En el Ejecutivo aseguran que controlarán mejor los gastos y los "gestos" de festejos.
sábado, 15 de noviembre de 2008
La difusión de cuánto gastará la Obra Social de Empleados Públicos (OSEP) para organizar su fiesta de fin de año provocó bronca entre los afiliados y también puertas adentro del Gobierno.Es que la iniciativa parece ir a contramano del discurso de austeridad que impulsan desde el Ejecutivo frente a la crisis financiera y a los reclamos por aumentos salariales.
Por lo pronto, oficialmente en las cercanías de Celso Jaque dejaron trascender que harán un control más cercano de los gastos de sus funcionarios, pero también de los "gestos". Es que, piensan, "el gasto de la fiesta no desequilibra las finanzas, pero sí es un mal mensaje". Claro que puertas para afuera relativizan el impacto."Era una fiesta que estaba presupuestada y los empleados la esperaban. No se va a hacer ningún gasto fuera de lo previsto", dijo el ministro de Gobierno, Mario Adaro.
Además, en el oficialismo volvieron a remarcar que todo se hace por licitación, para garantizar que haya transparencia en el manejo de los fondos. De igual manera, acusaron que en las gestiones anteriores "las fiestas se hacían, se gastaba dinero y no quedaba nada registrado".
El presupuesto oficial para la fiesta es de 109.800 pesos, a lo que debe sumarse el valor de la tarjeta que debe abonar cada empleado. La intención de la conducción de la OSEP es hacer una fiesta "familiar y popular", para lo cual tendrán como menú asado, ensalada y postre. La sobremesa estará a cargo de algunos artistas y luego vendrá el baile. El lugar elegido por ahora es el salón "La Burbuja", de Bermejo.
Quejas
Entre los afiliados, que no están invitados a la fiesta, la noticia cayó mal. "No hay nada que festejar. Por qué no usan esos fondos para mejorar los servicios para los afiliados. Por ejemplo podrían mejorar las salas que se cerraron en el hospital El Carmen", dijo un empleado público. Y hasta hay quienes propusieron "manifestarse en la puerta del salón" el día de la fiesta.
Algunos empleados, especialmente los identificados con la gestión de Marcelino Iglesias, también manifestaron su enojo por la decisión."Tenemos pésimas condiciones de trabajo y nos invitan a una fiesta", se quejó un trabajador. Pero no todas son pálidas."La fiesta la esperamos todos porque es tradicional. Trabajamos todo el año para los afiliados y sirve para recargar las pilas", opinó otro trabajador en el sitio on line de Los Andes, aunque su comentario fue uno de los pocos a favor. / PI