Daniel Larriqueta
domingo, 23 de diciembre de 2007

“Mendoza va a los tumbos”

Ha reflexionado mucho sobre la identidad argentina. Pero también sobre la de Mendoza, su tierra de nacimiento. En esta entrevista el escritor Daniel Larriqueta reflexiona acerca de cómo somos los mendocinos, para -a partir de allí- definir las grandes estrategias que la provincia debe plantearse desde ahora hasta las próximas décadas. Por Carlos Salvador La Rosa

Por Carlos Salvador La Rosa

ada vez que visita su tierra natal se enoja y se apasiona por igual. Recuerda lo que fuimos y lo que podemos ser, con nostalgias de pasado y de futuro. Pero se indigna con el presente, sobre todo al verificar el caos urbano, en particular en el transporte público local, que para Daniel Larriqueta expresa la decadencia en que ha caído Mendoza. Le proponemos entonces pensar juntos la provincia e imaginar cómo hacerla mejor.

-¿Cómo definiría usted a la sociedad mendocina en el terreno de las ideas?

-José Ingenieros, en su libro “La evolución de las ideas argentinas”, hace una división del país en tres grandes regiones culturales: el Río de la Plata, blanco y pro-europeo; el Alto Perú, indígena y xenófobo, y Cuyo, mestizo entre liberal y conservador. Así es Mendoza y también San Juan, que son muy parecidos aunque eso a los mendocinos no les guste mucho. Una característica es la lucha por la supervivencia. Se trata de una geografía difícil que hace que Mendoza sea tierra de trabajo. Y las tierras de trabajo son de ideas concretas, de pensamiento más bien conservador.

-Entonces, ¿cómo podemos definir en Mendoza al pensar conservador?

-Se tiene mucho sentido de lo concreto, por lo que hay poco espacio para la abstracción, pero también hay poco espacio para las ideas creativas, para lo que los griegos llamaban ocio. No hay quien financie grandes proyectos de ocio, entonces hay relativamente poco debate de ideas y poco desarrollo artístico en relación a la importancia de la sociedad. Por lo tanto, el desarrollo de ideas nuevas sólo se da cuando el Estado -funcionando de príncipe o mecenas- las promueve porque, en general tales ideas, no surgen espontáneamente de la sociedad.

-¿Esta forma de ser es más positiva que negativa, o viceversa?

-Las dos cosas a la vez. Lo bueno del conservador es que frena el derroche de esfuerzos pero lo malo es que a veces eso inhibe el cambio. A una sociedad demasiado preocupada por las cosas concretas le cuesta mucho imaginar los cambios.

-Sin embargo, décadas atrás Mendoza supo innovar mucho siendo conservadora, mientras que ahora tenemos una clase política que habla sólo de sí y para sí -desconectada de la sociedad- y una burguesía local que en vez de innovar apuesta a ser contratista o concesionaria de servicios públicos y a ocupar la tierra sólo para proyectos inmobiliarios. Como si los hijos de las familias bodegueras hubieran devenido rentistas, prebendarios...

-Una buena pregunta antropológica sería averiguar qué pasó. Quizá la antigua clase dirigente descendía del patriciado y la actual es hija de nuevas oleadas inmigratorias que tienen esa concepción mucho más pragmática y con menos vuelo de la gestión pública. No lo sé, es una buena pregunta para dejarla planteada. Porque los personajes que yo conocí de la histórica vieja clase dirigente -muchos conservadores y algunos radicales o incluso peronistas de la primera época- estaban conectados con el pensamiento internacional, sabían lo que pasaba en el mundo. Ese cosmopolitismo les permitió tener a Mendoza muy aireada y muy alimentada con ideas de afuera. Pero después viene otra cosa, más masiva y popular -lo que está muy bien- pero habría que preguntarse si estos vástagos de las familias inmigrantes no traen una concepción menos brillante de la política.

-¿Cómo y desde dónde deberíamos volver a pensar estratégicamente?

-Lo que necesita Mendoza es una clase dirigente -ya sea que esté en los partidos, en la prensa, en la universidad, en las empresas...- que haga una gran reflexión en pos de un diseño de provincia mas ambicioso. Históricamente Mendoza se desarrolló mucho por ser el centro de conexión del mundo del océano Pacífico con el mundo del océano Atlántico. No sólo conexión entre Santiago de Chile con Buenos Aires, sino conexión de dos concepciones completamente distintas de la sociedad y de la política que se cruzaron aquí. Esta cosa nodal de Mendoza debería tener ahora un nuevo potencial. Quizá haya que promover un congreso para imaginar cómo debe ser Mendoza dentro de 20 años y que lo organice la universidad, el gobierno, los partidos, la prensa. Una reflexión sobre el futuro, aunque allí se peleen todos, pero sería salir un poco de lo cotidiano y pensar más largo. Sino se va a los tumbos. Cuando yo vuelvo acá y veo lo que son los transportes, pienso que Mendoza va a los tumbos.

-Amplíeme un poco ese concepto.

-Son una vergüenza esos trolebuses que circulan, esos cacharros que ni en los museos sirven. No hay transporte público en esta ciudad de más de un millón de habitantes. Se están haciendo parches; eso es pragmatismo. El pragmatismo es parche, no es conservador en el buen sentido de la palabra, es improvisación. Mendoza hoy improvisa, y con la improvisación todos los problemas se vienen encima.

-Pensemos un poquito como re-pensar en los temas estratégicos...

-Mendoza debe reclamar ser la sede de la cuarta usina atómica argentina. Esta provincia tiene derecho a una usina como Embalse, que es la que posee Córdoba y que le significaría abastecerse de electricidad sin necesidad de ninguna obra hidroeléctrica ni ninguna otra usina. Y Mendoza tiene todo, tiene su uranio, tiene los ríos del Sur que proveen condiciones de agua y en zonas bastante deshabitadas por si alguien tuviera el prejuicio del riesgo contaminante, que ya no existe en la tecnología moderna. Ese gran proyecto, de concretarse, entre otras cosas implicaría poder electrificar la totalidad del transporte público urbano. Pero para empezar a hacer estas cosas hay que formular bien las grandes preguntas en vez de seguir debatiendo internas políticas.

-Formulemos esas preguntas.

-¿Por qué la universidad, de común acuerdo con el gobierno, no hace ensayos de usinas eólicas en la alta montaña cuando Mendoza tiene vientos dominantes del oeste muy importantes y permanentes todo el año? ¿Por qué no está Mendoza lanzándose a cosas nuevas en vez de seguir peleando por el tamaño del ajo? Se habla mucho de agricultura pero ella ya no es la actividad económica fundamental. Veo poca información sobre la metalurgia de precisión o sobre industrias de alta tecnología.

-En síntesis.....

-Mendoza debe volver a abrirse a las ideas del mundo. Y para eso crear centros de pensamiento capaces de recibir todas las ideas y adaptarlas acá. Yo le diría al gobernador Jaque que cree una Secretaría de Ciencia y Tecnología. Las carencias son oportunidades. Y vuelvo a mi obsesión: Mendoza tiene una carencia tan dramática en transportes que esa carencia puede ser a la vez la oportunidad para tener en pocos años el mejor sistema de transportes de América Latina, si se anima a volver a pensar en grande.

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