Milagros y trabajos

Esperar que de blanqueos o moratorias impositivas surjan los recursos que necesitamos como país frente a la crisis es creer en milagros o espejismos. La única plata que nos será útil es aquella que se hace trabajando.

domingo, 07 de diciembre de 2008

El gobierno Kirchner dice haber encontrado unos 154.000 millones de dólares de residentes argentinos depositados en el exterior y sobre los que se podría tener la aspiración de una repatriación parcial. Un verdadero milagro. Cualquiera sea la cifra final de la repatriación ansiada, sería un verdadero maná para la economía local.

Todos los economistas sabemos que ese valor, o cifras parecidas, permanecen oscilantemente en el exterior desde tiempos inmemoriales, cobrando en general intereses o dividendos muy inferiores a los que se podría obtener si se los invirtiese en el país en condiciones normales.

Y también desde siempre sabemos que los titulares de esos fondos, si están al margen de las normas impositivas, pueden “blanquearlos” en cualquier momento y sin penas especiales a condición de que puedan justificar su origen o estén expatriados desde hace cinco o diez años, según los casos. No hace falta ningún “perdón” para que se legalicen.

Otra cosa es traerlos al país. ¿Por qué están afuera? Por una sola y esencial razón: la extraterritorialidad. O sea, los argentinos que tienen plata en el exterior lo hacen por refugio, ya como ahorros familiares o personales, ya como parte del patrimonio que se quiere tener a salvo de los espectaculares vaivenes de la economía argentina.

Frente a esa decisión, ningún “premio” hace cambiar de postura a los tenedores, ellos quieren seguridad extraterritorial y, en general, esos montos son una parte menor de sus patrimonios, siendo mucho más grande lo que tienen invertido en el país. Es una suerte de “seguro” contra la irracionalidad argentina y crece o disminuye según el grado de confianza interna que generan nuestros gobiernos a lo largo de décadas.

No habrá milagro. Los beneficios, facilidades y premios que anuncia ahora el gobierno Kirchner no harán ni cosquillas a esos tenedores de fondos no delictivos, crecientemente inquietos, además, por el futuro de la economía local.

¿Algunos se adherirán? Tal vez los que tengan que ocultar el origen turbio de esos patrimonios, o quienes quieran escapar a la jurisdicción de la Justicia. Se trata de un “milagro” para delincuentes. No sabemos cuánto dinero le procurará al gobierno y a las cuentas externas, pero es seguro que- de aprobarse en el Congreso- disminuirá aún más el prestigio internacional del país y la aceptación en el club de las naciones serias que están llamadas a rediseñar el sistema financiero mundial, el mentado Grupo de los 20.

Entre tanto, el ministro De Vido anuncia sucesivos ajustes en las tarifas energéticas que vienen atrasadas desde hace años. Y lo hace con el infaltable discurso de la distribución equitativa del esfuerzo de ajuste, como si tal pasión igualadora se hubiese despertado de golpe para lo energético.
Estos ajustes no producirán un milagro, no habrá nada súbito, sino una lenta mejoría de las cuentas públicas de subsidios, con el paso seguro pero moderado de un verdadero trabajo.

Pagarán más los más pudientes y de a poco, mes a mes, irá bajando la inflamación de los subsidios que, en su conjunto, le cuestan al erario nacional más de 10.000 millones de dólares por año. En el mejor de los casos, este “trabajo” será menos rendidor que la cifra reluciente del presunto “milagro” repatriador.

En realidad, este trabajo de acomodar los precios públicos y ordenar el gasto del Gobierno Federal debió empezarse hace por lo menos tres años, como lo procuró el ministro Lavagna y lo vienen reclamando todas las voces opositoras.

Si las cosas se hubiesen hecho en esos plazos, la cifra de ahorro que se hubiese reunido en estos tres años por ese trabajo sería realmente significativa. Y en una situación de relativa abundancia de divisas y alta liquidez internacional, esos ahorros se podrían haber convertido cómodamente en veinte mil o treinta mil millones de dólares más para nuestras reservas, haciendo innecesario cualquier invento descabellado de un "milagro" para tapar los ya visibles agujeros de 2009.

El "trabajo" responsable y paciente de ordenar el gasto público habría producido resultados tangibles, que garantizarían el equilibrio financiero y hasta mejorarían la confianza cuya debilidad tanto impulsa a la expatriación de capitales: el camino inverso al elegido por el gobierno Kirchner.

Los mendocinos conocemos esta cultura del esfuerzo acumulativo y rendidor. Nuestros cultivos fundadores, la viña, el olivo, los nogales, los frutales de pepita y de carozo requieren empeño, paciencia y tiempo. Y luego dan sus frutos con variaciones relativamente pequeñas según los años. Ninguno demasiado catastrófico, ninguno de enriquecimiento súbito.

Esa también es la cultura de las sociedades triunfales. El gran pensador francés Jean Fourastié escribió su “Los Treinta Gloriosos” para retratar los años que van de 1945 a 1975 y que con un crecimiento moderado pero continuo permitieron a Francia salir de los dolores de la guerra hasta ser una de las sociedades más ricas de nuestro tiempo.

Fue la cultura del esfuerzo continuo y responsable en el largo plazo.

Esa es la política y los políticos en los que yo creo.

Por Daniel Larriqueta - Escritor - Especial para Los Andes

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