Las finales se viven así, con euforia, con angustia; mezcla de sensaciones que tuvo Juan Pablo Videla, que terminó disfrutando.
lunes, 01 de diciembre de 2008
Fue el verdadero show del Pollo en la tarde del Malvinas Argentinas. Vivió todo el partido con una intensidad digna de una final. Pasó por todos los estados: el nerviosismo del comienzo, la tranquilidad del 3-0, el sufrimiento cuando Huracán se puso cerca del empate, la alegría del final y la bronca por un golpe que recibió por parte de un hincha del Globo dentro de la cancha.
Igual, para su felicidad, la noche terminó bien y festejó con sus jugadores en el vestuario.
El DT debió ver el partido desde la platea por la suspensión que tiene de la ultima final con el CEC, pero esto no impidió para darle indicaciones a sus jugadores que poco le escuchaban por la distancia. Para solucionar esto recurrió a un teléfono celular, a través del cual se comunicaba con un ayudante que estaba en el banco y que le transmitía las órdenes a los jugadores canarios.
De tal manera vivió el Pollo la final que, en un momento, casi se cae en plena platea, debido a que tropezó con una butaca y por poco no llegó al piso.
El segundo tiempo lo tuvo más calmo, lógicamente por la comodidad del resultado. Hasta que Huracán se puso a tiro y ahí volvieron los nervios del comienzo.
Terminó pidiendo la hora, aunque luego se metió a la cancha y celebró con sus dirigidos.
Lamentablemente, este festejo se vio un poco empañado ya que fue agredido por un simpatizante lasherino, que nada debía hacer dentro del campo de juego, y que lo tuvo un poco sentido por un momento.
La impotencia de la agresión pasó y Videla se dedicó a festejar con jugadores, hinchas y también dirigentes del Canario.
Juan Pablo Videla ha cerrado un año importante en su carrera. Festejó en el Apertura, hizo un buen Clausura y se dio el lujo de darle a Murialdo su primer campeonato de Liga Mendocina y nada menos que frente a Huracán.
El año que viene tendrá un reto difícil, nada menos que el Torneo del Interior. Pero, por ahora, es tiempo de festejos. Ariel Cubells - De nuestra redacción