
Las plazas céntricas ofrecen un espacio ideal para improvisar un picnic a la hora del almuerzo a quienes trabajan en el microcentro y quieren escapar por un rato del hormigón y el asfalto. A la sombra de los árboles, con la brisa que alivia el calor de la siesta, algunos comparten sandwiches improvisados en el momento, mientras otros ya traen la comida desde la casa. En los paseos también se puede encontrar a turistas y personas de departamentos alejados que viajan para hacer trámites.
Sentados sobre el césped en ronda, cerca de la esquina de Montevideo y España, once compañeros de trabajo se pasaban la botella de gaseosa para llenar los vasos, mientras comenzaban a disfrutar de la vianda que habían comprado. Graciela comentó que realizan la limpieza de las habitaciones en un hotel que se está terminando de construir sobre avenida España y que debido a la obra no pueden comer en el edificio, por lo que optaron por la plaza. Pero además, señalaron que así se despejan, se alejan del ruido y se desintoxican del olor de los productos que usan para su tarea.
Los hermanos Fidel y Román Fernández también buscan hacer un pequeño corte en la jornada laboral y dejar el encierro a veces sofocante de la edificación de otro hotel en calle Primitivo de la Reta. Por eso, cada mediodía -con un grupo de compañeros- caminan unos pasos hasta la plazoleta Pellegrini (sobre calle Alem) y se ubican en alguno de los bancos de madera a almorzar. La improvisación no parece ser su rasgo distintivo, ya que no sólo tenían recipientes con carne y ensalada, que habían traído de su hogar, sino que además los esperaban un termo y un mate sobre el borde de la pérgola central “para tomar un digestivo”.
Un poco alejado del grupo principal, Ariel Beltrán, otro de los obreros, compartía unas empanadas con ensalada que le había traído Santusa Serrano, quien había viajado para sorprenderlo desde La Primavera. Con la pequeña Nicole Beltrán, estaban de pie en torno a una baranda decorativa, que usaban a modo de mesa.
Néstor Jaime y Carina Chávez, en cambio, habían llegado en la mañana a Mendoza desde Buenos Aires. Él porteño y ella cordobesa, decidieron probar suerte en la provincia y, como habían estado repartiendo currículos en el Centro, eligieron el césped de plaza España para sentarse y armar unos sandwiches con pan y fiambre. Los jóvenes comentaron que les había sorprendido la limpieza y la tranquilidad, como también que hubiera papeleros y bebederos, algo que no están acostumbrados a ver en sus lugares.
A pocas cuadras de distancia, otras turistas, aunque visitando la provincia por placer y nostalgia (son mendocinas pero viven en La Rioja desde hace 15 años), habían elegido uno de los bancos de la plaza Independencia para almorzar empanadas con gaseosa. Rosa, Claudia y Gladys Carrizo, tres hermanas acompañadas por los pequeños Abigail y Gerardo, contaron que habían estado haciendo compras en la mañana y planeaban seguir por la tarde, por lo que aprovecharon para sacarse unas fotos en el paseo y comer ahí.
Los almuerzos en las plazas también son una opción económica y al aire libre para quienes viven lejos del centro y deben completar trámites después del mediodía. Éste fue el caso de José Corvalán, Claudio Márquez y José López, que habían viajado desde San Martín y terminado una gestión a las 12.30, pero debían realizar otra a las 14. Por eso optaron por comer unos sandwiches sentados en un cantero de la plaza Independencia, donde dijeron que podían respirar un poco de aire fresco y distraerse mientras observaban el paso ocasional de la gente a las 2 de la tarde.
Para Beatriz Bullones y Silvio Marengo, madre e hijo, las plazas son un sitio de almuerzo ocasional cuando viajan desde Maipú al microcentro y se dedican a hacer compras y diligencias durante todo el día. A veces, explicaron, van a una pizzería, pero otras prefieren no estar encerrados en un lugar y se sientan en un cantero de plaza Italia o Independencia.
Es que aún en esos días en que el calor deprime y el aire que circula sólo aumenta la sensación de agobio, a la sombra de los árboles de las plazas la brisa es más fresca. Y si se concentra la vista en el verde, sin mirar los edificios circundantes, hasta se puede olvidar que se está en el medio de la ciudad y jugar por un rato a transportarse a otro sitio.