


Las ilusiones se renovaron una noche. Es que Godoy Cruz cambió la pálida imagen exhibida en Córdoba ante Belgrano y se tomó venganza con otro equipo de la Docta.
El flamante 3-4-1-2 (3-4-3 según el entrenador del Tomba) que el entrenador había ensayado sólo en los amistosos de pretemporada tuvo un estreno aceitadísimo.
Desde el vamos, el Tomba salió con una manifiesta vocación ofensiva y el 1 a 0 con el que se fueron al descanso terminó siendo demasiado mezquino.
El primer período fue tranquilo para Godoy Cruz porque Instituto (excepto Carranza) dio todas las facilidades para que eso sucediera. Entonces, no sólo Ramírez hacía daño desde la creación, sino que Salomón y Rojas tenían todas las libertades para lastimar por los costados y la defensa de Instituto hizo agua como los abandonados techos de la platea cubierta del Malvinas Argentinas (ver página 3).
Daniel Garipe era un verdadero dueño y patrón del mediocampo y en el ataque Ovelar y Caruso eran un derroche de movilidad, dinámica y velocidad. Así, el equipo de Oldrá tuvo ocho situaciones clarísimas de gol.
El 1 a 0, a través del zapatazo imparable de Garipe, le quedó corto a Godoy Cruz un que debió irse al vestuario con una diferencia mucho mayor.
Parecía que Instituto había salido con otro predisposición para el complemento, pero nada de eso sucedió. Es que entre Ramírez y Caruso se encargaron de armar una jugada memorable como lo fue la definición de Caruso. 2-0 y asunto liquidado.
Y ahí nomás llegó el tercero.
El Cato Salomón entró como pancho por su casa para recibir de Ramírez y definir muy bien.
Tres a cero. Resultado lógico para marcar las diferencias que existieron entre Godoy Cruz y este pobre Instituto durante el desarrollo de los noventa minutos. El Tomba lo ganó caminando, no necesitó esforzarse demasiado para golear y gustar. Si hasta terminó haciéndole precio a esta Gloria. Quedó segundo y va por los tucumanos.