Museo del Tabaco

Una de las industrias más prósperas y antiguas de la isla y la madre de los mejores recuerdos de viaje, porque en cada habano va parte de la gente.

Museo del Tabaco
Museo del Tabaco.

domingo, 26 de octubre de 2008

El aroma a tabaco todo lo impregna, y ojo: no es ése de los cigarrillos de papel fino y filtro; es el aroma áspero que recuerda al chocolate y a la vainilla y, a la vez, creemos que a lo único que se parece es al Caribe.

Por las calles de Cuba los más viejos no se despegan de su tabaco, de su puro, como tampoco lo hacen de sus recuerdos. Los cafecitos -bares extraídos de las letras de sus canciones- no serían lo mismo sin el espeso humo que los habita que, al mezclarse con los vapores del café recién hecho y del ron siempre presto, se aferra más al sentir de un pueblo. A este trío sólo puede sumarse el candor de los parroquianos y el son cubano.

En Pinar del Río se encuentra el Museo y Fábrica de tabaco llamado Vaina Robaina, propiedad de la familia de Alejandro Robaina Pereda quien, desde pequeño, trabajó en la siembra del tabaco junto a su padre. En la actualidad es considerado uno de los mejores productores de tabaco en Cuba, no sólo por el producto de excelente calidad sino por haber logrado identificar una marca de tabaco con el apellido de su familia.

Es el único que lo ha logrado en vida. Allí además de conocer el proceso de elaboración de los habanos se puede ver la colección de marquillas y los elementos utilizados a lo largo de la historia para armar los cigarros.

Historia de la hierba del diablo

Nicotina Tabacum es el nombre de la planta oriunda de Sudamérica, llamada Cohiba por los aborígenes de la isla. Ellos lo utilizaban para rituales y para medicinas. Luego se transformaría en una costumbre de consumo masivo. Con la llegada de los españoles las autoridades prohíben su cultivo por considerarla "hierba del diablo", ésa que ya se estaba expandiendo por el mundo.

Con el pasar de los siglos los cultivos se alejan de las ciudades y se ubican cerca de los ríos; la producción crece como la demanda. Luego llegan las factorías, el contrabando y, posteriormente, ya en los comienzos del siglo XIX las fábricas con marcas de cigarros conocidas.

Manos a la obra

Lo primero que se realiza es el semillero, el lugar destinado a desa-rrollar plantas que más tarde se trasladan a los campos para su desarrollo. El tiempo que llevarán los plantines allí es de 40 a 50 días y presenta más de un 98% de supervivencia en el campo. Luego el suelo debe estar adecuado, limpiado, arado, con movilización de los elementos nutritivos y la perfecta acumulación y conservación de la humedad.

La siembra se produce en Cuba entre los meses de octubre y enero y está en dependencia del tipo de variedad de tabaco que se cultive. Al plantado le sigue a los pocos días el re plante y a los 10 ó 20 días se le colocará la tela o techo a una altura de 2,5 m.
 
También el amarre de la planta o cuna, el cual se le realiza después del aporque y tiene como objetivo evitar que se doble o caiga. Otro paso del proceso es el desbotonado: es una operación que consiste en suprimir la yema terminal (botón) a la planta para dar más vigor a las hojas que han de quedar.

La curación o secado de la hoja es sumamente relevante. Es cuando la hoja verde adquiere una coloración carmelita amarillenta con claroscuros. Las hojas se ensartan de dos en dos y se adosan a varas de madera llamadas cujes. Más tarde llegará la hora de la zafadura y de la acumulación en pilones para conservar la humedad. Después se despalilla y se clasifica de acuerdo al tamaño, la textura y el tipo de hoja.

Finalmente son envasadas en pacas de yute y en tercios hechos con yaguas (hojas de la palma real). Las pacas y tercios llevan especificado el tipo de tabaco, el peso, el nombre de la finca o el productor.

En la fábrica

Cuando el tabaco llega a la fábrica se traslada al taller donde se tuerce. Antes se humedece para devolverle la elasticidad y se pone a orear en una sala especial con temperatura de 32°C y 92 % de humedad. Allí recobra la suavidad requerida y pasa al despalillado; luego se fumiga.

Así llega el momento de la galera, que es donde los torcedores crean el tabaco utilizando como instrumento el tablero, la cuchilla, la guillotina, la prensa, los moldes y goma vegetal. Es un proceso totalmente manual.
 
De las mesas de los torcedores los mazos de tabaco pasan por un control de calidad donde se comprueba tamaño, figura, apariencia y grosor: una nueva calificación por tonos y colores para posteriormente ser colocados en cajas de madera. Se colocan las anillas y las habilitaciones que distinguen la marca de producto final: el habano

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