El inclaudicable líder de El Vuelto SA (ex Las Pelotas, ex Sumo), regresa a Mendoza. Esta noche, en Cacano, va a devolverle al rock su dosis natural de nervio.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Después de cortar, callar y despachar sin enroques el equipaje que llevaba encima (o sea: los 17 años y 9 discos que pasó con Las Pelotas), el ‘Bocha’ Sokol vuelve a colgarse el instrumento. Lo hace para enchufar otra vez en Mendoza junto a la banda que, dice él, lo ha devuelto al rock.
De modo que justo ahora, en la noche de entrefiestas, los integrantes de El Vuelto SA traen al escenario del Cacano su acervo de canciones despojadas -ése que Sokol y compañía hacen sonar en los barrios del conurbano bonaerense- para apostar la necesaria dosis de caos y pulsión a la fiebre estival.
Y sí, lo llamamos. Pero vieron cómo es Sokol: no le cuadra la impaciencia. Raro que conteste en plena previa navideña.
No nos queda otra que abrir el expediente en Sumo, espiar su devenir en Las Pelotas y volver - eso sí- por El Vuelto.
Su mística
No es novedad que Sokol fue el bajista de la primera formación de Sumo (cuando Germán Daffunchio empuñaba la guitarra y la inglesa Stephanie Nuttal punkeaba la batería).
Las crónicas roqueras refieren que Sokol y Luca se habían conocido en un barrio fundamental: el Hurlingham. Se sabe que entre el humo y las noches etílicas de un bar extinto allí se gestó Sumo; allí, también, se crió Sokol.
Acaso Luca y él no fueron dos amigos de barrio, pero quizá puede verse la muesca de lo que uno marcó sobre el otro.
Sokol dijo en una entrevista recordable que, al principio, Luca le pareció un tipo raro. Una especie de torturado que arrastraba una revolución interna. El rock, para él, era pura diversión, ritual agitador, descarga.
Sokol debutó con Sumo a principios de 1982 en un bar de El Palomar, el Caroline’s, que ya no existe. Las mutaciones políticas hicieron que se sentara en la batería cuando Nuttal volvió a Londres en medio del conflicto de Malvinas. El bajo, entonces, pasó a Diego Arnedo, otro del barrio.
Después, claro, viene la historia sabida: la muerte del líder, la división, y Sokol y Daffunchio fundando Las Pelotas. Una banda que arrastró el legado con dignidad y originalidad durante media vida.
Y luego, la ruptura, por razones que nunca nadie habló y que guardan bajo el esquive de ‘cosas personales’.
A Sokol no le importa hablar de eso, prefiere conectarse con el tema de El Vuelto y ese ‘vamos a divertirnos, a tocar’ que lo reinserta en el espíritu rockero.
¿Cómo define a su sociedad actual? Hace poco lo formuló en un medio: “Es una banda de rock cruda, abierta y espontánea. Yo pienso que ser rockero es, principalmente, hacer música. Y, paralelamente, ser una especie de expositor de lo que es la calle, los pibes”.
Es el Sokol de la gente, un perfil que sí le cuadra, porque allí, en la fisura entre los márgenes y la escena, donde no existe el arriba y el abajo del artista, le gusta pararse a él.
Desde que dejó Las Pelotas, le dio un formato más compacto a un proyecto que antes se hacía casi solo, en el relegado rincón del laburo paralelo. El Vuelto, de a poco, alcanzó protagonismo vital y se convirtió en el eje musical de su presente.
Integrado por los hermanos Gustavo y Damián Bustos, más Nicolás Angiolini, Lucas Mamani, Sebastián e Ismael Sokol, su hijo mayor, la alineación evoca un poco al pasado visceral de Sumo. Suelen tocar en Laferrere, San Justo, San Miguel, Villa Tesei... un territorio de escenarios medianos o más bien chicos, pero donde todos buscan el resurgir salvaje del género.
Lo cierto es que El Vuelto se hace cargo de un repertorio compacto: por un lado, pueden sonar viejas canciones de Sokol como “Ovejas”, “Escaleras”, “Muchos Mitos”... Eso, combinado con clásicos de Sumo, con covers de Pink Floyd, de Bowie o The Beatles y con el asome original de un tema suyo: “Cría de lobos”.
Puro oxígeno, para un músico que constantemente revive. Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar