Curas sanadores de Mendoza

Ellos aseguran que son simples intermediarios de Dios. Durante la celebración de la misa, los fieles esperan la imposición de las manos.

Edición Impresa: domingo, 26 de agosto de 2007
Curas sanadores de Mendoza

Fe. El sacerdote Juan Miranda Cavero celebra estas ceremonias religiosas en la parroquia de Lavalle.

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Gisela Manoni - gmanoni@losandes.com.ar

Si uno no está seguro que ha ingresado a una parroquia católica, puede creerse en medio de una celebración evangélica. Los laicos cantan y oran en voz alta, algunos incluso luchan con sus ganas de entregarse a la danza. Lo hacen con las manos elevadas, con aplausos y con un fervor tal que genera cierta incomodidad. También hay quienes se limitan a rezar en silencio y otros miran confundidos a sus vecinos. “La alabanza es un rasgo central de los carismáticos”, explicarán después algunos fieles.

Los ritos son los de toda misa, aunque se vivencia una participación mayor. El sacerdote mira al cielo y junta sus manos sobre la cabeza de los laicos que han formado una fila. Ante el gesto, una señora se desvanece y alguien la socorre para dejarla durmiendo en el suelo. “Cayó en descanso”, comenta un joven. Unos bancos más atrás, un señor llora desconsolado y otros rostros parecen sumidos en una felicidad incomprensible.

“Tanto me insistieron que fui a la misa de los curas sanadores y, cuando me impuso las manos, no podía parar de llorar. Era como si me limpiara por dentro”, cuenta Miriam (60) quien hasta entonces padecía de una fuerte depresión.

Los testimonios que hablan de cambios de vida y sanaciones físicas y mentales han hecho que -en el último tiempo- cada vez más mendocinos se acerquen, ya sea por curiosidad o devoción, a las misas carismáticas. Hasta no hace mucho, este movimiento de la Iglesia católica sufría el rechazo de algunas autoridades eclesiales, sobre todo de los sectores más ortodoxos. Sin embargo, últimamente los obispos han reconocido la tarea evangelizadora que realiza con los más débiles y enfermos.

En Mendoza, el Arzobispado ha depositado en tres curas la función de guiar el movimiento, aunque otros tantos sacerdotes locales comulgan con este carisma. “Eso de curas sanadores es un mote que ha puesto el pueblo, pero nosotros no sanamos. Somos simples intermediarios entre Dios y los fieles. Por el ministerio sacerdotal hacemos lo que Jesús nos dijo: ‘Vayan y bauticen’, pero también nos envió: ‘vayan y sanen”, aclara el padre Juan Miranda Cavero, asesor arquidiocesano de la Renovación.

El cura no se aparta de las palabras de Jesús. “Verán cosas extraordinarias”, vuelve a citar y agrega “he podido ver muchas sanaciones en enfermos de cáncer, depresivos, adictos... pero el mayor milagro se da después. La gente llega por desesperación o curiosidad, pero cuando descubre el amor de Dios, lo demás pasa a segundo plano. Incluso siente que puede llevar la enfermedad de otra manera”. Enseguida el padre dejó en claro que nunca incitan a dejar las medicinas, sino que los acompañan en sus tratamientos con oración.

Si bien por su carisma estos curas reciben más casos de sanación y exorcismo, Miranda asegura que todos pueden sanar a través de sacramentos; como la unción de los enfermos, la confesión y la Eucaristía.

“En la imposición de manos se establece una comunicación especial, es cuando algunos vivencian esa sensación de paz. Jesús hacía ese gesto de tocar cuando se le acercaban los enfermos”, señala. El sacerdote pide por esa persona, pero también la comunidad intercede con su oración.

La oración es la clave del movimiento carismático. Hoy casi todas las parroquias de Mendoza tienen uno o dos grupos de jóvenes y adultos, que arman cadenas de oración y algunos rezan en hospitales. Tomás Díaz Dube es el coordinador provincial. Llegó por casualidad a un grupo cuando pasaba por un mal momento, que incluía adicciones y la pérdida del sentido en su vida. “Experimentar el amor de Dios te cambia, ves las cosas de otra manera y descubrís la alegría de servir”, señaló.

“Ciegos que ven, paralíticos que caminan, eso se da y lo he visto. Pero no podemos quedarnos en signos, lo más importante es el cambio de vida”, comenta Cintia Saschi, ‘servidora’ del movimiento. Ana Sánchez aprendió a tocar la guitarra a los 60 “para poder alabarlo mejor”.
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