Cuando lo humano trasciende la biología

Un interesante análisis sobre los nuevos desarrollos del conocimiento en relación con las tecnologías modernas y el avance de la genética. Por Miguel Angel Gutiérrez El autor es presidente del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, nodo argentino del Millennium Project.

lunes, 29 de octubre de 2007
Cuando lo humano trasciende la biología

Por Miguel Angel Gutiérrez

Decía Carlos Marx que el mundo ha sido el resultado de la evolución de lo humano en permanente conflicto con su opuesto dialéctico, lo inhumano; de lo que se concluye que lo humano dista de ser algo terminado y completo. Hoy los científicos del “trashumanismo” afirman que es posible utilizar la tecnología para mejorar a los seres humanos radicalmente -en tanto individuos como en cuanto conjuntos sociales o especie- y piensan que hacerlo es bueno y necesario.

Dado que la inteligencia constituye una de las cualidades singulares “única” o propia de lo humano, no hay razón alguna para pensar que la misma constituya una capacidad fija.

El desarrollo de la inteligencia en la modernidad estuvo centrado en la razón y en el conocimiento de “leyes de la naturaleza”, y su base física: el cerebro, siempre estuvo constreñido a lo biológico, como dotación heredada, apenas modificada por condiciones ambientales.

El desarrollo de la inteligencia, ya no sólo individual sino de la “inteligencia colectiva”, ha sido definida como un “interés nacional” y habrá de servir para la adopción de políticas públicas para la educación por la República de Corea; en lo que ha de ser seguida, seguramente, por muchos otros países, independientemente de sus grados de desarrollo económico.

Es cierto que “cada uno toma los límites de su propia visión por los límites del mundo”, como decía Schopenhauer, y que el desarrollo de la inteligencia ha estado en el ámbito propio de las decisiones individuales, en tanto han sido las personas quienes decidían qué información y conocimientos pretendían adquirir ellos o para sus hijos; y la sociedad mediante las instituciones educativas les proporcionaban una cierta cantidad de información especializada que constituía la cultura general, junto a una formación seriada de ciudadanos -en su relación con las sociedades nacionales- y de técnicos o profesionales en vinculación con la producción y la economía.

Hoy esta capacidad de desarrollo ha cambiado dramáticamente por las nuevas relaciones estructurales entre información, conocimiento y tecnologías que hacen real la posibilidad de una construcción tecnológica del conocimiento.

Este nuevo contexto está caracterizado por la posibilidad de la modificación genética del cerebro humano; por la nutrición personalizada; por la disponibilidad de drogas para incrementar las funciones cerebrales, sumado a la disponibilidad de dispositivos portátiles de inteligencia artificial y al incremento de la capacidad de conexiones de los sistemas de computación acercándose o superando la capacidad de sinapsis que presentan las neuronas del cerebro humano.

Pero el verdadero punto de inflexión en el desarrollo de la inteligencia estará en el desarrollo de una tecnología mind uploading que permitiría realizar copias de nuestros contenidos cerebrales e incluso transferir los mismos a otro cerebro humano o robótico. Es preciso advertir, para ello, que a nivel de nanotecnologías la distinción entre la materia inerte y la orgánica desaparece.

Desde la perspectiva de la factibilidad de la construcción tecnológica del conocimiento, es valida la metáfora de la bola de nieve, porque la tecnología no termina con las computadoras y las comunicaciones, por el contrario, con ella apenas empieza.

Para comprender esto basta el ejemplo del científico Craig Venter, que formaba parte del proyecto de investigación del genoma humano y lo abandonó para crear su propia empresa “Celera”, asociada a Compaq quien desarrolló para dicha investigación las computadoras de mayor capacidad para usos civiles nunca existentes; esta alianza logró realizar en apenas 10 años un trabajo que inicialmente se había estimado en quince.

Emplear computadoras para diseñar nuevas computadores, más potentes, más rápidas, más económicas es sólo un aspecto anecdótico en relación con la posibilidad de modelar y remodelar el mundo y nuestro conocimiento del mismo en forma permanente. Porque sus efectos no terminan en el impacto de las nuevas tecnologías para generar novísimos desarrollos, sino y fundamentalmente por su incidencia sobre todos los sistemas sociales.

La capacidad de invención y generación de nuevos desarrollos tecnológicos no se da en el vacío. Al momento del nacimiento de una nueva tecnología el mundo dispone de los conocimientos e instrumentos necesarios para viabilizar la idea formalizadora del nuevo desarrollo, pero cuando el mismo se hace público y comienza a extenderse su aprovechamiento y aplicación más allá de aquel ámbito para el que fuera concebido a nuevos contextos imaginados por el espectro de usuarios, las fuerzas de la producción y sus modos de articulación ya han cambiado el mundo en que se vive.

Pero aún es factible esperar un nuevo punto de inflexión, en tanto es posible la invención basada no sólo en capacidades actuales sino y principalmente en sus posibilidades futuras; haciendo de la concepción y el diseño de nuevas tecnologías y de aplicaciones basadas en capacidades futuras una nueva modalidad de investigación avanzada.

Estas posibilidades que estamos considerando son sólo algunas de las que se estima se presentarán para la Educación y el Aprendizaje en las próximas dos décadas, y han sido seleccionadas y analizadas en la investigación desarrollada por el Millennium Project y presentadas en el informe 2007 State of the Future presentado hace un mes en la Librería de Naciones Unidas en New York.

La repercusión que puede tener la incorporación de estas cuestiones a la agenda pública de nuestros países adquiere especial consideración por el hecho de que el poder ha mudado de una configuración basada en el predominio de la fuerza de las armas y centrada en los Estados a una estructura centrada en lo económico y en el capital privado; pero antes de que podamos tomar conciencia de este cambio, el poder vuelve a modificarse y se enfoca en el conocimiento y en la información orientados a la producción de nuevos conocimientos y desarrollos científicos y tecnológicos, con el añadido de que su capacidad y potencial no es estable sino incremental.

Cuando lo humano trascienda la biología, y ha de ser pronto, el poder del individuo y de las sociedades crecerá más allá de la sinergia de tecnologías y conocimiento y por supuestos de sus límites jurídicos o sociales, lo que hace absolutamente imprescindible una nueva ética que establezca los límites de su ejercicio.

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