Una puesta mesurada y efectiva

“Nacida del río y de la tierra” apela a la claridad de la narración para encontrar allí su fuerza expresiva. La mesura, como virtud y como norte de esta puesta, le brinda al espectáculo momentos únicos pero también un toque deslucido y excesivamente controlado, en lo que respecta a la presencia de los músicos en vivo.

sábado, 15 de marzo de 2008
Una puesta mesurada y efectiva

Vista imponente. “Una de las sabias decisiones del director fue la de apelar, casi exclusivamente, al escenario y la fuente”.

Patricia Slukich pslukich@losandes.com.ar

"Contemos esta historia y hagámoslo de la manera más limpia y clara posible". Esta parece haber sido la premisa de Alejandro Conte, y su equipo, a la hora de pensar cómo cristalizar, sobre el escenario, el espectáculo de la Fiesta Central. Así lo expresa entre sus líneas el guión de Nora Meineri, que trazó los textos de manera tal que sólo sirviesen como anclaje para la comprensión de los sucesivos cuadros. Nada de pretensiones poéticas rebuscadas, ni de imágenes retóricas excesivas, que pudiesen conspirar contra la comprensión del espectador; simplemente, palabras como guías de la acción y algún que otro brevísimo pasaje en verso fueron suficientes y altamente eficaces para esbozar, desde el lenguaje verbal, esta historia de "Nacida del río y de la tierra", que se ciñe a los tópicos invariables del espectáculo vendimial (la tierra y el agua que dan origen al fruto, los huarpes propietarios del territorio, la inmigración imprescindible para la gestación de la industria, la tarea esforzada de labrar la tierra y el vino como fuerza pujante de nuestra economía actual).

El tono pedagógico que propone la estructura del espectáculo (su primera meta es "narrar", no construir un contenido social o ideológico del mensaje -aunque hay algunas breves y casi imperceptibles insinuaciones; como las cadenas que se rompen, en las muñecas de los bailarines, como símbolo de libertad) es el que rige los destinos de cada una de sus instancias. Y es este abordaje (toda una decisión estética) el que le permite a Conte organizar, con justeza y efectividad, esta noción de cuento arquetípico que trasunta la Fiesta. De allí que la puesta aparece como tradicional y a la vez dinámica y contemporánea, pues no existen exigencias de sentido que fuercen al lenguaje (visual y verbal) a la experimentación, en pos de construir ideas simbólicas más abstractas; como lo serían, por ejemplo, el valor de la tradición u otros temas de la misma índole que ya han sido probados en fiestas anteriores.

Con poco, mucho

Una de las sabias decisiones del director fue la de apelar, casi exclusivamente, al escenario y la fuente (exquisitamente utilizada para otorgarle un sentido bucólico y natural al cuadro de los huarpes y una sensualidad arrolladora e impactante al del tango), prescindiendo de los cerros como otros lugares de acción (excepto al momento de presentar a Los Navarro, cantando entre las viñas). Esto permitió concentrar la fuerza dramática en un campo de visual accesible al espectador, lo que la torna más clara y contundente.

Así, el arsenal expresivo del que se vale la puesta en escena es la conjunción de los elementos que la componen; que, en la concepción sobre la que trabaja el espectáculo, tienen como objetivo trazar y delinear las significaciones. Y aquí son cuatro los instrumentos preponderantes de la expresión, jugados a describir, con mesura y limpidez, cada uno de los cuadros: el vestuario (palmas para Alejandra Cabeza), con lo justo y necesario para anclar el sentido y una paleta de colores y texturas que acompaña diestramente a la proposición global; la escenografía (impecable faena de Laura Flores y Tatiana Castillo), destinada a señalar y reforzar esta intención descriptiva del espectáculo a través de las bellísimas cajas lumínicas, la utilería y los decorados (un ejemplo claro de este concepto lo aporta el Cuadro de los Inmigrantes y su aire de puerto y partida) y el video (eficaz herramienta narrativa tanto para abordar la postal de la Virgen de la Carrodilla, el Homenaje a Tito Francia e, incluso, el backstage final con los ensayos de los artistas); las coreografías (dirigidas por Marcela Nadal y Paola Ormeño) que, inteligentemente, trazaron un equilibrado y dinámico manejo del espacio; y la banda sonora que merece, y le daremos, un párrafo aparte.

Los imprescindibles

Luego de esta experiencia algo queda claro: la música en vivo es, para el espectáculo de la Fiesta Central de la Vendimia, tan imprescindible como lo son los bailarines o cualquier otro elemento escénico. Es que la fuerza expresiva, la "sangre", que la presencia de los músicos le dio a la puesta en escena es tal, que si toda la banda de sonido hubiese sido grabada (como sucedió en los últimos cuarenta años), la propuesta artística se habría desmoronado. Y si algo puede achacársele como error a este director es el no haber tenido la valentía de plantar, con mayor presencia, a los músicos sobre el escenario. La prueba de tal afirmación es cómo creció la tensión dramática en los momentos en que los músicos se involucraban en la escena: tal el caso de Sandra Amaya, cantando sola con su caja, que promovió un silencio reverencial de la platea pocas veces visto en el anfiteatro; la presencia de Mercedes Sosa y su homenaje a Tito Francia y Armando Tejada Gómez, que disparó las exclamaciones del público; la milonga que cantó Enzo de Luca y sus músicos, que resaltó el tono picarón de la escena; y el fragor de las guitarras de Los Navarro, que azuzaron a la platea a las palmas.

No sólo la calidad de las composiciones de los directores de la música, Roberto Tristán y Claudio Brachetta (expertamente buscada como una conjunción de tintes tradicionales y sonidos contemporáneos), sino el calor de la interpretación de los músicos, sostuvieron en alto el clima del espectáculo; aun a pesar de encontrarse ocultos tras los andamios de hierro destinados a la iluminación. También la voz y la fuerza interpretativa de Rafael Rodríguez (con una diestrísima labor, por cierto) en el recitado de los textos, contribuyeron de manera notable a realzar la vitalidad del espectáculo.

Sólo el final (demasiado extendido, pretendiendo sostener el dramatismo sin lograrlo) de "Nacida del río y de la tierra" constituye el punto decreciente del clímax de esta Fiesta, que encontró en la mesura a la mejor de sus aliadas.

Más notas de esta sección
  • Políticamente incorrecta...

    Políticamente incorrecta...

    El pasado jueves se lanzó en Mendoza el primer número de “Mantis”, reciente invención del editor y escritor Alejandro Crimi, factótum de Diógenes, uno de los más relevantes proyectos editoriales de las últimas décadas en Mendoza. La nueva publicación busca ser un puente entre distintas culturas y se editará y distribuirá aquí, en Buenos Aires, en Chile y en Barcelona. Presentamos una entrevista a su editor y algunas muestras (gratis) del contenido.

  • Cómo reflejaron los periódicos del país el terremoto de 1861

    El autor de la nota investiga la cobertura periodística que mereció el terrible terremoto que destruyó Mendoza, ocurrido un 20 de marzo hace 147 años. Y recupera una sentida glosa de Evaristo Carriego (padre) en Rosario y la acción filantrópica de Sarmiento.

Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados
prev

Una puesta mesurada y efectiva

Vista imponente. “Una de las sabias decisiones del director fue la de apelar, casi exclusivamente, al escenario y la fuente”.

Una puesta mesurada y efectiva

El momento de la coronación de la nueva Reina Nacional.

next