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¿Qué nos dan los Kirchner vía Cobos o Jaque?

Se habla tanto de la enemistad cada vez más fuerte entre el vicepresidente Cobos y el gobernador Jaque, que en esta nota hablaremos de lo que los une.

martes, 18 de noviembre de 2008

A pesar de su odio total y absoluto, Julio Cobos y Celso Jaque en tanto gobernadores de Mendoza partieron de un diagnóstico similar en lo que se refiere a la relación Provincia-Nación: que las supuestas posiciones conflictivas de sus antecesores con la Nación no sirvieron para nada. Entonces, ellos procuraron acercarse al gobierno central del modo en que sea.

A cambio de la subordinación plena a un gobierno nacional que casi no acepta otra cosa que dicha subordinación plena, la leyenda cuenta que Mendoza ha obtenido beneficios económicos y obras públicas como jamás en su vida.

Aunque en vez de que nos devuelvan lo adeudado por regalías como en los ‘90 cuando se privatizó el petróleo, ahora no nos dan ni la hora cuando se estatizan las AFJP que se privatizaron con nuestro aporte.

O aunque, en vez de haber construido -en estos años sumisos- algo de la magnitud de Potrerillos, ni siquiera podemos terminar la autopista hasta Desaguadero; Portezuelo está cada vez más lejano y el tren de alta prestación, alias “balita”, se posterga por la crisis mundial.
La verdad es que tanto Cobos como Jaque partieron de un pre-concepto: el de que sus antecesores fueron rebeldes castigados. Falso.

El gobernador radical Felipe Llaver era un incondicional del entonces presidente Raúl Alfonsín y no por oportunismo o miedo pánico al gobierno nacional -como ocurre ahora- sino por afinidad ideológica, y sin embargo debió tomar los Nihuiles ante la indiferencia nacional frente a los reclamos locales.

Dentro del peronismo mendocino posterior (Bordón, Gabrielli y Lafalla) existieron todas las posiciones hacia el gobierno nacional, desde las más críticas hacia las de identificación casi total.

Y luego el radical Roberto Iglesias tuvo mejor relación con los presidentes peronistas de su gestión, que con el radical De la Rúa.

Por ende, es falsa la idea de que hay que bajar la cabeza ante la Nación para conseguir algunas obras. Porque hoy no sólo no se consiguen más obras que antes, si no que además, con esa actitud, se pierde toda perspectiva de pensar estratégicamente Mendoza.
 
Devenimos así un apéndice de políticas nacionales que poco tienen que ver con los intereses concretos de la Provincia. Un laboratorio experimental donde se prueban inventos políticos que si triunfan luego se aplicarán en el resto del país, y si fracasan, pues que se joda Mendoza.

En realidad, la mejor tradición política local nunca buscó la confrontación a todo o nada con la Nación. Lo que se buscó en nuestras mejores épocas fue no confrontar a cambio de la libertad para desarrollar un proyecto político autónomo, ni opuesto ni imitativo del nacional. Complementario pero diferente.

Pues bien, eso es lo que perdimos. Hemos perdido al proyecto en sí y algo peor: las ganas de intentarlo. Ahora sólo queremos que nos den obritas a cambio de agachadas.

¿Y qué logramos con Cobos? Que se experimente una concertación imposible que le costó al radicalismo la provincia. Y que a partir del fracaso acá, ya no se aplicara en ningún otro lado. Mientras que ahora, los mendocinos que impulsaron la concertación quieren desconcertarse: volver cada uno a sus orígenes.

¿Y qué logramos con Jaque? Lo vimos la semana pasada durante la celebración en Malargüe de las obras del Laboratorio Pierre Auger, un sitio científico de envergadura mundial. Ese hecho debió abrirnos las puertas a lo más fértil de la imaginación para soñar, a partir del mismo, su continuación en Sillicon Valleys locales si supiéramos unir todo el conocimiento desperdigado en nuestras facultades, o con la California del Sur que ya se está bosquejando con nuestros viñedos fabulosos.

O sea, a pensar en grande sobre lo mucho que podemos hacer con nuestra ciencia, nuestra cultura, nuestras vides y el resto de nuestras industrias. Era el momento ideal para tales utopías.

No obstante, como un claro y rotundo símbolo de esta época de sumisión, todo se redujo a un culebrón vergonzoso donde un mendocino vicepresidente de la Nación vino a inaugurar el logro -en tanto Presidente a cargo- junto al gobernador de Mendoza. Pero el vice inauguró el Pierre Auger a las 13 horas y el gobernador a las 18 horas. Porque ambos no se pueden ver.

Cobos dice que le cambiaron la hora sin avisarle. Los de Jaque dicen que le avisaron pero que el protocolo del Vice no le avisó a su jefe. Pero lo cierto es que cuando el hombre a cargo de la Presidencia de la Nación -mendocino además- llegó a Malargüe, ni el intendente del lugar fue a recibirlo. Ni la radio oficial se hizo presente porque a esa hora estaba entrevistando al intendente ausente. O algo así.

En síntesis, nuestro interés no es narrar tan pueril y patética fotonovela, si no ejemplificar a los absurdos que se puede llegar cuando se pierde toda independencia de criterio estratégico local y sólo se piensa, o mejor dicho se deja que el único que piense sea el gobierno nacional, a ver si a cambio de nuestra obsecuencia nos regalan algunas obritas.

Parecen no darse cuenta que a la Nación los obsecuentes sólo le interesan como carne de cañón: así como durante la gestión Cobos, a los Kirchner sólo les interesó ver como hacían para que radicales y peronistas sumaran ambos a su canasta aunque se mataran entre ellos, ahora sólo les interesa ver cómo Jaque mata a Cobos para cobrarse la venganza del “no positivo”.
 
Y en tanto, mientras radicales y peronistas mendocinos se matan en nombre del rey, el único que cosecha la siembra es el gobierno nacional y la única que pierde es Mendoza.
¡Elemental, Watson! Carlos S. La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

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