Un agónico gol del artillero le dio el triunfo a Independiente sobre los bahienses. Así, sumó su quinta victoria consecutiva de local.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Independiente logró anoche un resonante y agónico triunfo ante Olimpo, y estiró su racha victoriosa de local a 5 partidos consecutivos.
A diferencia de otros juegos, Independiente dosificó sus energías y hasta se mostró más inteligente para elegir el momento de dañar al adversario. No tuvo el arranque altanero como frente a Quilmes o Aldosivi.
Pero a partir de los 15 minutos sí apareció la Lepra voraz y ofensiva, con esa jugada de Gómez que dejó sólo a Tonelotto para definir, pero en la que el arquero visitante comenzó a lucirse.
Un Olimpo muy especulador, había llegado a Mendoza con un 4-4-1-1 que le permitía controlar la zona media. Sin dudas, que el bahiense ha sido el equipo que más respetó al Azul en el Parque.
Pero igual, los de Bolado tenían una ráfaga que prometía ser mortal. Entre los 15 y los 30 minutos de juego tres situaciones muy claras de gol se sucedieron en el arco de Ibáñez. Y no significaron la apertura del marcador porque Ibáñez primero le sacó el gol a Tonelotto y después a Solís. Y luego, contando con la dosis necesaria de fortuna, vería como los palos se convertían en sus aliados.
A partir de la media hora de juego, Olimpo empezó a salir del asedio. El planteo simple apostaba a la habilidad de Robles, y la zurda de Walter Gómez. Aunque ninguno fuese delantero, porque el único punta que pisó el Gargantini era Mondelo.
Era muy poco como para inquietar a Guzmán. Independiente, salvo algunas des atenciones, en las que Olimpo pudo haber convertido en los últimos 5 minutos, se mostró muy sólido, con Barsottini liderando la defensa. Despegaba por los dos laterales con De la Vega y Seltzer, aunque reiterándose por la derecha, resignando el elemento sorpresa, con De la Vega, Coudannes y Gómez.
Ya en el complemento, muy impreciso y abrumado por su urgencia, Independiente jugaba lejos de Ibáñez. El Azul no podía hacer tres pases seguidos y en ese segundo tiempo se esfumó lo poco bueno que había hecho Ortega. El Burrito estuvo desaparecido en acción.
Para la última mitad, el rasgo distintivo fueron las imprecisiones. Bolado intentó cambiar la historia con las modificaciones, y con el ingreso de Caballero mejoró bastante, aunque siguió siendo poco claro a la hora de atacar.
Las mejores situaciones pasaron por los pies de Tonelotto, pero como el eterno goleador que es, no se dio por vencido hasta la última bola. Espero paciente, palpitó el veloz desenlace de la gran jugada de Gómez y logró el tanto que cerró una noche perfecta. Diego Bautista - dbautista@losandes.com.ar