Miércoles 23 de mayo de 2012 | 22:05 hs
domingo, 07 de octubre de 2007
Quiera el pueblo votar” (de Marcela López y Gabriela Kogan, editorial Del Nuevo Extremo) es un libro reciente que se presenta como un álbum de campañas políticas históricas. Por desgracia es tan bueno el libro como tortuosa su revisión. Un repaso por las casi siempre cínicas, perversas o desagraciadas maneras que tuvieron nuestros políticos para venderse (nunca más apropiado el adjetivo) no es lo que se dice una lectura de placer. Dijeron de todo los muchachos por un voto: “Menem, para cambiar la historia”, “Alfonsín: más que una salida electoral es una entrada a la vida”, o consignas históricas como: “Don Hipólito (por Yrigoyen, claro), Un Corte Rasante”. Ni qué decir del “Somos más” de De la Rúa.
En todos los casos, la originalidad no fue la principal virtud de nuestros mandamás. Tampoco la sinceridad o el riesgo.
Vale la pena notar cómo cualquiera de estas frases podrían aparecer sin problemas en un afiche de campaña actual, con la sonrisa del político de turno por debajo. Nada ha cambiado en los discursos... como si nuestro país, cual Suiza, se hubiera mantenido estable durante los últimos 100 años.
En Mendoza la pugna política en la arena de los avisos publicitarios tampoco es como para descorchar champaña y celebrar el desborde creativo. “Gana Mendoza”, “Vuelve por Mendoza” o “A Mendoza le conviene”, no son slogans que estén precisamente para el clío. Son conceptos tan vagos y repetidos que, a la larga o la corta, comunican menos que un clavo. ¿Cómo quieren los políticos que creamos en su capacidad para administrar con raciocinio si una de las primeras decisiones que toman es empapelar la provincia entera con una afiche... ¡que no dice nada!? Por Leonardo Rearte