“Crepúsculo” es la adaptación de un fenómeno literario que aspira a gozar de vida eterna en la pantalla grande. Chupasangres adolescentes y no-muertos melancólicos para la saga que destronó a Harry Potter. También llega mañana.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
En octubre de 2005 Stephenie Meyer publicaba “Crepúsculo”, su primera novela. Su protagonista era Isabella Bella Swan, una chica de 17 años enamorada de Edward Cullen, aparentemente un adolescente solitario y atormentado como muchos. Pero su rebeldía resulta tener causa: Edward es un vampiro, aunque sin los típicos tics y tips.
Por lo pronto, puede hacer vida normal a plena luz del día, tampoco tiene colmillos ni la facultad de transformarse en murciélago, y le gusta estudiar medicina. Eso sí, bebe sangre. Y su primer impulso al conocer a Bella es saciar con ella una sed que se reconforta sólo con sangre animal, nunca humana.
“Crepúsculo” se convirtió, de la noche a la mañana, o del mordisco a la succión, en un auténtico fenómeno editorial, erigiéndose en la primera piedra de una nueva saga literaria seguida por miles de fans irreductibles. Por el momento hay cuatro libros, que podrán ser traducidos a cuatro películas. ¿Harry Potter? Cosa del pasado.
Amor a primera mordida
Era de esperar que más temprano que tarde algún estudio de Hollywood hincase el diente a un material tan sugerente y con un potencial financiero al rojo vivo. A Meyer la tentaron incluso antes de que “Crepúsculo” saliera a la venta. Lo que la terminó de convencer fue pensar en la posibilidad de ver en pantalla gigante una escena de su libro, bien adaptada.
Por suerte fue así: el estudio siguió las reglas del libro, según aseguró la autora. Una de las responsables de tan leal giro es la directora Catherine Hardwicke (de afinidad con los adolescentes tras “Trece”, de 2003, y “Los amos de Dogtown”, de 2005), que se propuso ser tan fiel al libro como fuera posible.
"Con Melissa Rosenberg reescribimos el guión y nos rompimos el alma para mantener el espíritu que Stephenie había capturado tan bien en su novela, ese estado permanentemente obsesivo, casi alucinado del que es capaz de enloquecer a causa del amor", dijo Hardwicke.
Al parecer, el golazo de esta nueva franquicia es la pulsión de sus enamorados juveniles por estar al lado del otro a toda costa, aunque se tengan que convertir en vampiros. Y la historia funciona a distintos niveles: "es dramática, divertida y terrorífica, todo a la vez".
Hardwicke es consciente de que los fans, incluyendo a las hiperactivas Twilight Moms (Mamás crepusculares), mujeres que hace tiempo dejaron atrás su adolescencia pero que se declaran seguidoras enfebrecidas de “Crepúsculo”, estarían atentas a cualquier pequeño cambio respecto al original. Pero eso no es un problema. Harry Potter sorteó ese obstáculo con mucha elegancia (y chupándole la media a los fans).
Entrevistas con vampiros
Para empezar con el pie derecho, Hardwicke, productores y fans acordaron encontrar a los protagonistas perfectos y lampiños. El cine, más allá de palideces vampíricas, es cinegenia.
La directora empezó buscando a Bella, y su primera candidata resultó ser la elegida, Kristen Stewart, a la que vio en “Hacia rutas salvajes” (Sean Penn, 2007). Stewart, por entonces con 17 años (como Bella), entendió al instante el vínculo, químicamente impuro, entre su personaje y Edward, que es vampiro pero viene de una familia especial y diferente al resto de los hematófagos humanoides: su compromiso con su parte humana, lo que los aleja de ser bestias sedientas de sangre.
Stewart fue el as en la manga de Hardwicke en la búsqueda de Edward. La directora empezó con una lista de un par de centenares de candidatos. Cuando la terna se redujo a cinco, Stewart se unió a la caza del vampiro leyendo su texto con los cinco en una audición final en la casa de Hardwicke.
V de virgen
Así fue como Robert Pattinson, Cedric Diggory en “Harry Potter y el Cáliz de Fuego” (Mike Newell, 2005) y en “Harry Potter y la Orden del Fénix” (David Yates, 2007), consiguió el rol más codiciado de la película. Londinense de 22 años completamente ajeno al fenómeno “Crepúsculo” incluso después de conseguir el papel, no fue su conocimiento del personaje lo que convenció a Hardwicke. Edward, en la novela, es un chico muy atractivo. Y Pattinson parece modelo.
De igual manera, interpreta a su vampiro "como si fuera casi un maníaco-depresivo, un chico capaz de odiar todo lo que él representa, él incluido", dijo Pattinson, cuyo Edward es un adolescente... ¡de 107 años! ¡Y virgen! Sus habilidades sobrehumanas, como leer mentes, quedan eclipsadas antes este casto dato. Más noticias, en las futuras partes 2, 3 y 4. Miguel Peirotti (LVI)