El Tedeum

El obispo dio “gracias a Dios” por la consolidación de la democracia

Monseñor Eduardo Taussig habló frente al Presidente de la Nación de los riesgos de caer en el totalitarismo cuando se pierden los valores. Funcionarios de todo el país colmaron la Basílica.

El presidente Néstor Kirchner leyó el cántico “A tí oh Dios” mientras lo interpretaba el coro. A su lado, la primera dama.

sábado, 26 de mayo de 2007

“El Tedeum nos pone a todos ante Dios para alabarlo e ilumina las conciencias para mejor servir a la patria”. Fueron las palabras iniciales de monseñor Eduardo Taussig, quien hizo una fuerte defensa de la democracia durante la celebración religiosa. Frente a él, estaban Néstor Kirchner, la senadora Cristina Fernández y el gobernador Julio Cobos, acompañado por su esposa, Cristina Cerutti.

Distribuidos en 60 bancos de la Basílica de San Francisco, la más antigua de la ciudad (fue construida en 1875), escuchaban ministros nacionales y provinciales, gobernadores de varias provincias, embajadores, representantes legislativos, una delegación de las Madres de Plaza de Mayo, ex gobernadores, intendentes, dirigentes gremiales y autoridades militares. En total, eran unos 300 los asistentes.

La “popular”, con su bombos, carteles, pancartas y provenientes de todo el país, había quedado en la calle, encerrada entre vallas a varios metros de distancia.

Dentro del libreto

Monseñor Eduardo Taussig es el representante de la Iglesia Católica en el sur mendocino y ante la ausencia del titular del arzobispado mendocino, monseñor José María Arancibia, tuvo a su cargo la ceremonia religiosa, primer acto del que participó el presidente de la Nación en este viaje que hizo a la provincia para festejar el aniversario de la Revolución de Mayo.

Sus palabras eran esperadas porque marcaban el primer contacto público de Kirchner con un obispo, luego de los duros enfrentamientos que tuvo, sobre todo, con el cardenal Jorge Bergoglio.

En la introducción Taussig habló de “este cántico de alabanza”, que es el significado del vocablo tedeum, y después refirió que “nos asocia a todos: laicos y religiosos, autoridades y pueblo, grandes y pequeños, ricos y pobres. Como una sinfonía que suma todas las notas de la escala”, graficó desde el atrio mayor.

Más adelante, el mensaje tuvo mucho de educación cívica, cuando reseñó los “escasos” gobiernos que lograron cumplir un mandato, destacando lo “oportuno que es dar gracias a Dios por estar a las puertas de nuevas elecciones en el ejercicio de nuestra democracia...”.

La referencia sirvió para incluir una reflexión del actual Sumo Pontífice, Benedicto XVI, quien defiende la “fidelidad a la democracia, ya que es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos”.

Y fue más allá cuando recordó que “la justicia es el banco de prueba de una auténtica democracia”, remarcando que “una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto...”.

Durante la celebración, el presidente de la Nación se mostró por momentos aburrido. Respondió un par de preguntas que le hizo -al oído- la primera dama y después, ya sentado, se entretuvo cruzando los dedos o estirando las piernas. Durante la homilía, en cambio, se mostró serio y atento a las palabras del obispo de San Rafael.

Con nombre de niño

El único agregado fuera de libreto al mensaje de monseñor Taussig fue la parábola sobre un niño “que podría ser cualquiera de nosotros” y lo llamó: "Néstor, Cristina, Eduardo o Julio”, en clara referencia a las máximas autoridades presentes y recordó la pregunta del pequeño a su catequista: “¿Para qué hemos sido creados?”. Y la respuesta fue: “Para amar y servir a Dios".

“A ti oh Dios”, cantado por el coro de la Universidad del Aconcagua, anticipó la bendición final. Mientras el coro cantaba, el Presidente tomó la hoja donde se podía leer el cántico.

Después, el responsable religioso del acto bajó del atrio y se confundió con un abrazo con el presidente de la Nación y luego el Gobernador, y además saludó a las respectivas esposas de ambos.

El aleluya marcó el camino que rápidamente desandaron Kirchner, su esposa, Cobos y señora. Afuera la gente, en menor cantidad, intentaba ver al primer mandatario. Sin embargo un vehículo lo alejó rápidamente del lugar, luego de que recibiera como regalo una botella de vino. Los actos debían continuar. Eduardo Ayassa eayassa@losandes.com.ar

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