El patio de visitas en una gran jaula. Dos habitaciones hacen de celdas. Hay capacidad para 18 presos.
En la calle Boulogne Sur Mer, a la altura del 3457, cerca del zanjón de Los Ciruelos, se encuentra el Cedeco (Centro de Detención Contravencional). Muy pocos lo conocen: se trata de un centro de detención donde van a parar quienes cometen faltas (no delitos) y resultan condenados, precisamente, por los jueces de Faltas. Allí no llegan grandes criminales ni buscados con fama. En Mendoza hay dos Juzgados de Faltas. "En un 99 por ciento, lo que tenemos por acá son travestis, prostitutas y los llamados 'tapiteros' (los sujetos que pululan por la terminal de ómnibus y ciertos sitios del microcentro con sus tapas redondas con las que hacen apostar dinero a los transeúntes)", apunta Marcela Herrera (40), la licenciada en Minoridad y Familia a cargo de la asistencia de los detenidos que allí recalan.
Quienes pueblan las 18 localidades que existen en Cedeco para ser detenidos son los condenados por haber infringido alguno de los 125 artículos que contempla en Código de Faltas local. "Pero en los más de los casos se trata de los 54, 80 y 67, es decir, prostitución, simulación se sexo y engaño doloso. "Todos ellos son los nombres artísticos de prostitutas, travestis y tapiteros", recuerda Herrera en su oficina un tanto humilde de la repartición que depende del Ministerio de Seguridad.
En el Cedeco, a diferencia de cualquier centro de detención, no hay celdas. Sí hay dos habitaciones en las que se reparten los hombres y las mujeres que fueron confinados a permanecer allí por un tiempo que, según la ley estipula, va desde los 5 días hasta un mes. La celda propiamente dicha es el patio de visitas: una gran jaula de 5 metros de ancho por seis de largo que más se parece a un gallinero que a una prisión. Su piso es de tierra y está embalada por telas olímpicas y por barrotes que no impiden ver el cielo. "En verano está bien, pero en invierno es bastante frío", apunta Marta, una prostituta que lleva seis días de los 30 a los que fue condenada por un juez que la pescó, precisamente, ejerciendo la prostitución. La tarde del 20 de setiembre ella era la única persona detenida en ese lugar. Su novio, un sujeto de corte de pelo estilo cubanito, era su único visitante. "Jueves y domingo son los días de visita", explica una de las policías -una chica joven- que le abrió la puerta al de corte cubano para que se fuera a las cinco de la tarde.
El caso prostitutas
A las prostitutas se las detiene por violar el artículo 54 del Código de Faltas. "Las prostitutas son detenidas por una brigada policial y luego son enviadas acá con una causa. Muchas de ellas se quejan porque aseguran que son apresadas de manera definitiva cuando ellas no aceptan pagar las coimas que los policías les piden o no aceptan hacer favores sexuales -que también piden los policías- a cambio de ser liberadas. De todos modos -apunta Herrera con una honestidad pocas veces vista en un funcionario- siempre digo que la prostitución es algo que no se puede evitar, que lleva siglos. Y que los pedidos de coimas de algunos efectivos policiales, tampoco".
El caso de algunas prostitutas infectadas con alguna enfermedad de transmisión sexual (ETS) es desgarrador. Quedan detenidas no sólo por el hecho de ejercer la prostitución, sino que en muchísimos casos, deben permanecer presas hasta que cumplan con un plan de salud que consiste en hacerse aplicaciones de penicilina en el centro de Salud CONI, durante el tiempo que dure ese tratamiento. "De otro modo, no siguen con las vacunas y abandonan el tratamiento a la primera dosis. Es un modo de obligarlas", explica Herrera.
De ese modo, las prostitutas son conminadas a cumplir una condena con la Justicia y otra con la Salud. Marta, la única que estaba detenida al 20 de setiembre, llevaba a cabo, justamente, esa condena.
Travestis
Los travestis son detenidos, en los más de los casos, por el mismo artículo que las prostitutas, pero al proceso de ellos se les suma un artículo más: el polémico 80 que hace referencia a la simulación de sexo. (Ver aparte)
Como las prostitutas, los travestis se quejan de que deben pagar un canon a los efectivos para no caer presos. "Sólo cuando no podemos pagar es que terminamos acá", cuenta Mariela, cuyo verdadero nombre es Marcelo, quien tuvo sus minutos de fama después de affaire con el ex gobernador de facto de Mendoza en los albores de la Navidad de 2003.
"Las chicas -término que usa Marcela Herrera al referirse a las prostitutas- se diferencian mucho de los travestis. Ambos trabajan con su cuerpo (ejercen la prostitución) pero les dan distintos destinos al dinero. Las prostitutas procuran darle de comer a sus hijos. Los travestis usan la plata para embellecerse con operaciones y de ese modo seguir adelante con su negocio. Por lo que yo puedo ver, los travestis sufren la detención más, pero reciben más visitas que las prostitutas. Las prostitutas son, por lo general, mujeres solas. Creo que casi no existe la figura del cafishio”.
En los más de los casos, los travestis provienen también de estratos sociales bajos. "Vienen de barrios pobres o por elección o porque se van de sus casas y se juntan con sus pares. Viven en una suerte de comunidad", explica uno de los efectivos que trabaja en el Cedeco.
"De todos modos -recuerda el policía- todos tenemos presente un caso de un travesti que, una vez que cayó detenido, en 2003, hizo un gran escándalo. Decía que era conocido del por entonces ministro de Seguridad y que quería comunicarse con él para que lo liberara. Hizo tanto lío que, finalmente, le permitimos que hiciera esa llamada. El mismo ministro ordenó que lo liberáramos. Después nos enteramos de que era el hijo de una familia conocida. Ese no era un travesti pobre, vivía en un edificio de calle 25 de Mayo del Centro y, además, no ejercía la prostitución. Era un estudiante de Abogacía que ya se debe haber recibido", culminó el policía.
Dos fiscales especiales indagan entre gavillas del barrio La Gloria y zonas aledañas.