
Cotidianamente fluyen expresiones en favor de la inclusión de Los Pumas en alguna de las competencias regulares que reúnen a los mejores del mundo (el Seis Naciones, Tri Nations o Súper 14), pero mientras no estén dadas las condiciones, dicho sueño nunca se materializará. El primer requisito sería disponer de un seleccionado profesional, algo que por el momento no es viable. En procura de cambiar esa realidad discordante con la situación actual en el mundo ovalado, la UAR promovió, motivada por el bronce mundialista, una renovación del estatuto actual, con la intención de permitir crear un plantel nacional rentado.
La cumbre de presidentes está pautada para el viernes próximo, desde las 18, en la sede del ente madre del rugby nacional, aunque dicha reestructuración, ideada por el presidente Alejandro Risler y el secretario Raúl Sanz, sería rechazada por la mayoría de las uniones provinciales, y así la modernización de las normativas quedará en la nada, al menos, por el momento.
La Unión de Buenos Aires (la URBA, que posee cerca de 45% de los votos) consultó a sus clubes afiliados y la respuesta fue categórica: por unanimidad ganó el “No”. Los que también se opondrían son Tucumán, Córdoba, Salta, Rosario, Mendoza, Santa Fe, Tierra del Fuego y Sur. La única Unión que hasta el momento aseguró que dará el sí es Noreste. Este panorama permite aventurar que no prosperará la reforma estatutaria, aunque para el jueves venidero, en el hotel de las Fuerzas Armadas, en Vicente López (Buenos Aires), Risler y Sanz organizaron una reunión -de las 18 a las 22- para allanar el terreno para el día siguiente, pero la URBA no se presentará a dicha disertación, y eso también marca una tendencia.
“No nos oponemos a la existencia de un seleccionado profesional, que quede claro, pero de eso no se habla en el proyecto de la UAR. El estatuto que pretenden crear divide al rugby argentino, y hasta destruye a algunas uniones”, aclaró Néstor Galán, presidente bonaerense. El texto del estatuto diseñado se presentó en todo el país y cada provincia lo estudió en profundidad (la UR BA recurrió a un asesoramiento legal externo), así como una carta firmada por Risler asegurando que “de aprobarse la propuesta de cambio estatutario, todos los miembros del consejo directivo habrán de cesar en su cargos”.
Pero nada parece encontrar consenso. El rechazo se sustenta en el método arbitrario en la elaboración del plan (no hubo debate federal), así como la ambigüedad en la redacción de algunos de los artículos y la constitución de un Comité Ejecutivo con funciones no del todo precisas.
Lo que no se puede soslayar en esta pulseada entre la dirigencia, es que en el rugby nacional, pero de manera especial en la URBA, existe una profunda resistencia a la continuidad de Risler y Sanz -en ambos se focaliza la discordancia-, a pesar de que ellos pertenecen a dicha entidad y que aseguraron que darán un paso al costado de producirse la transformación proyectada. Si bien la renovación es necesaria y todos la desean, otro punto de conflicto se genera a partir de que no se definió -y sí debería haberse hecho- cuándo se llevará a cabo la asamblea para el cambio de autoridades de la UAR, algo que correspondía efectuarse antes de fin de año.
En conclusión, mientras Los Pumas dieron una magnífica lección de lo que es la unidad y la búsqueda del bien común, los dirigentes todavía no están en condiciones de comportarse de la misma manera. Las diferencias -tan arcaicas como el actual estatuto- frenan el crecimiento. / Fuente: Santiago Roccetti, La Nación.