Un caso penal políticamente explosivo, revelado por fiscales federales la semana pasada, arroja luz sobre una nueva élite de empresarios venezolanos que se ha enriquecido a costa de la revolución socialista en su país. Disfrutaron la buena vida en algunos de los distritos más lujosos del sur de Florida. Sin embargo, al mismo tiempo que estaban comprando propiedades costeras en Key Biscayne, una de las comunidades isleñas más acaudaladas de ese Estado, prometían fidelidad al ardiente presidente de izquierda Hugo Chávez de Venezuela.
Uno de ellos conducía un Porsche Boxster con una calcomanía que promovía “el socialismo del siglo XXI”: “Yo no calificaría estas personas como chavistas. Sólo están ahí por el dinero”, dice Ken Rijock, un experto en lavado de dinero que vive en Key Biscayne y ha escrito mucho sobre los nuevos millonarios venezolanos.
Su estilo de vida ostentoso y sus vínculos políticos fueron el chismorreo en los círculos de expatriados hispanos y en los medios informativos en español por algún tiempo. Sin embargo, en su mayor parte se mantenían al margen evitando la política para centrarse en sus negocios remotos.
Pero ese anonimato se desmoronó repentinamente cuando funcionarios federales anunciaron la formulación de cargos contra cinco hombres, cuatro de ellos venezolanos, acusados de operar ilegalmente como agentes gubernamentales no registrados en este país. Las detenciones se produjeron a raíz del decomiso en agosto de una maleta en la que había casi 800.000 dólares en efectivo no declarados en el aeropuerto de Buenos Aires.
Guido Antonini, un venezolano estadounidense de 46 años que también vive en Key Biscayne en un departamento de 1,2 millón de dólares en el lujoso condominio Ocean Club, donde el mantenimiento mensual es de 1.500 dólares, era quien llevaba la maleta. Los fiscales dicen que Antonini llevaba el dinero para la campaña electoral de la presidenta argentina Cristina Fernández quien asumió el cargo la semana pasada. No se detuvo a Antonini y se cree que está cooperando con funcionarios estadounidenses.
Los detenidos están acusados de conspirar en nombre del gobierno venezolano para ocultar el origen del efectivo creando un falso rastro de documentos y amenazando a Antonini para que se calle.
El caso desencadenó una tormenta política, y funcionarios venezolanos y argentinos acusan a Washington de fabricar un escándalo para desestabilizar gobiernos de izquierda en la región. Sin embargo, analistas dicen que el caso arroja al centro de la atención el lado de los negocios oscuros de la “revolución bolivariana” de Chávez, rica en petróleo, y la nueva élite del país, llamada “boliburguesía” por sus opositores: “Estos tipos eran personas relativamente desconocidas antes de que llegara Chávez", cuenta Thor Halvorssen, un exiliado venezolano que vive en Miami y claro activista antichavista: “Pero a un año o dos de que Chávez asumiera el cargo, ellos ya estaban en la montaña rusa”.
“Venezuela sigue siendo un país muy mercantilista”, afirma Simón Strong, el director en Miami de International Risk and Investigations de la FTI, una firma de consultoría de negocios: “No creo que muchos de los que se han beneficiado con el aspecto empresarial en los años de Chávez se interesen en la revolución socialista”.
Franklin Durán y Carlos Kauffmann, dos de los acusados, son propietarios de una compañía petroquímica venezolana grande, Industrias Venoco. Esta empresa hace negocios con la compañía petrolera paraestatal Petróleos de Venezuela, uno de los exportadores petroleros más grandes del mundo. Kauffmann también tiene intereses en Perforaciones Alborz CA, proveedor de barrenas de la compañía paraestatal de petróleo.
Anteriormente, Venoco era propiedad de un grupo de empresarios, algunos de los cuales estuvieron involucrados en un fallido golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002. Poco después, Durán y Kauffmann surgieron como los dueños de Venoco.
Durán también está enlistado en Venezuela como dueño de una compañía que compra armas -Ruibal y Durán-, la misma que dice importar equipo antimotines para el gobierno venezolano. El Congreso de Venezuela la investigó en 2003 por presuntamente haber importado 115 ametralladoras Uzi sin autorización, pero no se levantaron cargos en su contra.
En Venezuela se les considera en general como testaferros de políticos de alta jerarquía del círculo interno de Chávez. El gobierno estadounidense puso a Durán y Kauffmann en una lista de “personas expuestas políticamente”, una denominación para quienes deben ser revisados en forma especial debido a sus vínculos estrechos con políticos extranjeros.
Hasta hace poco, ambos hombres eran amigos íntimos y socios de Antonini, quien trabajaba en Venoco y también era socio de Durán, su vecino en Key Biscayne, en varias compañías de Florida.
Durán, de 40 años, es el propietario de una villa costera de 4,6 millones de dólares en la Isla Mashta, una de las direcciones más exclusivas de Key Biscayne. En la entrada de coches, hay un Ferrari junto a un Audi último modelo.
Kauffmann de 35 años es dueño de varias casas en el sur de Florida, y también conduce un Ferrari.
Los tres hombres eran tan amigos que compitieron juntos en el rally fuera de pista Gumball 3000 en Europa este año con un Porsche Carrera GT y un Mercedes SLR McLaren representando el Equipo Venoco. Durán chocó su Porsche de 600.000 dólares en Croacia antes de que se detuviera la carrera, cuando murieron dos personas en otro accidente. Se informó que otro coche del equipo, un Ferrari, llevaba una pegatina con un logotipo del gobierno de Chávez.