Gabo Ferro tiene mucho que decir

Ese escándalo llamado amor

Con su tercer disco recién estrenado, y el escándalo por censura en el Volver rock todavía fresco en la memoria, Gabo Ferro habló con Los Andes sobre el rock post Cromañón y las maneras de hacer y deshacer la historia.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Su vida bien vale una novela. Se subió a los escenarios en la década de los '90, cuando fundó la mítica Porco, banda de hardcore intelectual, con una performance artística y conceptual incuestionable. De repente, allá por 1997, en un recital que daban en el Bauen, a la mitad de un tema, Gabo enmudeció. Dejó el micrófono delicadamente en el piso y se fue, no se sabe dónde. Sí se sabe que huyó despavorido: la canción “Retiro Terminal habla de eso”. Como los romanos a las ciudades que querían neutralizar para siempre, Gabo le dice a su pasado en Porco "un cultivo de sal/ te dejo al irme".

Desde entonces, trabaja para la historia. Literalmente, y en todos los sentidos posibles. Fueron siete años de silencio, de no cantar ni en la ducha, en los que se dedicó a leer y a estudiar. Se graduó y posgraduó en la carrera de historia de la UBA, y lo hizo en tiempo récord, con una tesis premiada sobre el vampirismo en la época de Rosas, que saldrá en marzo, para la feria del libro. Provocador profesional, sus intervenciones en congresos académicos parecen conciertos de rock. Mientras tanto, sus canciones ya hacen historia.

Porque un buen día, Ariel Minimal (el ex cadillac devenido pez) lo convenció de que no había que confundir la música con la industria que hace dinero con la música. De ahí, su participación en el sello indie Azione Artigianale; y un disco grabado en una sola sesión, que demuestra hasta qué punto Gabo Ferro es un valiente. Después vendría “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, en la misma línea del anterior, pero más ambicioso en cuanto a la orquestación y los arreglos musicales. Acaba de editarse "Mañana no debe seguir siendo esto", su tercer disco.

- Tu manera de moverte en el circuito es bastante atípica. ¿Cómo ves la escena del rock actual?

- Mirá, yo creo que para la industria de la música, los valores, la carga del material de músicos como nosotros, no está de moda desde hace tiempo, porque son inconvenientes. Así se encargaron, desde mediados de los '70, de hacer pasar de moda la canción popular y la de protesta. "Eso es grasa, es aburrido", decían. Por suerte hay algo que no pudieron hacer, que es vaciar de palabra a una canción. Están yendo a por eso. Pero la gente se aburre, no puede, debe de haber algo maravilloso en el ser humano, que hace que no se banque una canción instrumental, y por tanto haya que decir algo. Ahí está la cuestión, porque cuando ven que no hay modo de que la canción no diga nada, te convencen de que dentro de tu sub sub estilo de tu sub sub género hay que tratar nada más que de tres o cuatro cositas: si hacés rock, vas a hablar de la birra, de la merca, de la esquina; si hacés cumbia, de las minas y del paco. Eso es muy cómodo para todos. Pero yo creo que hay que devolverle a la canción su peligrosidad, su carga original de transmitir valores que, en definitiva, son los del ser humano mismo.

Sí, por ahí el acontecimiento puntual de Cromañón fue una campanada después de la cual, aunque no se termine la época inmediatamente, ya no se puede volver a lo mismo.

-Exactamente. Por eso yo creo que esto se define en términos de revolución. Qué quiero decir con esto: una cosa es una revuelta, en donde las cosas pasan y vuelven a su estado anterior, y otra cosa es revolución, donde nada puede ser igual. Por eso Cromañón es un hito, aunque no nos engañemos, los tiempos de la historia son medianos y son largos. Por eso, la mayoría de las bandas que ahora venden mucho y llenan lugares muy grandes, son bandas del pasado.

-¿Y por dónde va, para vos, la salida?

- Yo creo que son los tiempos medianos, de repensar para re-fundar el rock argentino. Un rockero famoso dijo una vez: "Basta de pensar". Ahora es al revés. Hay que volver a pensar cada disco como una obra. Por tanto hay que volver a los tiempos pre-MTV.

-Es curioso, porque hace poco le oí decir al poeta Martín Rodríguez esa palabrita que también está muy desprestigiada, "obra".

-Ah, ¡me encanta Martín! Y, volvemos a lo que te decía al comienzo, hay un montón de gente que está construyendo un nuevo movimiento, que no tiene aire, no tiene prensa, se desconoce, hay que rascar muuucho la cáscara para verlo. Y no me refiero sólo a los músicos: yo creo que los poetas, los periodistas, los escritores, todos los eslabones de la industria cultural, estamos todos reconstruyendo. ¡No nos damos cuenta! pero estamos todos.

-Te propongo que hablemos del tiempo... ¿Lo ves desde una perspectiva histórica, a largo plazo, o desde una perspectiva poética, microcondensada?

-Yo eso lo relaciono con mi ambición. Cuando me preguntan "nene, a vos te ofrecen contratos los sellos multinacionales y vos los rechazás, no tenés ambición". Yo soy más ambicioso que eso. Porque yo a mis discos no los pienso como para que sean tema del año ni disco del año. Yo pienso en obra para dentro de cien años. ¡Para dentro de mil años! Yo soy realmente ambicioso, yo tengo mi ambición ¡Enorme! Y muy bien colocada.

- ¿Venís del futuro o estás alojado ya en el futuro?

- No, yo soy... un sujeto histórico (risas). Vivo acá, estoy en el 2007. Pero a mi obra yo la pienso para la historia. No me interesa nada ser disco del año. Me da mucho mimo, cuando me dan el premio Clarín, o cuando me eligen disco del año. Pero yo soy sumamente ambicioso. No me interesa ganar por un disco cuarenta mil dólares -porque eso te lo dan, ojo-. La plata me la gasto fácilmente. Aparte, el dinero que me ofrecen no me salva todavía. Cuando me ofrezcan dos millones de dólares por un disco, tal vez lo entregue...

-¿Hasta cuánto estás dispuesto a transar con el diablo?

-Estos no son el diablo. El diablo es uno de esos espíritus que respeto. Porque yo estoy despierto, entonces, al tener los ojos abiertos, sé adonde va, sé lo que quiere. Y yo tengo muy en claro qué es lo que quiero. El diablo no me puede dar eso, porque es mucho lo que le estoy pidiendo. ¿Qué, con quién voy a negociar, para tener obra dentro de mil años?

-Claro, ahora me explico, si estás negociando con el diablo, qué vas a andar regateando con un gil...

-¡Exactamente! Qué ¿me voy a poner a hablar con un gordo que se afloja la corbata y se quiere hacer el canchero conmigo? No, no, de ninguna manera. (risas). Eugenia Segura Especial para Estilo

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