Desesperación. Como consecuencia de la situación financiera, muchos han puesto en venta sus casas.(Foto:AP)
La primera sensación de los mendocinos que residen en Estados Unidos tanto con los papeles en orden como de manera ilegal es que la crisis que atraviesa ese país y las consecuencias nefastas en los mercados financieros del mundo los ha colocado en estado de alerta en relación con la tranquilidad que amasaban entre sus manos una vez que lograron afincarse en una Nación en donde no nacieron.
Sin embargo, la mayoría coincide en que lo que viven ahora en nada se parece a las "inestabilidades" económicas vividas en Argentina. Además -incluso quienes no padecieron el corralito directamente- remarcan que aún pueden disponer de sus ahorros.
"La realidad es que viniendo de Argentina y habiendo pasado por crisis peores, el quiebre en Estados Unidos no se siente demasiado. Se puede ahorrar y uno recibe su sueldo todos los meses, nuestro dinero en los bancos no ha sido robado por el gobierno y los impuestos que pagamos se traducen en obras y no se lo roban los políticos", escribe Fernanda López de Nazar (35) quien -con su marido- vive en Alexandria (Virginia) hace cinco años.
Lejos de allí, Cristian Conte (37) -quien hace un par de semanas se mudó a Tampa- dice que en Argentina vivió en crisis prácticamente toda su vida y eso que se mudó antes de la debacle de 2002. "Acá encontré la diferencia porque siempre tuve la posibilidad de trabajar".
En otro punto del enorme territorio que abarca Estados Unidos, Sebastián Gamnam (35) no cree que la crisis lo afecte de manera directa y arriesga: "Nunca va a ser el caos que fue Argentina".
Algo similar advierte Carla Lassus desde Fairfax, Virginia, cuando afirma que el único impacto de la crisis financiera en su vida cotidiana es, tal vez, el aumento del precio de la nafta y los alimentos. "Pero es mínimo si lo comparo con el índice de inflación y el incremento desmesurado de las cosas en Argentina", remata la profesora de español de 35 años que hace un año y medio vive en Norteamérica como parte de un programa de intercambio.
José Luis Sáenz coincide en parte con los otros mendocinos al mencionar que la principal diferencia entre la crisis norteamericana y la Argentina es que allá, hasta ahora, no ha habido corralito así como tampoco ha existido una abrupta devaluación con la consecuente baja en los salarios.
Pero tiene una visión de la realidad un poco más negativa. El hombre vive con su esposa y tres hijos en Estados Unidos desde 1996. Se fueron para perfeccionar sus carreras con sendas maestrías con la intención de regresar, aunque la crisis de 2002 los instó a pensar en quedarse a vivir fuera de Mendoza. Ahora reside en Detroit, una de las ciudades que ha sufrido más la crisis económica, según su propia definición.
Sin vueltas
Ocho años atrás, Sebastián se mudó a Los Angeles. Su trabajo en una financiera le sirve para ver de cerca la problemática crediticia que existe en Estados Unidos. Las responsabilidades aumentaron para él aunque, aclara, "no es que sea más fácil cobrar".
El problema es, por un lado, que muchos de los deudores de su empresa están siendo deportados y, por el otro, que hay quienes se amparan en la crisis y evitan ponerse al día con sus cuotas.
Aunque el joven asegura que la crisis se veía venir y que se nota el freno tanto en el consumo como en el turismo, asegura que hace rato que no piensa en volver. Asimismo estima que el freno en la economía no va a afectarlo demasiado -al menos por ahora- debido a que es soltero y ordenado con su estructura de gastos.
El esposo de Fernanda también trabaja en el sector financiero y, para ellos, la incertidumbre puede estar dada en ese punto. No obstante, cuenta que hasta el momento su cotidianidad no se ha visto modificada ya que tiene confianza en la historia de recuperación que tiene Estados Unidos.
"Estamos construyendo una casa en Argentina, pero la inflación de allá hace que todo sea difícil de planificar", confiesa Fernanda al mismo tiempo que subraya: "De ninguna manera esta crisis nos ha hecho plantearnos el regreso. Cuando lo hagamos, será pura y exclusivamente por los afectos". Y Carla coincide con esa idea.
A Gabriel, en tanto, la crisis ya lo afectó debido a que tuvo que mudarse de Estado por el endurecimiento de las leyes con los inmigrantes. Su trabajo independiente y matriculado como mecánico le garantiza cierta estabilidad laboral. Aunque percibe la caída del poder adquisitivo, relata que él no posee créditos y admite que sus dos hijos son los que lo incitan a quedarse.
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