Palabras al aire
domingo, 23 de diciembre de 2007
Texto zoom -
Texto Zoom +
E-Mail
Imprimir
anterior | siguiente

Impostar es ser impostor

Por Leonardo Rearte lrearte@losandes.com.ar

“Me hace algo de ruido”, dice el periodista como tomando aire para soltar un largo rollo. “Lo que me hace ruido son aquellas personas que en su casa hablan de determinada manera y frente al público, de otra”. El hombre de la prensa, en un alto en sus tareas y apurando un sandwich de jamón crudo que se vende a $ 2,50 en los drugstores, no se refiere en este caso al doble discurso (más habitual en Argentina que la coima o los programas de tv sobre otros programas). Hace mención concretamente a aquellos que visten de traje su garganta, y que al momento de salir al aire o conducir un evento la engolan hasta convertirla en un cliché de presentador de Titanes en el Ring. Incluso, tipos de voces finitas, pachuchas, que se hacen los Cacho Fontana cuando se prende la luz roja del estudio. “Es muy distinto al caso de, por ejemplo, Coco Gras, que cuando está en su casa y le pide a su mujer que unte la tostada con queso Finlandia en vez de mermelada, lo hace cavernoso y ceremonioso como siempre. Es su voz y punto. Como tiene que ser”, masculla.

La anécdota zonza viene a colación de algo, creo, si es que pude seguir correctamente el hilo de la conversación con aquel periodista (no porque su discurso fuera complejo, sino porque nunca dejó de masticar el pan de miga). Sí, venía a colación de lo extraño que son los discursos de la señora presidenta. El tono del discurso, bah. Cuando se para en el estrado y suelta sus consignas, es como si un ente la poseyera, y la obligara a retarnos a grito pelado vaya uno a saber por qué. Lanza diatribas en tonos dignos de los mandatarios de los años ’50, circunspecta, bien retro. Sus discursos, con las oraciones entrecortadas por miradas filosas suenan a aquellos viejos audios de Eva Perón, aptos para multitudes en Plaza de Mayo pero un tanto desubicados para la apertura de un congreso en un hotel cinco estrellas. Suenan extraños cinco décadas después. Más aún cuando la propia Cristina se vale de un tono jovial, más bien aniñado, cuando la interceptan los noteros de "CQC", para azuzarla con preguntas tan incómodas como "¿Y ahora qué va hacer Néstor todo el día en casa?".

En el tren de la discusión con el comunicador quise referirle algunas obviedades, como que la política tiene mucho de actuación, que con ciertos gestos y tonos a veces se comunica más que con las palabras, que los discursos políticos, con sus rebusques de frases y construcciones barrocas, parecen estar escritos para decirlos así, bien seriotes. El buen obrero de la tinta y el papel, arrojó lo que quedaba de su emparedado por arriba del hombro, y con los ojos inyectados en sangre espetó: "El mundo que yo sueño, acaso, es uno en el que la gente tenga un solo discurso, un solo tono. Nada de máscaras. Uno tan civilizado, que nadie tenga que forzar nada, ni impostar la voz. Impostar es ser impostor". Tan enojado estaba, que su voz se tornó grave; muy grave. Como la del Coco Gras.

Editor80
certifica.com
IAB
Copyright 2008 Los Andes | Todos los derechos reservados.