lunes, 01 de diciembre de 2008
Es una de esas piruetas a las que Néstor Kirchner está acostumbrado desde sus tiempos de Santa Cruz. De esas, que son legales, pero que rozan lo legítimo: sacar y poner dirigentes de las bancas a su gusto. Hacer renunciar, asumir y otra vez, renunciar, con el único horizonte de ganar una elección.
Está claro que busca ser una tabla de salvación que blanquea cierto frente de tormenta que se le asoma al Gobierno. También, que esta movida no hace más que vaciar de poder la función legislativa. Una vez más. Por Daniel Juri - Especial para Los Andes