La “santarrosización” de la política mendocina

El caos político en Santa Rosa es un síndrome que nos habla de los riesgos de la anarquía política, que si no se cura, puede avanzar por toda Mendoza.

martes, 04 de noviembre de 2008

Por Carlos S. La Rosa

El ministro de Gobierno, Mario Adaro, se ve como punta de lanza de una renovación generacional en el justicialismo local. Así como el gobernador Celso Jaque y sus principales espadas son los cuarentones cercanos a los cincuenta, Adaro expresa a los que recién cumplen los cuarenta. La diferencia de edad no es mucha, pero es clave para definir un cruce de líneas dentro de la misma generación.

Así lo explica uno de los principales exponentes del jaquismo: “Los Adaro, los Costa, estos ‘pibes’ no tuvieron como nosotros una relación conflictiva con la generación de los ‘viejos’ (la de Bordón, Gabrielli y Lafalla). Entre los ‘viejos’ y nosotros hay heridas no curadas del todo, reproches mutuos, que los ‘pibes’ no tienen. Estos aceptan nuestra conducción pero a la vez quieren recuperar la mística del pasado, la de los padres fundadores. No tienen reproches que hacerle a los ‘viejos’ porque cuando ellos mandaban, los ‘pibes’ apenas revistaban en las últimas líneas. Por eso, quizá, puedan ser la síntesis entre los ‘viejos’ y nosotros”.

Esas opiniones fueron dichas antes de que Adaro pronunciara las siguientes palabras cuando propuso un plan estratégico a 30 años para relanzar el gobierno: “Mendoza tiene que volver a recuperar su hegemonía... queremos retornar el camino que inició el gobernador Bordón y que se perdió en los últimos 5 años con peleas partidarias”.

Es Adaro el primer jaquista que recupera la historia peronista local, frente a una camada que habiendo hecho sus primeras armas durante la gestión de Arturo Lafalla, no pronuncian nunca su nombre, ni la de los otros gobernadores peronistas, ni los consultan, ni los llaman, como si se avergonzaran de ellos o tuvieran cuentas o rencores no saldados.

Esto sería una anécdota, pero en el presente político es algo más: porque se trata de una gestión, la de Jaque, que no halla nexos claros ni con el peronismo territorial ni con el pasado del peronismo y apenas sobrevive en su relación con el gobierno nacional pero no porque tengan un proyecto compartido, sino porque los une el odio hacia Julio Cobos. O sea, una gestión sin lazos políticos hacia ningún lado. Aislada.

Por ende, con Adaro, Jaque apuesta a reconstruir la política dentro de un gobierno que carece superlativamente de ella.

Pero nada le será fácil al flamante ministro. Si se acerca a la realidad concreta verá el peligro latente de la “santarrosización” de la política mendocina, vale decir, la lucha de todos contra todos en un peronismo al que no conduce nadie y donde todos tienen algo de razón pero a la vez todos contribuyen a la anarquía creciente.

Así, en Santa Rosa las denuncias contra el intendente no parecen tener la solidez que se debe para su expulsión, pero las reacciones públicas del intendente suspendido hablan de todo menos de la cordura mínima que debe tener un dirigente. Como que una madeja de pasiones contenidas, de odios locales y de falta total de conducción política municipal y provincial en Santa Rosa haya hecho explotar la caldera del diablo.

Entonces, reconstruir la autoridad política -más que herida, no ejercida- quizá sea la primera tarea de esta supuesta nueva generación.
Para ello está bien que traten de aprender del pasado y que sumen los intendentes a la conducción política provincial. También es positivo que apuesten al futuro con un plan estratégico. Pero no macaneando con un plan a 30 años cuando no se tiene idea de una sola línea estratégica siquiera para los próximos meses.

Por otro lado, los planes son palabrería vacía si no se traducen en leyes estructurales (por ejemplo, del uso del agua o del suelo, donde nadie se anima a tocar los intereses particulares) o en programas a largo plazo (por ejemplo, en transporte o minería donde nadie se anima a pagar los costos que cualquier opción trae consigo).

En suma, hasta ahora Adaro chocó con las paredes del “santarrosismo” generado por la anarquía en la conducción política. Y como errónea respuesta pretende fugarse 30 años hacia adelante, cuando lo que debería hacer es sumar fuerzas para otorgarle poder político a un gobierno que gastó hasta su última bala para llegar a un sitial al que no esperaba llegar y sin embargo llegó, pero vaciado de todo poder.

Tarea difícil pero necesaria si se quiere que este gobierno no desaparezca en las aparentemente calmas pero tremendamente crueles aguas de la intrascendencia.

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