Miércoles 23 de mayo de 2012 | 21:52 hs
Con el estreno de “El diablo en el conventillo”, vuelve el sainete a las tablas mendocinas.
martes, 05 de septiembre de 2006
El género del sainete criollo resucitará en las tablas locales cuando “El diablo en el conventillo” debute en el escenario del Teatro Plaza de Godoy Cruz. Con un trabajo de producción sin precedentes para una comuna, la puesta en escena de la obra contará con dieciséis actores bajo las órdenes de Alejandro Sáenz, director, docente y actor bonaerense de vasta currícula dentro del teatro popular. Involucrará música en vivo de Leonardo Martínez, escenografía de Tito Bellot y diseño de producción de Gustavo Aristiarán, entre otros técnicos y artistas.
“El diablo...”, fue escrita por Carlos Pacheco en 1916, una de las máximas autoridades del género en Argentina. La obra, cuyo estreno está previsto para el domingo 24 de setiembre próximo, con funciones para escuelas y público en general, describe la vida de los inmigrantes y criollos en los años previos al gobierno de Yrigoyen. El texto es una mirada irónica sobre la convivencia dentro de los conventillos rioplatenses, su mezcla de clases y las supersticiones de la época.
Con la puesta en escena de este sainete, la comuna godoicruceña reiterará las intenciones de aquel objetivo iniciado con la ópera didáctica “Bastián y Bastiana”, de Mozart, estrenada en octubre de 2004, diseñada especialmente como un espacio para educadores, dirigida en aquella oportunidad por Fermín Prieto y Adriana Romero.
El sainete nacional
El sainete, junto a la revista porteña, fue una de las formas del tango cantable más populares del siglo XX. También llamado “zarzuelismo criollo” por emparentarse con el español, este subgénero desdibujaba los límites entre actores y cantantes a lo largo de un único acto con la intención de entretener y moralizar ciertas costumbres sociales de la época, donde la alegría y luego lo tragicómico, convivió alternadamente.
Fue precisamente el autor de “El diablo...” quien ocupó el primer lugar en producción de sainetes en las puertas del 1900. Los disfrazados (1906), “Música criolla” (1906), “Las romerías” (1909), La ribera (1910), fueron algunas de sus obras más destacadas. Posteriormente, fue el gran Discepolín quien mutaría el sainete hacia un estado más sombrío y dramático, transformándolo en el Grotesco Criollo.