Pedro Rodríguez Varas
Difícil es abarcar en una crónica las múltiples actividades que durante su extensa vida cumplió el educador Pedro Rodríguez Varas, fallecido ayer a la edad de 88 años y cuyos restos serán enterrados hoy en el Parque de Descanso Jardín Mendoza.
El mismo sintetizó una vez como prefería ser recordado: “Antes que profesor, soy maestro”.
Rodríguez Varas educó hombres y mujeres, fundó establecimientos, ejerció el periodismo y ayudó a formar un modelo de periodismo, al crear, junto con otros docentes, la Escuela de Periodismo de la calle Garibaldi, que la última dictadura militar se encargó de cerrar en 1997.
Pero, siempre se acordaba de sus primeros pasos en las aulas, cuando debutó como maestro de grado, a los 18 años, en la escuela rural Ignacio F. Rodríguez, de La Riojita (Tunuyán). Al tiempo pasó a desempeñarse en otro establecimiento de zona alejada, en Agrelo, al sur de Luján de Cuyo.
Una carrera en ascenso y su egreso de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, lo llevaron a cumplir distintas funciones y a alejarse, no sin nostalgia del guardapolvo blanco. Es así que fue secretario del Rectorado, cuando el titular era el fundador de la casa de estudios, el recordado Irineo Cruz. También se desempeñó como fundador del Liceo Militar General Espejo y durante 30 años dirigió el Colegio Universitario Central (CUC).
En uno de los últimos reportajes, en 1997, Los Andes le preguntó cuál era el papel de hombre o la mujer que se paraba frente a los niños a enseñar: “El maestro tenía mucho prestigio social, su palabra era sagrada, con un peso social muy grande, que hoy se perdió”.
(Transcurrían los finales de la década del ’90).
Y opinaba también que “la miseria más grande es la miseria intelectual”.
Ejerció el periodismo en Los Andes, a través de columnas en las que expresaba su opinión y fue amigo de la desaparecida presidenta del directorio de este matutino, la licenciada Elvira Calle.
Algunos alumnos lo consideraban muy severo en el dictado de materias como Castellano y Literatura. “Pensábamos así de él, mientras éramos jóvenes, porque nos exigía estudiar la asignatura; hoy lo valorizamos como el educador que nunca olvidaremos por todo lo que nos enseñó”, dijo uno de sus estudiantes, hoy hombre de más de 60 abriles.