Después de siete años, el motín vendimial tiene un condenado

Se trata del preso Miguel Barloa. Le dieron seis años por privación ilegítima de la libertad. Humberto Fraile fue absuelto. Con esto finalizó el debate por la revuelta carcelaria más grave de Mendoza.

jueves, 09 de agosto de 2007
Después de siete años, el motín vendimial tiene un condenado

El único. Miguel Angel Barloa pasará a la historia como el único condenado en un caso en el que intervinieron más de 200 presos.

Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

De pie, con sus manos atrás y su cabeza erguida, el hombre de no más de un metro sesenta de estatura y de calva prominente y quien ha pasado más de un cuarto de su vida en prisión, escuchó las palabras del juez Omar Palermo: "Condenar a Miguel Barloa (48) a la pena de seis años de prisión, por el delito de privación ilegítima de la libertad agravada...".

Barloa, para la Justicia, es el único responsable del motín más largo y mediático de la historia carcelaria local.

A su lado y segundos después, el otro imputado, "El Chileno", escuchó la misma voz del mismo juez pero distintas palabras: "Absolver a Humberto Fraile..." decía Palermo ayer en la sala de la Tercera Cámara del Crimen.

El acto del magistrado no duró más de dos minutos pero puso fin a más de siete años de un hecho que en su momento hizo pender de un hilo hasta al gobierno provincial.

Toda la responsabilidad de los doce rehenes que estuvieron a merced de los presos y de los supuestos intentos de fuga durante los tres días que duró la revuelta, recayó sobre el interno Barloa; un experto en encierro que ahora podrá contar en la cárcel que él es el único condenado por el caso del motín vendimial.

Ayer, los jueces Omar Palermo, Horacio Báez y Pedro Funes, no pensaron del modo en que lo hizo el fiscal Oscar Giacomassi. Los magistrados le dieron seis años al hombre al que el fiscal le había pedido doce; y absolvieron al sujeto al que el fiscal pretendía condenar a diez años.

Si bien los fundamentos del fallo se darán a conocer en dos semanas, se sospecha que los magistrados descartaron muchos de los argumentos de Giacomassi a la hora de acusar en cuanto a la participación de los dos imputados, pero tuvieron en cuenta -algo que también dijo el fiscal- que Barloa apareció armado al comienzo del motín que comenzó el 3 de marzo de 2000.

Hablaron

La última jornada del juicio comenzó una hora y media más tarde de lo anunciado: a las diez y media. El juez informó a los dos acusados que si tenían algo que decir podían hacerlo. Ambos optaron por hablar.

"El Chileno" Fraile, en un tono de nerviosismo, dijo al Tribunal que él está vivo "gracias a una gestión de Patricia Bullrich (secretaria de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos en la presidencia de De la Rúa) ya que ella se interiorizó en mi caso. Ella, junto con la prensa, fueron mi salvavidas; de otro modo hubiera terminado como los otros cuatro acusados: muerto".

Luego Fraile se despachó contra el Sistema Penitenciario y dijo que de estar en la misma situación del motín de la Vendimia, "actuaría del mismo modo".

A su turno, Barloa -que no habla con el léxico más cuidado de Fraile- se dirigió a los jueces para decirles que cuando estuvo en el motín de Sierra Chica (ocurrido en 1996, en Buenos Aires, donde murieron ocho personas) "por no intervenir fue que esas personas murieron carbonizadas en los hornos del penal; en este motín (por el de la Vendimia), intervine para que eso no sucediera", soltó "El Pelado" ante los jueces pero logró convencerlos a medias: en lugar de los doce años que había pedido el fiscal los jueces le dieron seis y le unificaron una pena por otra causa en 14 años y seis meses.

Después de la sentencia, sin protestar, Barloa se dejó colocar las esposas por un penitenciario y se fue con las manos atrás en medio de una lluvia de flashes de fotógrafos. Fraile, por su parte, se abrazaba con Castro, su abogado defensor, ya que por primera vez en su vida de adulto, era una persona que no contaba con causas judiciales pendientes (ver aparte).

De a poco, el quinto piso de los Tribunales quedaba desierto. Aparentemente lo que pasó durante el motín vendimial quedó claro durante el juicio después de la friolera de siete años; algo que muchos dudan.

Y además, quedó la sensación de que los dos acusados no aprendieron la lección en cuanto a sus conductas: los dos dijeron, cada uno a su tiempo, que de volver a vivir un motín de esas características, "harían lo mismo".

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