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El túnel del tiempo

La fugaz visita del príncipe de Gales a Mendoza

En setiembre de 1925 llegó en tren el heredero de la Corona Británica. Una de las más grandes recepciones que se hicieron en la historia de la provincia fue también uno de los mayores desaires.

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miércoles, 13 de septiembre de 2006

En setiembre de 1925 pasó por Mendoza Eduardo de Windsor, príncipe de Gales, quien once años después abdicaría el trono de rey de Gran Bretaña para casarse con la aristócrata estadounidense Wallis Simpson. Los mendocinos se mantuvieron expectantes ante ese viaje.

La partida desde Buenos Aires

Por la tarde, el príncipe Eduardo llegó a la estación de Retiro acompañado por autoridades nacionales y miembros de la embajada británica en Argentina.

Inmediatamente se dirigió hacia el tren especial, y se alojó en uno de los lujosos coches que el Ministerio de Obras Públicas había destinado a la visita. El convoy, adornado con banderas argentinas y británicas, partió rumbo a Mendoza y luego a Chile. Tras la marcha del tren, la gente se agolpaba muy cerca de las vías para saludar al futuro rey británico.

Sin perderle pisada

Dos días ante de la llegada del duque de Windsor, los diarios informaban sobre su arribo. Los mendocinos se prepararon para recibir, tal vez por única vez, a un representante de la monarquía inglesa.

El interventor federal Enrique Mosca consideró la presencia del duque como la visita de un jefe de Estado.

Por la mañana partieron desde la estación de Mendoza dos locomotoras hacia el departamento de La Paz, adornadas con banderas y alegorías anglo-argentinas, con el propósito de traer desde aquella localidad a los vagones en que viajaba Eduardo.

Fueron embanderadas la estación y calles aledañas, también a los edificios públicos se los iluminó por la llegada del huésped.

A las 5 de la mañana, las tropas del Regimiento 16 de Infantería se ubicaron en el andén 3, mientras las tropas del 1º de Artillería se formaron en línea en el lado este de las calles Belgrano y Las Heras.

La llegada del príncipe

Un tren piloto llegó a las 6 de la mañana en punto a la estación. Su objetivo era salvaguardar al futuro rey de cualquier atentado. Liberado de dudas el lugar, a las 6.15 de la mañana llegó a la estación de Mendoza el tren que transportaba al duque.

En el andén, se encontraban las autoridades, entre ellos el interventor federal, doctor Enrique Mosca. El público, por razones de seguridad, se ubicó en calles Belgrano y Las Heras. Mientras tanto una banda militar del Ejército ejecutó varias marchas, cuando el convoy llegaba a la estación. Pero algo increíble iba a ocurrir minutos después de la llegada del príncipe.


¿Qué ocurrió con Eduardo?

La autoridades mendocinas estaban listas para recibirlo y saludar a su alteza real, pero los agentes británicos que lo acompañaron lo llevaron directamente al tren Trasandino, que lo transportaría hacia Chile.

El interventor Mosca y su comitiva lo esperaron por más de diez minutos, pero el príncipe y sus guardias los esquivaron. Muchos consideraron la actitud de Eduardo como una falta de respeto hacia la investidura del mandatario provincial.

Eduardo bajó con un sobretodo marrón oscuro con el cuello levantado, vestía con un pantalón negro e, increíblemente, calzaba unas pantuflas del mismo color. Cubría su cabeza un sombrero de alas regulares de color gris.

Inmediatamente, realizó el trasbordo y cuando su equipaje estaba cargado, el tren partió con rumbo al país trasandino. Una salva de 21 cañonazos lo despidió.

Luego de la partida de Eduardo, las tropas desfilaron ante el público presente por calle Las Heras.

Después de este desplante, el príncipe de Gales regresó a Mendoza el día 13 de setiembre y para salvar su honor, estuvo una horas en donde compartió un agasajo con parte de la colectividad británica. Carlos Campana las2campanas@yahoo.com.ar
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