Los padres transmiten su pasión a sus pequeños niños.
Aunque el ruido y la multitud se concentra en el autódromo, en la ciudad -donde las banderitas cuadriculadas y los anuncios de la carrera se repiten- también se sienten los ecos de los motores del TC 2000 que, con su ruido inconfundible y ensordecedor, movilizan a unas 45.000 personas y esperan cumplir con su mejor performance el domingo, cuando los competidores midan sus fuerzas (ver Más Deportes).
Es que a la cantidad de gente que llega a trabajar con los equipos se suman los fanáticos que, desde ayer, comenzaron a instalarse en las inmediaciones del autódromo Jorge Ángel Pena, en San Martín. Carpas, casillas rodantes y gazebos para atenuar el sol se multiplican por todos lados, aunque la mayor cantidad de público se espera a partir de hoy.
“Lo lindo de esto es que desde las ocho de la mañana empezamos con el asado”, decía un joven de San Martín que -sin saberlo- convalidaba las palabras de Daniel Peña, un sanjuanino que intentaba no perderse ninguna carrera y que arrastra a toda su familia con su pasión.
“Por lo general solemos llegar los sábados, pero como estamos cerca, nos organizamos para estar desde el primer día”, relató el hombre mientras su esposa aseguraba que hacía tiempo que no se perdía una charla de fierros. Mate y facturas en mano, los Peña habían acampado en una de las calles paralelas al autódromo y estaban contentos por haber conseguido un buen lugar.
Pero el pulular de hombres y cada vez más mujeres por el autódromo tiene un correlato en el centro de San Martín. Aunque a simple vista no se ve demasiada gente que va y viene, sí se percibe un aumento en las ventas de algunos negocios que se preparan con mayores provisiones para poder afrontar la demanda. “Hace dos semanas que nos estamos preparando.
El TC nos ha cambiado la vida”, se entusiasmó Julio Becerra, dueño de un pequeño supermercado y carnicería ubicado en las cercanías del Pena.
Los responsables de trozadero El Zorro indicaron que ya tienen varios encargos de lechones, jamones y chivos. Para ellos, los pedidos comenzaron el lunes y se acrecentaron a partir del jueves. Es que, este fin de semana, aquí se vende tres veces más que uno común.
Algo similar comentaron en una estación de servicios ubicada sobre calle Alem del mismo modo que lo mencionó Nadia Romero, de la panadería El Buen Pan. “Recién estábamos hablando con mis compañeros sobre la necesidad de reforzar la elaboración; sobre todo en facturas y pan”, señaló la joven quien agregó que el viernes ya se había comenzado a percibir el incremento en las ventas y en la gente rondando por las calles.
Eso sí, no todos los comerciantes coincidieron en el aporte que brinda el TC. Raúl Escudero, dueño de dos restaurantes, comentó que no es mucho lo que se mueve ya que la mayoría de los espectadores se queda en la zona del autódromo. “Creo que no hay buena publicidad”, dijo.
En una sintonía parecida, Luis Figueroa -al frente de una fiambrería sobre Boulogne Sur Mer- admitió que la gente del autódromo llegaba a comprar allí, pero que la aguja de su balanza no se movía demasiado por ese motivo.
Boxes con flashes y mujeres
Cuando las ruedas dejan de girar y la vista ya no está fija en el rendimiento de los autos o pilotos favoritos, quienes tienen acceso a boxes se deleitan al admirar los fierros propiamente dichos y frases como “qué bonito que está” o “es una joya” se escuchan bastante a menudo.
Mientras eso sucede, algunos se agrupan para sacar fotos con celulares y cámaras para no perderse ni un detalle. Mirar el trabajo de quienes preparan el coche y escuchar el -para los entendidos- inconfundible y mágico ruido de los motores, es el principal placer de los que, embelesados, se pasean por boxes.
Lo que hasta hace poco era terreno exclusivo de varones, se empieza a compartir con cada vez más mujeres de todas las edades que también pasean mirando los autos. En su mayoría son esposas o hijas de “fierreros viejos” que les terminaron contagiando la pasión por el mundo de los autos.
Es el caso de la familia de Gabriel Sáez, un sanmartiniano que ayer llegaba con su esposa y sus dos pequeñas ya que no quería perderse ni siquiera el entrenamiento. “Venimos de un ambiente de autos”, señaló al mismo tiempo que agregó que el domingo la fiesta se compartía con familiares y amigos. La señora Edith Ponce caminaba -sombrilla y canasto para el mate en mano- entre los boxes con su pequeño nieto y su esposo.
“Antes, mi hijo corría, pero ahora venimos, en especial, para darle el gusto al niño”, reconoció la señora.
Picnics improvisados entre los autos, promotoras despampanantes, stands de promociones para todos los gustos y venta de banderas con las marcas de autos más populares, completan parte del color que se vive -por tercer año consecutivo- en el autódromo de San Martín.
El TC 2000 se realiza en la pista, pero también fuera de ella gracias a un particular folclore que tiene a los asados como protagonistas principales.
Con los motores sonando de lejos, la ciudad y algunos de sus negocios complementan el festín de este fin de semana que, lamentablemente, pasa a toda velocidad.
Consumo desmedido de alcohol, destrozos, peleas y las exigencias de los padres son algunas de las razones.
En la filmación se ve a dos varones, alumnos de escuelas públicas de Villa Carlos Paz, Córdoba. Fue en una casa y los filmó un tercero. Conmoción en todo el país.