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Lorenzo Quinteros

“‘La mala sangre’ es un drama muy atroz, muy cruel”

El actor y director cordobés interpreta a un padre déspota en la obra de Griselda Gambaro que se verá hoy y mañana en el Teatro Municipal Mendoza.

“‘La mala sangre’ es un drama muy atroz, muy cruel”
Uno de los grandes actores argentinos estará hoy y mañana en Mendoza.

sábado, 19 de agosto de 2006

Nacido en Córdoba hace 61 años, Lorenzo Quinteros fue el protagonista del sismo del cine posdemocrático y uno de los actores más requeridos por directores teatrales de la talla de Roberto Villanueva, Lito Gutnik y Jaime Kogan. En su notable currícula, aparecen aplaudidas actuaciones de dramaturgias de Kartún, Zola, Arlt y Kafka, aunque también como director escenificó obras de Ionesco, Langsner y Veronese, sin dejar de lado el cine, protagonizando filmes de Subiela, Olivera, Bauer, Agresti, Desanzo y muchos más.

Poco tiempo después de dirigir “El balcón” de Genet, por estos días, el recordado psiquiatra de Hombre mirando al Sudeste se embarca en la gira por el interior de “La malasangre”, la emblemática obra de la notable Griselda Gambaro que esta noche y mañana estrena en el Teatro Municipal Mendoza.

En esta entrevista con Los Andes, este artista multifacético de las tablas nacionales habla de la obra, de su personaje y de la autora, Griselda Gambaro, una de las más importantes de la escena nacional.

- ¿Qué encontrará el espectador en “La malasangre”?

- La obra es un drama muy atroz, muy cruel, que tiene pasajes de mucha poesía, ternura y humor. También es una puesta en escena con un elenco sólido, interesante, del cual estoy orgulloso, que viene de diferentes vertientes, de formaciones metodológicas diferentes y eso produce algo interesante en el escenario.

- ¿Existen diferencias sustanciales entre una obra de gira y una sala estable?

- Sí, por supuesto. Creo mucho en el teatro de gira, para mí es como el verdadero. El teatro es itinerante, se hace donde se puede y como se puede. En ese sentido la gira nos reencuentra a los actores con nuestro oficio en estado puro. Cada noche es una experiencia distinta y un público distinto. A veces ponemos la mitad de la escenografía, a veces faltan las luces, todo depende del tamaño del escenario. Todo eso hace que el actor esté más vivo.

- La obra volvió con la misma dupla en autoría y dirección, Griselda Gambaro-Alicia Yusem, luego de 24 años. ¿Existen diferencias en la puesta en escena entre esta y la primera versión?

- Han cambiado los actores y eso es muy importante, porque el actor de alguna manera es el que está permeable a la época en que vive. El teatro siempre es un presente, es un aquí y ahora, y es el actor el que se encarga de representarlo. El texto puede ser el mismo pero cambia la subjetividad. Si cambia el actor y el público, el texto también cambia. En aquella época la obra aludía muy directamente al Proceso. Ahora esa alusión no existe. Para la gente joven funciona otra cosa, funciona la historia de amor en un ambiente hostil, funciona el drama de esta familia, los problemas de despotismo de este padre. En el momento del estreno, si bien se apelaba a la época de Rosas; vestuario, escenografía, etc., la alusión era directamente del presente de ese momento. Ahora se la vive más como una obra mitológica, donde el pasado funciona de manera casi mítica, como una obra clásica.

- Usted interpreta al padre de la protagonista, ¿cómo construyó el personaje?

- Puedo decirte que Lautaro Murúa (actor que estrenó este rol en 1982) se acercaba más a ese militar que nosotros conocíamos, a la tipología de los 70’. Un hombre seco, acostumbrado a dar órdenes, con pocos matices, perverso y violento.En cambio yo le doy un giro distinto, lo trato con humor al personaje, para mí es un burgués decadente, un ser que el sufrimiento ajeno le importa poco y nada, hasta es capaz de reírse de eso, es una especie de obsceno.

- Trabajó varios textos de Gambaro: “El campo”, “Dar la vuelta”, ahora “La malasangre”. ¿Cómo definiría su dramaturgia?

- Ella ha pasado por diferentes etapas. Su estética es una especie de realismo violento, no sólo a lo referido a los temas sino al lenguaje.El lenguaje de Gambaro tiene mucha precisión, es de una atractiva dureza, al punto de que modificarle una palabra no tendría sentido.Me hace acordar mucho a Harold Pinter (premio Nobel de Literatura de 2005). Podríamos decir que ella heredó elementos del grotesco, porque todas sus historias llegan al límite. ‘La malasangre’ tiene condimentos de todo esto.

- Ha dirigido textos de Marechal, Genet.., ¿qué otros autores le interesaría volcar en escena?

- Me gustaría abordar a Shakespeare, ya que nunca lo hice, salvo en mis estudios, en mis talleres de investigación, pero nunca para un público. A mí me gusta mucho ‘Hamlet’, aunque sea una figura repetida creo que es una obra casi perfecta, no sólo por su actualidad sino por la construcción del teatro dentro del teatro, que a mí me apasiona mucho. Hay otra obra que es ‘RicardoIII’, pero esa requeriría más adaptación.

- ¿Cómo ve el movimiento teatral en la actualidad?

- Por un lado te diría que hay muchos directores jóvenes y con orgullo puedo afirmar que a muchos los he formado yo. Ahora está el caso de directores-autores que dirigen sus propias obras, como es el caso de FedericoLeone. Él por ejemplo comienza a trabajar con guión pero la obra termina convirtiéndose en otra en el momento del estreno. El espacio escénico, la tensiones, las intensidades que se generan en los ensayos con los actores también le modifican el texto. Esta es una tónica característica de los años 90’ que aún se mantiene.

- ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

- Voy a hacer un película con un director de La Plata llamada ‘Los chicos desaparecen’, protagonizada por Norman Brisky, en la que tengo un pequeño aunque importante papel. A nivel de teatro no tengo ningún proyecto cercano.

El reflejo de toda una época

En 1982,“La malasangre” causaba revuelo en el teatro Olimpia de Capital Federal. Con Soledad Silveyra y Lautaro Murúa en los roles principales, hija y padre, respectivamente. Autora y directora, Griselda Gambaro y Alicia Yusem se enfrentaron con cierto público reaccionario que arrojó monedas a los espectadores al grito de “¡fuera bolches!”. La obra fue interrumpida varias veces. El romance entre la chica aristocrática, Dolores, y el tutor jorobado, Rafael, ambientada en la época de Rosas, repercutía en el espectador durante la agonía de la dictadura militar.

Tal como lo hizo Arthur Miller con “Las brujas de Salem”, que se valía de una historia del siglo XVII para denunciar al macartismo de la década de 1950, Gambaro, utilizó el contexto del pasado histórico, el gobierno de Rosas, 1840, para hablar del Proceso militar en los 80’.

Sobre este texto, la misma autora afirmó: “Esto ha pasado siempre en la historia, donde los vencidos nos salvan”, recordando el drama de sumisión y totalitarismo en el que está sumergido el personaje Dolores.

Veinticuatro años después, “La malasangre” se ha convertido en uno de los textos capitales dentro de la producción dramática de Gambaro, de 78 años, y una de las líneas: “Yo me callo, pero el silencio grita”, se transformó en un faro dentro del ambiente teatral de la época. Re-estrenada el año pasado con la misma directora, la obra ha recorrido con éxito la sala del teatro Regina y ahora sale de gira por el interior con un elenco detrás de Fal, Furriel y Quinteros, formado por Catalina Speroni, Luis Ziembrowski, Leonardo Saggese y Stella Galazzi.

Ficha

“La malasangre”

Día: hoy y mañana.

Sala: teatro M. Mendoza (San Juan 1437).

Hora: hoy a las 21.30 y mañana 20.30.

Con: Carolina Fal, Joaquín Furriel, Lorenzo Quinteros, Catalina Speroni, Leonardo Saggese, Luis Ziembrowski y Stella Galazzi.

Autora: Griselda Gambaro.

Dirección: Alicia Yusem.

Entradas: en boletería del teatro a $25, $30 y $35. Por Pablo Pereyra (ppereyra@losandes.com.ar)
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