Desde que volví al país después de un largo exilio, pude observar que los argentinos tenemos problemas con el Sol como astro y con el sol como símbolo, lo que se constata en dos registros: en la Bandera y en el huso horario.
El pueblo argentino (no oficialmente, claro) está acostumbrado a usar dos modelos de bandera, una con sol y otra sin él, y no se da cuenta de la contradicción que ello encierra. Deberíamos reflexionar sobre esta anomalía para poder llegar a comprender qué significa.
Desde su creación por Belgrano, venimos sosteniendo esa situación ambigua de tener una variación en el símbolo patrio, pues aquella contenía el emblema del sol que le faltaba a las bandas de French y Berutti.
Esta situación es extremadamente anormal comparada con el concierto de las naciones, donde una y sólo una bandera es usada por sus pueblos. Si observamos las banderas del mundo, siempre figura una bandera por nación, y obviamente la que figura por Argentina se representa con el sol, reglamentada como está por ley, pero los extranjeros no saben que internamente a los argentinos da más o menos lo mismo una que otra.
La justificación sobre esta variación versó (fue un verso, literalmente… ) en un uso militar y otro civil, el primero conteniendo el sol -la famosa “Bandera de guerra”-, y el segundo sin él, y esta justificativa fue aceptada masivamente por la opinión pública.
Lo que cuestionamos aquí es justamente esa justificativa tradicional, que más parece la racionalización de un absurdo. Es un menoscabo para la población civil aceptar que su bandera no contenga el sol, ¿por qué los militares tendrían el privilegio del símbolo solar? Y esta situación ridícula e injusta y se da como natural...
El gobierno de Alfonsín produjo un decreto por el cual se unificaba el uso de la Bandera, adoptando la bandera solar como único símbolo patrio, pero las costumbres arraigadas no se cambian por decreto, y hasta la fecha se siguen usando ambas formas indistintamente.
Muy recientemente presenté una carta al Presidente de la República sobre este problema. Fue contestada por un funcionario del Ministerio de Educación, en la que me “aclaraba” que el uso estaba reglamentado por el Decreto Ley 10307, que establece que la Bandera es siempre con sol, y que si no llevan sol se trata de insignias de ornamentación, no siendo banderas nacionales.
Evidentemente el funcionario hace parte del conjunto de la población al que me refiero, totalmente inconsciente, ratificándome un decreto que ya conocía, y que deja al pueblo argentino como en desacato a los símbolos nacionales, pues en mi evaluación, una de cada dos banderas argentinas se usan sin el sol.
A los argentinos no nos espanta observar la bandera sin el sol, aunque su uso esté reglamentado por decreto, y en las canchas de fútbol, los balcones en los días patrios, y en muchos otros contextos (¡la propia escarapela!), seguimos viendo a veces el viejo emblema sin el astro rey amarillo o dorado.
Para marcar la diferencia con otros países, ¿nos podemos imaginar la bandera chilena sin la estrella blanca?, ¿o la brasileña sin la esfera azul en el medio? ¿o la bandera estadounidense sin las estrellitas?, seguramente nos espantaría.
En nuestras escuelas, en los himnos y hasta en los protocolos oficiales, se nos ha machacado con que los colores de la Bandera son el azul y el blanco, jamás se incluyó el amarillo como otro color del símbolo patrio… Si nos han enseñado así desde niños, es evidente que esto implica que el sol puede o no estar, a mucha gente le da exactamente lo mismo… La camiseta oficial de la Selección de fútbol también adolece de este defecto: el sol, o el color amarillo “brillan por su ausencia”.
La razón que esgrimía Belgrano para la inclusión del sol en la Bandera, es el uso del símbolo mayor de los Incas, lo que era muy coherente con su ideario de la Patria Grande. Inti era el dios superior de la cultura incaica, unificador de los diferentes pueblos que los incas conquistaron, civilizaron, organizaron y administraron.
El astro rey es el centro del sistema planetario, y así como organiza todos los planetas, unifica y da vida a todos los pueblos por igual (“el sol sale para todos”), siendo entonces símbolo de unidad latinoamericana y ejemplo de una democracia universal. También es símbolo de la conciencia y de la alegría, por lo que nos ayudaría bastante usarlo permanentemente.
El icono del sol usado en nuestra bandera es un diseño antiguo del siglo XVIII, muy pequeño y con un rostro serio (¡cuando no totalmente enojado!), no amarillo claro o radiante sino oscurecido por sombras marrones.
En la copa del mundo de fútbol 2006, aconteció un pequeño incidente del cual creo que fui uno de los pocos en darse cuenta: en los primeros partidos aparecía la Bandera argentina estilizada con un sol enorme, de un amarillo radiante, ocupando toda la faja central. Al poco tiempo, ese sol ya no estaba más: había sido reemplazado por el tradicional, menor y sombreado. Imaginé rápidamente la causa: muy probablemente algún argentino notó la “anomalía”, y la reveló a las autoridades alemanas, o a los diseñadores, que “nuestro sol no es así”, sugiriéndoles cambiarlo por el “original”…
Deberíamos concientizarnos de la importancia de los símbolos, y aprovechar el raro privilegio de tener el astro rey en la Bandera para usarlo siempre; si fuera posible, un sol más grande y más alegre del que tradicionalmente se usa. Esto se consigue con campañas educativas. Un signo de este cambio podría ser una nueva respuesta a la pregunta: “¿Cuáles son los colores de la Bandera argentina?”. Ya no la consabida azul y blanca, sino azul, blanca y amarilla.
Una interpretación del papel del símbolo para solidificar la identidad cultural de los pueblos. Y una crítica cuando el símbolo se usa como mero marketing. Por Héctor Ghiretti - Licenciado en Historia