Velas y cintas coloradas para homenajear al Gauchito Gil

No es santo, pero la creencia popular lo convirtió en leyenda y lo venera cada 8 de enero. En Corrientes reunió unas 150 mil personas, mientras que en Mendoza casi se agotaron los cirios.

miércoles, 09 de enero de 2008
Velas y cintas coloradas para homenajear al Gauchito Gil

Plegaria. Al rayo del sol, ayer un creyente del Gauchito correntino llegó hasta uno de los santuarios ubicados en la zona de El Challao.

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Eduardo Luis Ayassa eayassa@losandes.com.ar

Hoy Antonio Mamerto Gil Núñez o Antonio Gil, es conocido como el Gauchito Gil e integra el santoral profano y popular. Ayer se celebró en Corrientes, como cada 8 de enero, un multitudinario acto que arrancó en la madrugada y se extendió a lo largo de una sofocante jornada (ver aparte).

No es un santo, por lo menos dentro de las normas que impone la Iglesia Católica, sin embargo, en la creencia de la gente creció en la misma medida que se multiplicaron sus santuarios a lo largo de las rutas argentinas, invadiendo también algunos países limítrofes.

Las versiones sobre cómo vivió son confusas y en muchos casos opuestas. Se conoce que nació en la localidad de Mercedes (hoy el santuario de la Cruz, está ubicado a 8 kilómetros del centro de aquella ciudad y a unos 270 kilómetros de la capital provincial) y también que murió colgado de un árbol, cabeza abajo, después de que le cortaran la yugular con su propio cuchillo. Y en ese momento nació la leyenda que se fue sucediendo a través de los años. En ella se habla de que cuando el Gauchito ya estaba muerto, se conoció la noticia del indulto firmado por el gobernador.

El sargento (a cargo de la ejecución) volvió a su casa y se encontró con su hijo moribundo, algo que el Gauchito le había “anunciado” antes de morir. Entonces, cargó sobre sus hombros una cruz de espinillo y fue hasta el campo donde yacía el cuerpo de Gil. Después de enterrarlo, le pidió perdón y también que intercediera para curar a su hijo. Y el verdugo se convirtió en su primer devoto.

Mendoza, como el resto de las provincias argentinas, no es ajena a esta devoción. Según la propietaria de una santería de calles San Juan y Córdoba, cada día “son más los que le prenden velas al Gauchito”. El comentario es acompañado por el paso de clientes que buscan los cirios colorados, que a un valor de 30 centavos se venden por docenas, casi hasta agotar su existencia. También se compran estatuillas.

El Gauchito Gil no es el único “santo” popular. También están La Brasilera, rezadora profesional que murió quemada;la Finadita Juanita, apuñalada por la espalda; Almita Sivila, degollada; la Telesita, quemada o desaparecida en la segunda mitad del siglo pasado en Santiago del Estero y la Difunta Correa, de SanJuan, que guardan en común una vida llena de tristeza y una final trágico. Mientras que Mendoza tiene en Juan Bautista Vairoleto a la figura de máxima devoción, seguido de Cubillos, considerados gauchos matreros y que terminaron sus días bajo las balas de la policía.

Según la fe folclórica hay varias formas de pedirle un favor a este “santo” correntino. En general y según se cuenta están los que le prenden una vela colorada y le hacen el pedido. Otros, escriben un reclamo en una cinta de raso colorada y después la colocan en un cruce de camino o atada a las ramas de un árbol, de un alambrado o en un palo (caña tacuara o común) clavado en la tierra.

También están aquellos que toman la cinta y la hacen pasar, todo el largo de la tela, de un extremo a otro entre los dedos, a modo de rosario. Ahí hacen una oración al Gauchito y se le pide que interceda ante Dios por ellos. Al finalizar rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Credo.

Y como no podía ser de otra manera este “santo” tiene su propia oración, que dice: “¡Oh! Gauchito Gil te pido humildemente se cumpla por intermedio ante Dios, el milagro que te pido: Y te prometo que cumpliré mi promesa y ante Dios te haré ver y te brindaré mi fiel agradecimiento y demostración de Fe. En Dios y en vos Gauchito Gil. Amén”.

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