Un llamado a la lucha contra la pobreza y un grito de indignación frente a la indiferencia de todos los poderosos del mundo frente a tan tremendo mal.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Todos los Jefes de Estado y banqueros, sobre todo del mundo desarrollado, ahora hablan de crisis y emergencia económico-financiera, que seguramente trasladarán sus costos a los países subdesarrollados. Pocos hablan de la emergencia crónica que significan en el mundo el hambre y la pobreza.
Ya antes de esta crisis, la FAO había anunciado que no se podían cumplir los objetivos de reducir la pobreza a la mitad para 2015. E incluso la realidad nos muestra que en continentes como África aumentó al igual que el hambre crónico.
Para salvar los bancos, sólo EEUU puso 700.000 millones de dólares; Inglaterra estatizó los bancos principales para salvarlos y luego volverlos a privatizar. Japón y la UE aportaron también miles de millones más.
Ahí sí el Estado salvó al mercado y los gurúes neoliberales no criticaron que el Estado interviniera, olvidándose de su famoso slogan de que “el Mercado lo puede todo”.
Lo que pasa es que en este mundo se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias. La verdad es que todo lo que plantean los organismos internacionales son promesas y fantasías que no tienen ningún interés en cumplir. Para los países desarrollados, el destino de los pueblos de América Latina y África no les importa y por lo tanto no existen.
Y los pobres, bueno los pobres, son para ellos más descartables que los celulares que se cambian cada 6 meses, o están más preocupados en alimentar los autos que a las personas.
El número de hambrientos aumentó, según la FAO, en un año de 840 millones a 959 millones.
El número de pobres sigue siendo una cifra pavorosa de casi la mitad de la población mundial y más de la mitad son niños.
Para ellos no hay salvataje. Sólo habrá muertes, abandono o cárceles, aunque muchos representantes de la farándula o empresas multinacionales donen un poco de lo que robaron para crear espejismos que no se curan con dádivas o con las migajas que caen de sus mesas.
Este mundo está lleno, desgraciadamente, de farsantes que adquieren prestigio social de las calamidades, pero que no plantean críticas al modelo sino que le lavan la cara.
Cada 4 segundos muere una persona, de hambre, en el mundo; mil trescientos millones viven con menos de un dólar diario y casi la mitad de la población con 2 dólares; a esto no se le puede llamar vivir.
Para los bancos ayuda ¡Ya! Pero erradicar el hambre, la pobreza y las calamidades sanitarias, siguen siendo materias pendientes. Mientras, a las grandes potencias les preocupa que no puedan cambiar los autos cada dos años o se seguirán atosigando de los espejitos de la sociedad de consumo. Sigue siendo para ellos más importante un nuevo modelo de celular o lavavajillas, que la vida de la gente.
Más que una crisis financiera ésta es una crisis sistémica de un modelo y su concepción tecnocrática, consumista, inhumana y perversa. Aquí podríamos recordar aquello de que: “El día que nuestros hospitales, centros de salud, centro maternos infantiles, escuelas y bibliotecas, tengan algo del brillo y la opulencia de bancos y financieras, ese día el hombre se dará cuenta de que es más importante cuidar la vida que el dinero generalmente mal habido”.
Que los alimentos no alcanzan es un mito. ¿Cuántos recursos se tiran porque no se pueden comprar? ¿Hasta cuándo los sectores pudientes seguirán despilfarrando electrodomésticos, computadoras o cambiando autos comprados el año anterior? Como contraposición, ¿cuándo dejarán de ser descartables los seres humanos que sufren hambre y pobreza?
Sólo con un nuevo modelo socio-cultural basado en principios de equidad y solidaridad, en función de la vida humana, se podrán erradicar estas calamidades sociales.
La pobreza se podrá superar en la medida que los países desarrollados dejen de mirarse el ombligo. ¿Cuánto se gasta en armamentos? ¿Quiénes los producen y los venden? ¿Quiénes se llevan las riquezas y quiénes producen guerras justificándolas bajo la mascarada de liberar pueblos y por la democracia? Son los mismos que hoy ayudan a los bancos e ignoran los dramas humanos e imponen políticas migratorias racistas.
Siento indignación frente a tantas injusticias y maldad, aunque a esa maldad la disfracen bajo principios religiosos, pues hasta las jerarquías eclesiásticas actúan con un doble discurso o apelando al amor en abstracto, pero no mencionando con nombre y apellido a tantos traficantes del dolor humano y de un sistema armado para los grandes intereses que concentran la riqueza y los recursos.
Para ir terminando, una anécdota: “Un banquero pasa en su limusina por un parque y ve a dos personas comiendo pasto y les pregunta: ¿Por qué lo hacen? -Tenemos hambre- contestan. Aparentemente condolido los invita a subir a su auto junto a los hijos de los mismos y los lleva a su mansión. Les dice: ‘El pasto mío está más crecido; aquí pueden comer mejor’. Moraleja: Nunca les creas a un banquero o a los presidentes o ministros que los representan”.
Hay veces que muchos referentes sociales reciben dinero de los poderosos para actividades asistenciales, pero a costa de un silencio cómplice con respecto a las responsabilidades y la causalidad del hambre y la pobreza. No sigamos hablando de lo emergente sino del fondo del problema, que es construir un nuevo modelo de sociedad, más ético, solidario, equitativo y humano. Por Roberto Chediack - Médico