instrumentos nuevos que apliquen ese conocimiento.
También se investiga cómo desarrollar estrategias de adaptación para reducir los cuellos de botella en el procesamiento de información, que constituyen barreras para un mejor rendimiento cognitivo, analizando la posibilidad de producir interrupciones inteligentes en la atención, que permitan una recuperación rápida de nuestra limitada memoria de trabajo.

Asimismo se investiga cómo profundizar la concentración en tareas de alta complejidad: mejorando el conocimiento de la situación y del contexto; incrementando el rendimiento de la información a la que se accede.

Otros proyectos de investigación avanzada emulan la estructura biológica sensorial que permite detectar una gran variedad de estímulos tales como cambios en la temperatura, en la presión o en corrientes o flujos de todo tipo.

Si consideramos las imágenes como un sistema semiótico, al igual que las palabras en los textos, o la notación musical, y aumentamos la capacidad de comunicación de imágenes en simultáneo al analista, será posible mejorar la capacidad de analizar y relacionar imágenes, seleccionando aquellas que se refieren a cuestiones de mayor relevancia, incrementando nuestra dotación de recursos de información y la precisión global de las evaluaciones.
La contrapartida de la complejidad es la incertidumbre, que alimenta errores epistémicos o aleatorios; afectando la capacidad de gestión en alto grado.

Pero también se investiga la gestión de la Incertidumbre haciendo hincapié en el desarrollo de las matemáticas y de los algoritmos para diseñar complejos sistemas no lineales a gran escala e interrelacionarlos.
 
En el campo de la química cerebral se desarrollan drogas para minimizar perjuicios de la privación de sueño, permitiendo una rápida recuperación de las funciones cerebrales, disminuyendo deficiencias cognitivas y psicomotoras. Estos fármacos mejorarán las conexiones neuronales, y otras facilitarán la formación cognitiva o neurogénesis, incrementando la capacidad de respuesta simultánea a múltiples estímulos.

Muchas de las investigaciones referidas en este artículo se relacionan con algunas de las posibilidades para la educación y el aprendizaje identificadas para 2030 por el Proyecto Millennium en su informe Estado del Futuro 2007, recientemente presentado en la Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo.

Éstas y muchas otras aplicaciones, en conjunción con el mapeo completo de la sinapsis cerebral centrada, también esperable para dicha fecha, incidirán en el desarrollo de la inteligencia individual y colectiva y potenciarán de un modo hoy inimaginable la capacidad de respuesta del cerebro humano a múltiples informaciones.

Pero la mejora de la inteligencia no se limita al ser humano: si las computadoras pueden aplicar estas nuevas capacidades cerebrales al aprendizaje automático -rama de la Inteligencia Artificial cuyo objetivo es desarrollar técnicas que permitan a las computadoras aprender- los límites del conocimiento se habrán expandido al punto en que se requerirá de un cambio de escala para dimensionarlos.

Quiénes comienzan hoy su educación primaria vivirán estos cambios dramáticos. ¿Podrán nuestros funcionarios, educadores, científicos y estudiantes prepararse adecuadamente para ello?

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