Recorre el mundo en bici y acampa en San Martín

Es uruguayo y en 10 años viajó 20 mil kilómetros. Subsiste vendiendo artesanías y vive en una carpa que lleva a cuestas.

jueves, 13 de marzo de 2008
Recorre el mundo en bici y acampa en San Martín

En las noches Gabriel Bonilla arma su carpa en el parque Agnesi.

Javier Hernández - jhernandez@losandes.com.ar

Mucha curiosidad ha despertado en San Martín la historia de Gabriel Bonilla (40), un uruguayo de la zona de Maldonado, que hace diez años decidió salir a recorrer América Latina en bicicleta y que por estos días está parando en el Este. "Quise cambiar de vida. Calculo que he recorrido unos 20.000 kilómetros, de cinco países distintos", dice muy tranquilo, como quien habla de ir a comprar el pan al almacén. Por estos días Bonilla está en San Martín. En las noches arma una carpa en el parque Agnesi y durante el día se instala en plaza Yrigoyen a vender artesanías.

"Soy un aventurero que necesita el contacto con la naturaleza", dice este hombre de contextura fibrosa que, en su pueblo natal, era pintor, pero que en los caminos se hizo artesano. "Vivo con muy poco y hago artesanías de dos o tres pesos, cosas sencillas que me sirven para ir tirando". En 1997 Gabriel armó su primer viaje de la nada. Cuenta que fue una decisión repentina, tomada tras una pelea con su novia. "Tenía 30 años y mis viejos pensaron que había enloquecido: no practicaba deportes y tenía una bicicleta común y corriente. Todos creían que a los dos días iba a estar de vuelta, pero demoré catorce meses en volver e hice 5.400 kilómetros". En esa primera experiencia fue del Atlántico al Pacífico, cruzó el desierto de Atacama (Chile) y llegó hasta el Machu Picchu (Perú): "El lugar más bello de todos los que he conocido", asegura. Desde entonces lleva ocho inviernos y tres veranos viajando en bicicleta. Dice que para la época de las fiestas de Fin de Año vuelve un tiempo a casa de sus padres.

Gabriel llama la atención allí por donde pasa. Carga más de 90 kilos de equipaje en su bicicleta que lleva a todos lados. "No puedo dejar la carpa armada e irme porque no me quedo tranquilo". Hace promedios de 50 kilómetros cada vez que sale a la ruta y dice que hay cosas que no le faltan en ningún viaje: algo para cocinar, un mapa, un calentador, el mate, la radio y la cámara de fotos: "Tengo quince kilos de fotos sacadas en el desierto, la selva, la montaña y el mar". En sus diez años de viajes, Gabriel ha padecido lluvias, nevadas, granizadas, huracanes, inundaciones y sequías. "El lugar más bravo es la Patagonia argentina. En mayo del año pasado salí de Río Gallegos y me agarró una tormenta polar que me obligó a estar tres días en la carpa, a un costado de la ruta. Había temperaturas de más de 20 grados bajo cero y una mañana cayó Defensa Civil para saber si seguía vivo".

Dice que una cubierta le dura 500 kilómetros, que con una tarjeta de crédito cualquiera es aventurero, que tiene otra bicicleta en Uruguay con techo y equipo de música, que nunca lo asaltaron y que una ventaja de los viajes es la gente que se conoce. Asegura que prefiere los pueblos a las ciudades, que se queda en cada lugar hasta que afloja la venta de artesanías y que esquiva entrar en las grandes capitales porque "la gente vive muy loca".

Este último viaje arrancó en Buenos Aires y termina en Mendoza. Espera volver pronto al Uruguay; en mayo partirá hacia el norte del Brasil.

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