
Nazarena Vélez, Julián Weich, Andrea Pietra y Ronnie Arias fueron los elegidos por Jorge Guinzburg para el regreso a la pantalla de “La Biblia y el calefón” (jueves a las 22 por Canal 13, aquí por Canal 7). Un formato que el periodista, humorista y conductor alumbró once años atrás y que, más allá de detalles formales, no ha necesitado cambios sustanciales. Es que la idea de reunir a cuatro famosos para estimularlos a hablar de todo un poco, con humor, picardía y dobles y triples sentidos, tiene el clasicismo de una mesa de café.
Como sucede con algunos clásicos (piénsese en Susana Giménez o en Mirtha Legrand), también en “La Biblia y el calefón” el formato es la conducción. Más allá del aporte de los invitados, que es esencial e indispensable, lógicamente, el peso del programa recae en los hombros del conductor y es él, con su humor, sus réplicas, su velocidad mental, su repentización, su agudeza, su astucia, su sentido del ritmo televisivo y el apoyo de cuatro guionistas, el que lo lleva adelante. De ahí que no hay Biblia ni calefón posibles sin Guinzburg (y si no, pásese revista a la suerte corrida por todos los programas de los últimos diez años “inspirados en...”).
El regreso del ciclo se inició con una ronda sobre la actualidad de los invitados y siguió con informes especiales de cada uno alternados con una serie de “temas” propuestos por el conductor. Como los placeres de la vida, la vida privada y los límites, el “ser bueno” (¿qué ratonea más a las mujeres, el santito o el reventadito?) y las actitudes infantiles. Temas que, lógicamente, dispararon anécdotas, recuerdos, chistes e ironías a montones.
Desde la vez que Ronnie Arias, a los 7 años, se tomó una caja entera de Evanol (el analgésico para dolores menstruales) porque su madre le dijo que no lo quería, y se fue “a esperar la muerte” a la estación de Villa del Parque, hasta el placer irrefrenable que le produce a Julián Weich pasar de un lugar helado a uno caliente (?) o viceversa. Desde los dos meses que, cuando se conocieron, Andrea Pietra y Daniel Grinbank estuvieron yendo a cenar sin que “pasara” nada (como acotó Weich, “le costó más que traer a los Stones”) hasta la nueva faceta de Nazarena Vélez como “tiradora de cartas”, que le dejó picando la pelota a Guinzburg: “No traje cartas, a ver, ¿qué puedo tener para que me tires?”
Gran parte del secreto del programa radica en la habilidad de Guinzburg, no sólo para conformar los grupos, mezclando las dosis necesarias de estilos y perfiles, sino para armar las temáticas a tocar, una cuerda que siempre vibra alrededor del sexo (mucho), la escatología (algo) y la ironía y el doble sentido (siempre). /CC