Oscar Carral, ex policía.Ahora es obrero de la empresa Sony.
El oficial Oscar Carral (35) ganó notoriedad en la esfera local cuando denunció ante la Justicia y ante las autoridades del Ministerio de Seguridad, la presunta existencia de una mafia que involucraba a ladrones comunes con la policía de Mendoza en la compra y venta de equipos robados de GNC.
En su momento -enero de 2006- y por esas denuncias, el oficial se enfrentó con las autoridades del Ministerio y, súbitamente, comenzó a padecer penurias. Primero, sufrió un atentado en su casa; segundo, recibió amenazas y por último, lo trasladaron a San Rafael, bien lejos de los temas que denunciaba.
Desde agosto de 2006, Carral no está más en Mendoza. Se fue a Barcelona, donde al principio trabajó de lo que sería un cartonero para Argentina y dormía en un refugio para indigentes. Después, a partir de los documentos que llevaba consigo acerca de la supuesta mafia policial de Mendoza que denunciaba, logró que lo consideraran un refugiado en España, donde vive alejado de su esposa y de sus hijos.
Hoy, con sus papeles en regla, Carral no trabaja como cartonero -como lo hizo cuando llegó a España-, ni como agente de policía -como lo hacía cuando vivía en Argentina-. Ahora es un operario de la empresa japonesa Sony en Barcelona. Con eso le alcanza para enviarle los euros que su familia necesita.
El 27 de diciembre, el diario español El País -el de mayor tirada en España- se encargó de su caso. Con el título "El refugio de oficial argentino", el periódico le dedicó casi dos páginas para que Carral dijera lo que se ha cansado de decir acá.
La nota
"La historia de Carral es como la de cualquier otro inmigrante que llega a Europa para labrarse una vida mejor. Pero su biografía esconde situaciones más complejas. Este hombre robusto, atlético, de mirada infatigable y ojos negros como de potro, se encuentra refugiado en España. El oficial Carral, ahora inactivo por razones obvias, ha denunciado públicamente la existencia de una red de corrupción en el seno de la policía de Mendoza. Escuchas ilegales, connivencia con bandas delictivas y abuso de autoridad son algunas acusaciones que el refugiado ha llevado ante la justicia de su país", lo presenta un periodista español.
"Aquello estaba podrido. Y yo no quise meterme en ninguna ilegalidad", advierte Carral, que se negó a tapar -y mucho menos a participar- en los presuntos trapicheos de sus superiores, y ha pagado con el exilio su actitud recta.
"Recibí presiones, persecuciones y amenazas", dice. Hasta que un día, unos individuos intentaron atentar con una bombo de butano en su casa. Nadie resultó herido. Pero se dio cuenta de que tenía que poner tierra de por medio. Y hasta un océano", continúa la nota en el diario El Pais.
Mediático
Si hay algo en lo que Carral se destaca es en hacerse conocer. En su momento, él dijo que recurría a la prensa porque de otro modo sus denuncias no salían a la luz. Y vaya si lo ha logrado. Desde que está refugiado en España, el ex oficial ha salido en diarios como ABC (durante una entrevista a Cobos cuando era candidato a vicepresidente, el periodista le preguntó por el "caso Carral”) y ahora en El País, uno de los más prestigiosos de habla hispana.
Además, en Internet también encontró algo de eco para que su voz fuera escuchada: creó el blog www.oficialoscarluiscarral.blogspot.com, en el que se pueden leer y hasta escuchar los casos que él denuncia. También allí se puede acceder al correo electrónico de Carral (carralol72@hotmail.com).
En cuanto a su situación actual, el oficial dijo en una de sus últimas entrevistas que "no puedo regresar ni a Mendoza ni Argentina, aunque el Gobierno no se entere tanto yo como mi familia estamos en peligro.
“A mi esposa se le quitó la custodia policial hace meses ha formulado denuncias y nada ha pasado, mis denuncias no sé quién las investiga por que a mí no me ha llamado nadie”.
Fue a la misma hora que un megaoperativo policial se llevaba a cabo en otro punto de Godoy Cruz. Los delincuentes huyeron en una Ford Ranger de un cliente a la que chocaron. Igual, lograron escapar.