Estaban en una red subterránea de cámaras encontradas en México. Hablan de un recorrido tortuoso lleno de obstáculos.
martes, 11 de noviembre de 2008
México. La leyenda dice que para llegar al más allá, los mayas debían sortear numerosos obstáculos, incluidos ríos de sangre y cámaras repletas de cuchillos, murciélagos y jaguares.
Ahora, un arqueólogo que estudió testimonios de la época de la Inquisición cree que una serie de cuevas que exploró pueden ser el sitio donde los mayas trataron de reproducir ese tortuoso recorrido.
Se trata de una red subterránea de cámaras, caminos y templos construidos en la península de Yucatán y que reproducen el viaje al infierno, o xibalbá, descripto en antiguos textos mitológicos como el Popol Vuh, o Libro del Consejo de los indios quiché.
"El camino al inframundo, a xibalbá, estaba lleno de obstáculos. Era un lugar de miedo, de frío, de peligro, de abismos", declaró el arqueólogo de la Universidad del Yucatán Guillermo de Anda.
El especialista investigó sitios sagrados mencionados por indios herejes juzgados por los tribunales de la Inquisición y descubrió que probablemente hubo varias etapas en el recorrido hacia el infierno, que fueron recreadas en media docena de cavernas al sur de Mérida, capital del estado de Yucatán.
Es bien sabido que los mayas consideraban las cuevas como algo sagrado y construían estructuras sobre algunas de ellas.
Pero el equipo dirigido por de Anda hizo un descubrimiento "muy importante" al usar archivos históricos para localizar y conectar una serie de cavernas sagradas, a las que asoció con el concepto de un camino maya hacia el más allá, según el arqueólogo Bruce Dahlin, de la Shepherd University, quien ha estudiado otros sitios mayas en el Yucatán.
Una vez adentro de las cuevas hay que deslizarse por angostos túneles y resbaladizas raíces de árboles. Allí, en la oscuridad, se produce una escena parecida a las de una película de la serie de "Indiana Jones": surgen plataformas de antiguos templos, escaleras y senderos sinuosos a lo largo de lagos subterráneos llenos de cráneos viejos y de cerámicas mayas.
El grupo exploró cámaras sagradas a las que se puede ingresar únicamente arrastrándose por un terreno lleno de arañas, escorpiones y sapos. Para encontrar xibalbá, de Anda se pasó 5 años examinando los archivos donde los españoles juzgaron a indios herejes.
A los españoles les molestó el que los mayas continuaran practicando su vieja religión incluso después de la conquista y los enjuiciaron para que revelaran los lugares donde realizaban sus ceremonias. Uno tras otro, los acusados mencionaron los mismos sitios, pero los nombres de esos lugares cambiaron con el paso de los siglos o fueron olvidados.
Usando como referencia estos datos, los arqueólogos preguntaron a los lugareños por cuevas con nombres parecidos o que se encontrasen en las mismas zonas mencionadas. Los mayas usaron las cuevas como sitios de adoración a los que se llevaban a los humanos sacrificados.
Muchas tienen todavía depósitos de agua que abastecen a localidades vecinas. Las más conocidos son las albercas circulares en las ruinas de Chichen Itza.
Entre los descubrimientos de los arqueólogos figura un sendero subterráneo de 100 metros, un templo sumergido, cámaras y confusas leyendas en un cruce de caminos. "Hay varias cosas que nos hacen pensar que ese camino es una representación del viaje a xibalbá", expresó de Anda. "Creemos que no es coincidencia el que el sendero avance hacia el oeste", pues en esa dirección se encuentra el más allá, según las descripciones.
En el centro de uno de los lagos subterráneos, hallaron restos de un altar sumergido con esculturas que indican que estaba dedicado a los dioses de la muerte. AP