Estilo

Día del escritor

Los Lugones: un destino trágico

Hoy se celebra el Día del Escritor en homenaje a la figura de Leopoldo Lugones. Un repaso por su biografía y el oscuro estigma de una familia que resume la historia política nacional.

miércoles, 13 de junio de 2007

Hoy es 13 de junio. En nuestro país los calendarios marcan el Día del Escritor, precisamente porque un día como hoy -en 1874, en un pueblito cordobés a orillas de Río Seco- nacía Leopoldo Lugones. Nadie supuso entonces que ese hijo de padres conservadores se convertiría en un poeta, en el "poeta nacional", nada menos. Si entonces le hubiesen leído el futuro habrían visto lo siguiente: el joven provinciano cercano al socialismo que empezará escribiendo en un diario anarquista, el hombre que se instalará en Buenos Aires para deslumbrar como poeta, como cuentista, como orador, que será luego expulsado del mismo socialismo, que escribirá las Odas para el Centenario Argentino (versos de alabanza a la "patria" y al "hogar" que la derecha mirará complacida), que fundará la SADE, que se volverá ultra reaccionario y proclamará "la hora de la espada" y apoyará en el '30 el golpe militar... El viejo de 64 años que se encerrará en una pieza de un hotel del Tigre y se tomará una dosis de arsénico con whisky que lo matará con dolor, un 18 de febrero de 1938.

Pero ésa es ahora una historia conocida. Tiempo le llevó a la intelectualidad argentina digerir una figura tan polémica, tan contradictoria... Fue Borges el que lo reinstaló, una vez muerto, en el centro del canon donde el mismo Lugones, veinte años antes, había instalado al Martín Fierro. Algunos lo leyeron con más calma y rescataron al "gran escritor" por encima de esa "falla ideológica", según la cual Lugones sería, dicho por David Viñas, la contracara de Rodolfo Walsh.

Hasta aquí podría llegar una biografía. Sin embargo, la historia del apellido Lugones se parece más a una novela o, como la trágica genealogía de los Barón Biza, a una maldición.

Hijo torturador

A Polo Lugones, único hijo del célebre escritor, le esperaba un destino más sórdido. Mientras su padre se convertía en el poeta oficial del régimen de Uriburu, Polo, que se desempeñaba como director de un Reformatorio de Menores, fue acusado de violación y abusos a los internos y calificado, según el prontuario, de "pederasta" y "sádico conocido". Se sabe que para evitar el "deshonor de la familia" -y los diez años de reclusión que le esperaban al hijo- el padre suplicó como favor personal la anulación del caso. Al poco tiempo, Polo Lugones es nombrado por Uriburu comisario inspector de la Policía. Con esa nueva impunidad, instaló en los sótanos de la Penitenciaría Nacional una sala de interrogatorio y tortura donde restauró elementos de martirio prohibidos desde 1913 y puso en funcionamiento un invento propio que lo colocó en la vanguardia de la crueldad: la picana eléctrica. Esa fama monstruosa indujo al diario Crítica a publicar una caricatura suya con el título explícito de "El torturador Lugones". Jorge Boccanera, en "La Pasión de los Poetas" (Alfaguara, 2002), sostiene que fue él quien interrumpió el romance oculto por 12 años de Leopoldo y Emilia Cadelago. Esta ruptura fue, para muchos, lo que desencadenó el suicidio del poeta. De todas maneras el hijo sádico le seguiría los pasos: Polo Lugones se mató en 1971.

Nieta montonera

A Susana 'Pirí' Lugones le gustaba presentarse así: "la hija del torturador, la nieta del poeta". En ese gesto ácido y desenfadado se resumía una actitud que la distanciaba o la invertía con respecto a esa herencia. De niña, le había resultado más fácil sobreponerse a las burlas por su renquera (secuela que le dejó de por vida una enfermedad infantil) que al rastro de terror que rodeaba a su padre. Militante cultural, periodista, escritora ocasional, el perfil de Pirí Lugones puede trazarse desde su círculo de amigos: por su departamento, ubicado en el edificio de El Hogar Obrero de Caballito, pasaron Noé Jitrik, Osvaldo Lamborghini, Quino, León Rozitchner, Tanguito... Pirí los recibía a todos en medio de una vida intensa y caótica que incluía a tres hijos. Alejandro, el mayor, no escapó a la suerte de los Lugones y también se suicidó, como su bisabuelo, en el Tigre.

El nombre de Pirí estuvo en los '60 asociado al agite cultural: participó en la legendaria editorial Jorge Álvarez y Ediciones de la Flor, sellos que difundieron nuevos talentos (publicaron por primera vez a Manuel Puig, por ejemplo). Fue amiga de Paco Urondo, Juan Gelman, vivió un tiempo con Rodolfo Walsh... A los 50 años, luego de la muerte de su hijo, su militancia política como montonera se intensificó: empezó a participar en tareas clandestinas de información e inteligencia. En los '70, cuando el clima político se puso más tenso y empezaron a desaparecer sus conocidos, ella se expuso hasta el final. Como su abuelo, como su padre, como su hermana Babú, como su hijo, pudo haber elegido el suicidio. No lo hizo. Antes actuó frenéticamente hasta que la dictadura militar la vino a detener y a llevar a los centros clandestinos. Pirí Lugones se burló de sus verdugos, diciéndoles que ni siquiera servían para torturar: "torturador era mi viejo...", les repetía con sorna. Hay testimonios que afirman que dejó de existir un 18 de febrero, igual que el abuelo poeta. Su cuerpo integra las listas de los casi 40 mil desaparecidos argentinos de los años de plomo.

La herencia

Es curioso, revisando el tiempo, cómo encajan los sucesos de la familia. "La hora de la espada" que proclamó Leopoldo Lugones avalando las futuras dictaduras, "la picana eléctrica" que inventó su hijo -y el cuerpo en el que se aplicó: el de la nieta- escriben, como metáfora trágica, una parte de la historia política argentina. Por Mariana Guzzante Especial para Los Andes
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