Este espejo de agua color turquesa, a los pies del volcán Maipo, desde 1995 es una reserva natural provincial. Es elegida por pescadores que cada temporada llegan equipados para buscar truchas.
La Laguna del Diamante es un espejo de agua de color turquesa, a los pies del volcán Maipo y en el centro de una gran caldera volcánica a 3.230 metros de altura. Desde 1995 es una reserva natural provincial, que protege flora y fauna de alta montaña y el importante reservorio de agua dulce de la laguna sancarlina.
Hasta aquí la reseña turística. Pero abandonar el Acceso Sur en Pareditas, donde la ruta 40 se transforma en un camino de ripio, es también ingresar a una tierra de paisajes y de historias, que los datos geográficos se quedan cortos para describir.
La historia puede comenzar con un café y una algo venenosa tortita en la Shell de Eugenio Bustos (100 km al sur de la Ciudad de Mendoza), por ejemplo. El trajín agrícola y turístico del lugar -alta densidad de camionetas nuevas- contrasta con el panorama de la zona en 2000 o 2001.
Antes de encarar los 120 km que quedan hasta la Laguna conviene prepararse para las condiciones del terreno. Para el vehículo: gasta el triple ya que sube hasta 3.600 metros por pendientes pronunciadas y después de Pareditas no hay estaciones. La temperatura del motor también es un tema a tener presente. Se puede llegar en auto, pero el camino es malo, largo y alto, por lo que es más apropiada una camioneta, simple o doble tracción, o al menos un vehículo alto y que no se apune.
Hay dos rutas que conducen a la Laguna del Diamante desde Pareditas. La 40 o su variante más al oeste, la “40 vieja” o 101. Ambas tienen insuficiente señalización, pero poniendo atención se llega. La 40 vieja corre paralela al arroyo Yaucha, entre álamos y puestos tradicionales de la zona. Tras continuar 50 km al sur, el puesto de guardaparques Alvarado marca el ingreso a la reserva provincial, previo desembolso de 10 pesos por auto particular.Allí también se puede comprar un permiso de pesca para turistas, o el ticket de temporada para los que tienen carnet.
Camino de montaña
En Alvarado, a 2.300 metros, comienza el camino de montaña propiamente dicho. La pendiente sostenida lleva por el cajón del arroyo Cruz de Piedra hasta La Pampa de los Avestruces, una planicie barrida por el viento a 3.500 metros.
Los primeros guanacos se dejan ver, confianzudos y casi conscientes de su papel de atracción autóctona. Los viajeros festejarán esta aparición con entusiasmo; unas horas más tarde, el guanaco número 720 apenas despertará una mirada o una seña.
Con su impresionante adaptación a la altura y al terreno, estos camélidos son los animales silvestres más frecuentes en la Laguna, desde que la creación de la reserva terminó con las matanzas de décadas anteriores, muchas de ellas con fusiles FAL y desde un Unimog.
Un monolito que recuerda a los militares que murieron en medio de un temporal, durante maniobras invernales en 1953, marca el fin de la altiplanicie y la bajada hacia las Vegas del Yaucha. Vale la pena detenerse en este agradable (y frágil) paraje verde en medio del entorno árido y rocoso.
Por este arroyo, que más abajo se encajona, escapó de una muerte segura el piloto francés Henri Guillaumet. Fue en el invierno de 1930, cuando el aviador buscó aterrizar en la costa de la laguna, para esquivar un temporal, y su Potez 25 capotó. Seis días debió caminar para salir de la montaña, sin equipo adecuado y por un terreno muy accidentado. Finalmente lo encontró el puestero Juan García, que entonces era un adolescente. “Lo que salva es dar un paso, y después otro”, escribiría luego Guillaumet.
El camino llega después a su cota más alta, los 3.600 m del Paramillo. Un tubo de cartón en un poste hace las veces de largavista, pero sólo el ojo habituado puede distinguir las ruinas del refugio Eva Perón, en las laderas del cerro Laguna. Esta construcción se puede considerar el antecesor del observatorio Pierre Auger. Fue construida en 1954, con camiones y a lomo de mula, para intentar captar emisiones de energía provenientes del espacio. Entre sus impulsores estuvieron el rector de la UNCuyo que fundó el Balseiro y físicos que hoy son académicos de prestigio mundial.
El Paramillo es también el borde de lo que hace millones de años fue un gigantesco cráter, que abarcaba la Laguna del Diamante y todo el circo de montañas a su alrededor. Es lo que los geólogos llaman la “caldera del Maipo”, aunque este volcán de forma cónica es de formación posterior.
Finalmente la Laguna del Diamante. La imagen de este espejo de agua y su equilibrio con la figura del Maipo (5.323m) justifican la aspereza de tres horas de fatigar los amortiguadores.
Pesca de truchas
“¿Y? ¿Pican?”. La típica pregunta del turista recibe la clásica exageración como respuesta: “Si sabés mosquear salen de como 700 gramos”. Sobre una piedra cercana unas truchitas de máximo 350 gramos boquean y dan saltitos, no se entiende si para desmentir al pescador o en una manifestación de agonía. La escena -verídica- ocurrió el sábado, en la costa oeste de la laguna, cerca del nacimiento del Río Diamante y de las instalaciones de Gendarmería. Es el único sitio habilitado para acampar y allí se agolpaban las camionetas y 4x4.
Casi todos los vehículos y carpas eran de pescadores que probaban suerte en las bahías cercanas, con el agua a la cintura y toda la parafernalia a cuestas: equipo para soportar horas dentro de la laguna sin moverse, señuelos, cañas, chalecos. El segundo fin de semana de esta temporada atrajo a más visitantes que el primero. Sólo el sábado, ingresaron a la reserva 35 vehículos, con unas 60 personas a bordo, según datos de guardaparques.
Al atardecer el característico viento de la zona ralea de gente el lugar y llega a su fin otra jornada de verano en la Laguna del Diamante.
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