Dijeron ser policías pero eran ladrones: se llevaron 60 mil pesos y una 4x4

Fue a metros del domicilio de Cobos. Los ladrones engañaron a la dueña de casa por el portero eléctrico. Y llevaban un aerosol y un paño con los que limpiaban sus huellas dactilares. El propietario fue hospitalizado.

miércoles, 27 de febrero de 2008
Notas relacionadas

Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

La escena se desarrolló inicialmente desde un portero eléctrico: “Hola, somos policías, venimos de la seccional Sexta por el tema del robo de la semana pasada”, dijo uno de los cinco sujetos que estaban parados en la vereda de Joaquín V. González y Paso de los Andes. El que hablaba, en efecto, vestía de policía. Y, también en efecto, en esa casa habían robado días antes.

Como la vivienda que iban a “investigar” queda al final de un pasillo, la dueña de casa se asomó y vio, efectivamente, al sujeto vestido como un efectivo. Presionó el botón para que la puerta que da a la calle se abriera. Lo mal que hizo.

“Ni bien entraron a la casa sacaron todos sus armas y comenzaron a los gritos y a insultarnos. En ese momento estaba yo, mi marido y dos de nuestras hijas de 23 y 20 años”, contaba ayer la señora de Dutto, esposa de José Federico, dueño de la casa y de profesión financista.

El suceso ocurrió el viernes pasado a las 18, a metros de donde un custodio de la Policía Federal vigila la casa del Julio Cobos, el Vicepresidente.

Este caso tampoco fue reportado a la prensa, lo que ya es un hábito de esta gestión de gobierno.

Profesionales

La banda, compuesta por cinco sujetos de entre 25 y 35 años, demostró enseguida que no hacía un golpe al voleo y que tenía todo calculado: “A mí y a mis hijas nos llevaron al cuarto de una de las chicas; nos pusieron sobre la cama boca abajo y nos ataron las manos con precintos que ellos mismos habían llevado”, decía ayer la mujer. Para amarrarles los pies prefirieron economizar recursos, “para eso utilizaron nuestros cinturones”.

Otra muestra de lo que puede definirse como una delicadeza delictiva o como un extremo conocimiento en materia de criminalística, fue que mientras uno de los ladrones abría y cerraba cajones y placares, otro, con un paño y un aerosol, limpiaba todo vestigio de huellas dactilares.

Con las tres mujeres fuera de juego, dos de los cinco delincuentes encerraron a Federico Dutto en otra de las habitaciones y comenzaron a torturarlo para que dijera dónde estaba el dinero que, sabían, tenía guardado en la casa.

“A mi marido lo golpearon con la culata de la pistola: le hicieron dos tajos en la cabeza y hasta perdió algunos dientes, mientras lo insultaban”, seguía ayer la mujer que pidió que no se le hicieran fotografías porque el terror que vivió no se le pasa con el tiempo.

Con el rostro ensangrentado y terriblemente golpeado, Dutto indicó dónde estaba el dinero: entre dólares y pesos argentinos, la suma llegó a los 60 mil pesos en efectivo. Según su esposa, ese dinero era de la financiera de su marido.

Educados

Ayer, la dueña de casa todavía hablaba presa de los nervios. Se acusaba a sí misma de haber confiado en ese falso policía: “Fue mi culpa, fui una tonta”, repetía. “Además, yo no quiero pasar por racista, pero la banda que nos asaltó era gente más o menos bien. No se veían que fueran de una villa, más allá de las palabrotas que usaban todo el tiempo. Son personas que si uno las ve por la calle no cree que son asaltantes”, explicaba y repetía que no era el suyo un comentario clasista.

Para culminar su obra, con todos atados y aterrorizados en la casa, los delincuentes pidieron las llaves de los vehículos de la familia. El VW Golf de la familia se salvó; pero no así la camioneta Toyota Hilux -cero kilómetro, recién comprada- que fue la que usaron para huir del lugar.

“Es una camioneta de las que en Mendoza hay tres: es de color bordó; no puede desaparecer tan fácilmente”, se decía la señora de Dutto.

De todos modos, el vehículo engrosa la lista de los “no habidos” en el parte diario de la policía local.

Hacia la tarde, la mujer tuvo que ir a la seccional Quinta a contar lo sucedido. Allí la atendió un policía de verdad: “Fue tristísimo: el hombre estaba solo, no tenía cómo tomarme la denuncia y lo hizo en un papel y escribió todo a mano”.

“Al final, el policía falso estaba más equipado que el verdadero”, pensaba la víctima mientras abandonaba la seccional.

Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados